Capítulo 28
Perdono, pero no olvido. Es así como se dice, ¿no? Perdona para que puedas dormir. Olvida para que puedas seguir.
No os miento cuando digo que yo he perdonado muchas veces en mi vida, pero no he olvidado. No del todo.
La gente cree que perdonar es como borrar una pizarra. Pasas el borrador y ya está: limpio, nuevo, listo para volver a escribir. Yo aprendí que no. El trazo sigue ahí, hundido en la superficie. Apenas se ve, pero permanece. Y más cuando no eres tú quien está sufriendo.
Me considero una persona con mucha paciencia.
Durante años he observado y escuchado todos los perdones que se decían las personas que me rodeaban.
He tomado nota de cada palabra que no se dijo, de cada mirada que se intentó esquivar, de cada mentira dicha «por tu bien».
Es curioso cómo se repite siempre lo mismo: nadie se considera malo.
Nadie admite que disfruta del daño mientras lo hace. Todo es altruismo, protección, amor.
Hoy he sido testigo de muchos perdones. De muchas palabras que han intentado recomponer algo que ya estaba roto, como si juntar todos esos pedazos de vida fuera fácil. Pedir perdón, prometer y mirar al suelo hace parecer que esas personas son humildes. Incluso llegan a conmoverte.
Pero no es mi caso.
Algunos de esos perdones han sido sinceros. Se notaba en las miradas. Pero otros no. Muchas de esas palabras que se han dicho eran desesperación disfrazada de «no te vayas».
Me ha hecho gracia escuchar la expresión «última oportunidad». Como si las oportunidades fueran chicles que repartimos a cualquiera. Como si la vida aceptara ese sistema.
No funciona así.
A veces, cuando algo se rompe, ya está. Sin vuelta atrás.
A mí también me han pedido perdón más de una vez.
«Perdón por lo que he hecho, no fue queriendo» o «perdón, no volverá a pasar».
Yo perdoné, pero quien tenía que perdonar no lo hizo.
Los que piden perdón creen que el perdón los limpia. Que los vuelve inocentes. Que pueden empezar de cero.
Lo que se oculta durante años no deja de existir. Por mucho que queramos esconderlo, al final siempre sale a la luz. Ahora yo soy la consecuencia de todo lo que han negado.
Mañana estaré cerca. Más de lo que creen.
No porque me atraiga el ruido, sino porque todos terminan reuniéndose en el mismo sitio cuando piensan que el peligro ya ha pasado. Cuando creen que hablar fue suficiente. Cuando confunden perdón con cierre.
Y ahí es donde se ve quién es quién de verdad.
No me interesa hacer daño por placer. No soy como ellos creen. Me interesa la verdad. Desnuda.
Innegociable.
Me interesa que cada uno se mire sin disfraces. Que entienda el peso de lo que hizo.
Mañana cantarán. Reirán. Dirán «todo va a salir bien». Se harán fotos para demostrar que siguen juntos, que han superado lo malo.
Y yo estaré ahí. Quieto y paciente.
Porque el perdón sin memoria es solo otra mentira.
Y ya he escuchado suficientes mentiras durante mi vida.