El festival Capítulo 26
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Capítulo 26

Cuando Esther se desp i e rt a, se da cuenta de que t iene más de quince m e nsa j es de sus amigos.

El último de ellos es de Dan, pidié n dole perdón y r og ándole una segunda op o rtunidad.

Sigue sin creer lo que le han hecho. Mient r as en t ra en la g ale r ía de imágenes piensa en t o d o s los momentos que han pasado junt o s: la primera fiesta de pijam a s en casa de Cady .

El día en que se fuer o n a un parque de atracciones y Dan acabó e n la enf er me r ía po r que se había maread o …

Y ahí está la foto. El día e n que E sther les presentó de fo r ma oficial a Evan y fuer o n a cenar al Wendy´s.

Todavía no sabe q ué hacer con sus a mig o s.

Su madre tiene raz ó n en que to do el mundo se equ i voca, pe r o esto le ha dolido más de lo que pensaba.

Cada vez ve más lejos q ue la gale r ía de fo to s se complete con imágenes de ellos en el festival y de vídeos cantando sus ca n ciones f avo r itas.

Todavía estaba vien d o imágenes en su móvil c uando s u madre le to ca la puer t a y la abre despacio.

—¿Estás despier t a?—pregunta con un leve asentimiento de cabeza.

Esther se incorpora de su cama y le d i ce a su madre que se siente.

—¿Tú qué haría s ? ¿Les hablarías para que me lo explica r an t o do en pe r sona?

—Esther, sois jóvenes aún. Lo que t e han hecho es de ser malos amigos, pero siempre han estado ahí co nti go .

—Lo sé. Tienes razón, pero han sido muchas mentiras y ha salido to do aho r a a la luz. Si no llego a hab l ar o tra vez con Evan, nunca lo hubi er a sabido.

Su madre se a cerca a ella y le da un abra z o como solía dárselos cuando e r a pequeña.

—Tienes que hacer l o que te salga de aquí —le dice señalándole el corazón—. Todavía podéis ar r e g lar las cosas.

Se levanta de su c a ma, le da un beso en la meji l la y le señala una fo t o que tiene c o n Cady y Dan.

—Por las buenas y por las m a las, los a mig o s s i emp r e van a estar cuando más los necesites.

Cuando su madre cier r a la puer t a, Esther vuelve a coger el móvil y decide escribir por el grupo de sus amigos:

Ne c es i to quedar y que me expliquéis todo en persona.

Se levanta de la cam a , coge lo p r imero que pilla de su arma r io: unos vaqueros, una camiseta desgastada y decide mete r se en la ducha pa r a aclarar sus ideas y pensar t o do lo que t iene que decirles a sus amigos cu ando los t enga delante.

Quince minutos de s p ués, y con el baño l leno de vapo r , Esther empieza a secarse el pelo cuando se c or ta su canción favo r ita anunciando que le ha ent r ado una no t ificación en el móvil.

Cuando desbloquea el teléfono con su código de seguridad, ya que no le reconoce el rostro, ve que es un mensaje de Cady en el grupo de sus amigos:

Esther, perdónanos, de verdad. ¿Cuándo quieres que nos veamos? Dan y yo podemos estar tarde. Dinos algo.

Esther duda un segundo, con la toalla aún en la cabeza. Suspira. E s cribe desp a cio, ya que le cuesta dar con la t ecla adecuada debido a que sus dedos siguen moj a dos.

Desp u és de comer, en el Clandestine.

Envía e l me n saje y d eja el teléfono sobre el lavabo. El espejo, empañado, le d evuelve apenas una si l ueta.

Por p r imera vez en to da la mañana, sie nt e que es t a conversación podría marcar un a nt e s y u n despu é s en la relación con sus amig o s.

Ya vestida, peinada y más decente de cuando se levantó, piensa que tiene noticia de sus amigos, pero no de Evan.

Desde la última vez que lo vio en su casa, no ha sabido nada de él.

Tampoco quiere agobiarle y cometer los errores que tuvo en el pasado.

Pero, no puede quitarse de la cabeza ese sentimiento que tiene de culpabilidad.

Se sienta e n el bo r de de la c a ma y j uega con l o s co r dones de s u s zapatill a s. El c o r az ó n le late un poco más rápido de lo no r mal. No es solo la t ensión de verse con sus a m ig o s; también es la se n sac ió n de que to do lo q u e pensaba que conocía sobre ellos ha cambiado.

Decide que, aun q ue t enga dudas, lo m e jo r es ir sin resentimient o s acum u lados. Q uiere escuch a r lo que t ienen que decir, y t ambién quiere que sepan lo que ella siente.

El olor que llega a la habitación de Esther anuncia que la comida ya está hecha. Y un aviso de su madre le confirma que es momento de comer y contarle las últimas noticias .

—Al final he quedado esta t a r de con ellos — l e dice Esther mientras se sienta.

Su mad r e la mira, apoyada en el fre g adero, y asiente con una sonrisa t r anquila.

—Está bien, hija. Haz lo , pe r o r ecuerda escuchar t ambién. A veces las pe r sonas cometen e rr ores, y lo impo rt ante es cómo los ar r eglan.

C o men juntas unos m i nut o s en silencio. Cada bocado le da un poco más de f uerza y claridad: puede enfrenta r se a lo que venga.

Cuando acaba de comer sube a su c uar t o pa r a ver qué se pone pa r a es t a t a r de. Evan todavía no le ha hablado desde aquella noche, a s í q u e piensa que es b uen momento pa r a hablar con él y conta r le que piensa hablar con sus amigos y él debería estar presente.

Después de cuat r o to nos y ya con la idea de que Evan no le iba a cont e sta r , Esther se apa rt a el móvil y se dispone a colgar cuando se escucha que han descolg a do desde la o tra línea:

—Hola —contesta él, con un leve dejo de sorpresa.

—Te quiero pedir un favor. He quedado con Dan y Cady para poder solucionar todo. Te necesito a mi lado —Esther duda de que le vaya a decir que sí, pero su contestación le sorprende.

—Está bien…iré—responde finalmente—.No lo esperaba, pero sí, iré.

Hay un momento de pausa antes de que él continúe :

—No t e he escri t o antes —admite— p or que quería da rt e espacio. No que r ía a g obiarte con t odo lo que t e conté la otr a vez. Sabía q ue n e cesi t abas tiempo para pr o cesarlo y … no quería presionar t e.

—Gracias… de verdad, Evan. Lo en t iendo. Y sí, necesito que estés allí.

—Nos vemos entonces—dice él, con un suspiro que mezcla alivio y tensión.

Cuelga y , con una m ezcla de ne r vios y de t e r minación, escribe un último me n saje al g r upo:

Por cierto, Evan también viene. Así hablamos todos de una vez por todas.

Esther guarda el m ó vil y se levanta de la silla, con s ciente de q ue la ta r de será decisiva.