El festival Capítulo 25
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Capítulo 25

Todos hemos pedido perdón alguna vez. Yo también. Pero ahora me pregunto… ¿cuántos de esos perdones fueron sinceros? ¿Cuántos dije solo para calmar la culpa, para que los demás creyeran que me importaba?

Una vez que el daño está hecho, no hay perdón que valga.

Podemos sentirnos arrepentidos, podemos llorar, podemos abrazar…

pero lo que se ha dicho, lo que se ha roto, nunca se puede quitar.

Las lágrimas no son olas que arrastran la arena de la orilla; no limpian lo que dejamos atrás. No devuelven lo que se perdió.

Dicen que los abrazos curan el alma, pero no curan la de aquellos que disfrutan manipulando, que disfrutan contando mentiras y alargando sus efectos hasta que todo se desmorona. No ha sido solo una mentira. Han sido varias, una tras otra, y yo las he visto todas. Y sé cómo terminan.

Y la verdad es que, en esta ocasión, ha salido todo a la luz muy fácil.

Como si todas esas mentiras estuvieran hechas de papel de fumar, listas para romperse con solo tocarlas.

No he tenido que esforzarme tanto como hubiese deseado; solo he necesitado que los nervios y el miedo actuaran.

Ellos solos hicieron todo para que estallara la bomba.

Todo tiene un ritmo, incluso el dolor y la mentira. Y ahora que ha llegado el momento, puedo escuchar la melodía que se ha compuesto: una sinfonía perfecta de secretos, celos y traiciones que resuena en cada paso que dan… hasta que la última nota se apague.

Porque no todos los perdones se perdonan.

No todos los arrepentimientos merecen ser escuchados.

Y no todos los errores pueden olvidarse.

Algunos se pagan caros.