Capítulo 24
Esther sale de casa de Evan con más dudas que nunca. No se cree que sus amigos la hayan decepcionado de esa manera. Se podría esperar cualquier cosa de ellos, pero no esto. Ahora duda de si ir al festival con ellos. Toda la confianza que tenía depositada en esa amistad se ha perdido ¿por celos?
Cuando llega a casa, sus padres ya están cen an do .
Al ent r ar por la puerta, ellos no t an que Esther ha estado llo r ando.
La o bse r van desde la mesa del c o med o r y ella se queda de pie, indec i sa.
Necesita contarl e s a s u s padres lo que acaba de pasar, pe r o t ambién t iene miedo de que no lo entienda .
A l final se d e ja caer en la silla, fren t e a ell o s.
—¿Qué te pasa, Esther? —pregunta su mad r e al ve r la con los ojos hinchados.
—Y no nos digas que nada, porque ese cuento ya nos los hemos comido muchas veces,— le responde Richard poniéndole una mano sobre el hombro.
—Es que… Ya no pu e do confiar en nadie, — les confiesa con un hilo de voz casi i m pe r ceptible.
—No me digas que es p o r Evan , — apunta su mad r e con el ceño fruncido. —Te dije que anda r as con cuidado con ese chico, ya te la jugó una vez.
Esther nie g a con la cabeza, aunque en el f o ndo sabe que también está a sí por lo que ha pas a do con Evan después de que Dan saliera por la puerta.
—No. Dan y Cady han e stado o cultándome cosas durante todo este tiempo. Han jugado conmigo como si fuera una ma r ioneta. Y ahora siento que t o do lo que me han dicho durante est o s años es mentira.
Richard deja de cenar y mira a su h i ja p r e o c upado. No la había visto así desde hacía mucho t iempo. Desde que Evan la había dejado. D e ja el tenedor sobre el plat o .
—¿Cómo t e han engañado?
—¿Os acordáis de que uno de los motivos por los que Evan y yo lo dejamos es porque estuvo hablando con una chica por redes sociales?
Esa chica nunca ha existido. Siempre ha sido Dan quien se escondía detrás de ese perfil falso, porque pensaba que los iba a dejar de lado.
Y lo peor de todo es que Cady también lo sabía.
—¿Cady también? Pero si es como de la familia…
—Ya lo sé —inte rr umpe Esthe r , con rabi a —. Y me hicier o n sentir como una estúp i da. M e hicier o n de s confiar de Evan, me hicie r on pasar s e m anas pens a ndo que él me mentía… Y t o do po r que creían que me estaba distan c i ando de ellos.
El silencio cae sobre la mesa. Su padrast r o la o bse r va con seriedad, sin perder la calma y apoya los cod o s sobre la mesa, con gesto duro.
—Eso no son amigos, Esther. Quien t e manipula de e sa fo r ma, quien juega con t u confianza, no me r ece estar a tu lado.
Esther lo mira, incómoda .
—Papá, son… han sido mis amig o s de toda la vida.
—Precisamente por eso —responde él, tajante—. Porque los amigos de verdad no hacen esas cosas. Si lo han hecho una vez, lo pueden volver a hacer. Y tú no tienes por qué aguantarlo.
La mad r e inte r viene, con un tono más suave.
—Lo que Richard q u i e r e decir es que t e p r otejas, cariño. Que no dejes que nad i e decida por t i en quién confiar.
Esther aprie t a los labios, dolida.
—¿Y ahora qué hago? ¿Los perdono? ¿Los echo de mi vida? Estoy tan… confundida.
Su madre le acaricia el brazo con suavidad.
—No t ienes que decidirlo aho r a mismo. Escúchalos, observa cómo se compo rt an de aquí en adelante. L o s errores son par t e de la vida, pero la lealtad se demuest r a después, no con palabras bonitas.
—Pe r o duele—, susur r a Esther, con un nudo e n la g a r ganta. Duele pe n sar que mi mejor amiga me dejó so la cuando más la necesitaba.
Richard sus p i r a hondo y se inclina hacia ella
—Lo que t e han hecho habla m á s de sus mi e dos que de lo que tú vales. No lo o l vides, h ija: no e r es r e s p o nsable de la inseguridad de los demás.
Esther se levanta de la mesa y apenas lo gr a esbozar unas buenas noches antes de encer r a r se en su habitación. S us padr e s le o bse r van p r e o cupados, pe r o no insisten m á s. Saben q ue cuando está así s u hija es mejor dejarla pensar.
** *
Cady está a punto de dormir cuando una notificación ilumina su oscura habitación. Entorna los ojos, acostumbrándose a la luz de la pantalla. Es un mensaje de Dan. Se incorpora nada más leer que Esther ya sabe todo.
C: ¿Cómo? ¿Q u é es lo que sabe?
D:. F u i a casa de Esther y su madre me dijo que estaba en casa de Evan. Me planté en su casa y se lo tuve que cont a r todo.
C: ¿Y qué ha dicho? Joder, Dan. Ahora nos odiará.
D: Creo que estará dolida, c l aro. Pe r o creo que hablar lo ha s oltado to d o. A h ora podemos arreg l arlo. Pero prefiero que quedemos en persona porque te tengo que contar ot r a cosa.
Dan decide no continuar más la conversación y guarda su móvil en el bolsillo y sigue hacia su casa.
Cuando llega, sus padres ya están durmiendo.
Sube las escaleras sin hacer ruido para no despertarles.
Antes de meterse en la cama ve que Cady ha escrito en el grupo que tienen con Esther, disculpándose y diciéndoles de quedar los tres.Dan lo lee en silencio.
Durante un instante duda. Lueg o , justo ant e s de apa g ar la luz, escribe un último mensaje en el grupo.
***
Evan t o davía está en el salón. Donde h a ce una hora estaba hablando con Esther. No se c r ee que e l día haya acabado así, donde las mentiras han salido a la luz y han demostrado que su relación con Esther acabó por culpa de sus amigos.
Se levanta, apa g a l a s l uces y se dispone a s u bir a su cuar t o cuando una v i bración le de t iene. Mira el mó vil. No es un número desconocido.
Un solo mensaje aparece en la pantalla:
«Las verdades ya han sali d o a la luz. Es el momento de dar la nota final».