El festival Capítulo 22
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Capítulo 22

Cady ya no puede se g uir más con el j uego que t iene ent r e manos con Dan.

Siempre se ha a rr epentido de no habe r le contado a Esther que ella sabía q u e en r ealidad Evan no le estaba engañando con nad i e, bás i camente po r que la chica de Ins t ag r am no e x istía.

Pensaba que e n el fondo él era un buen chico, pero no sop o rtaba ver a su amiga alejarse de ellos.

Por aquel ent o nces, le parecía bien eso del perfil falso, pe r o aho r a ya no.

Dan ha l legado a un punto de obsesión que no le pa r ece no r mal.

El último mensaje que le ha enviado a Evan ha sido la gota que ha colmado el vaso.

Lo ve innecesario y peligroso, ya que lo único que pretendían es que este no fuera al festival y que Esther no estuviera pendiente de él en el primer evento que iban ellos tres juntos.

Pero ya no hay vuelta atrás, Evan ha leído el mensaje.

—Dan, pa r emos ya es t o. No t iene ningún sentido—, le dice Cady mirándole con cara de p r e o cupación.

—No, lo que se empieza, se acaba. ¿Quieres que se vuelva a r epe t ir la hist or ia y Esther nos deje de lado de nuevo? — le contesta Dan.

—Esther es nuest r a a miga y no creo que se me r ezca es t o. Al final vamos a cons eg uir que ella t ampoco vaya al festival. Yo ya no voy a fo r mar parte de est o .

Cady co g e su mochila y se levanta del ba nc o e n el que están se n tados.

—¡ M e vo y , piénsate las cosas ant e s de hacerlas, por fav o r .

Dan ve q ue su amiga se va. Le ha dejado solo en est o . Se lo veía venir. Esta vez no ha sido i g ual que la ante r ior. Ahora Cady estaba más distante y apenas par t icipaba en el jueg o . En el fondo t iene r azón, piensa. «¿Qué van a sacar de to do esto?»

¿Cuál es la finalidad? Q ue le es t én haciendo esto a Evan también le salpica a su amiga.

Decide ir a c a sa de E st her para hablar sobre e l festival y sobre l o s ho r a r i o s del c a rt el que han sa l ido e s ta mañana. Así que se guarda el móvil en el bolsillo, se levan t a y va directo a la casa de su amiga.

No abre la puerta Esthe r , lo hace su madre. Esto le ext r aña, ya que no había dicho que iba a salir de casa y , como ellos saben, Esther no t iene otros amigos.

—¡Hola, Dan! ¿B u scas a Esthe r ? —le dice su madre cuando abre la puer t a.

—Sí, ¿está e n casa? Q u e r ía hablar con ella sobre el festival —le cont e sta m i r ando hacia las escaleras que se diri g en a la habitación de su amiga.

—Pues… ah or a mis m o no está, creo que h a bía quedado con Evan —En e l momento que ella contes t a eso se ar r epiente. No sabe si su h i ja les ha contado que había quedado con él.

—Es verdad, no me aco r daba. Lo siento —miente—. Bueno, nos vemos en esto s días.

—Sí, que ya falta poco para que o s vayáis —le contest a —. Nos vemos. —añade.

Dan intenta convencerse de que es mejor dejarlo pasar.

Pero el hecho de que su amiga les haya ocultado que iba a volver a quedar con Evan le remueve por dentro: le enfada, le inquieta y le hace cuestionarse si quiere seguir con el juego que él mismo empezó.

Aun así, está seguro de que todo debe de tener una explicación.

Sabe que lo que está a punto de hacer es impulsivo y poco sensato, pero decide ir a casa de Evan para pedirle respuestas.

No le dice nada a Cady. Cuando quiere darse cuenta, ya está de camino.

Evan abre la pue r ta y ahí está Dan, con la m isma son r isa de siempre, pero a Esther esa son r isa le resul t a hoy más falsa que nunca.

—¡Eh! — Saluda él, co m o si nada pasar a —. ¿Qué tal?

Esther se queda paralizada, sin saber cómo reaccionar. Aún resuena en su cabeza lo que Evan le acaba de confesar: Jessica… y Dan.

—¿Qué haces aquí?—pregunta Evan, serio, bloqueándole el paso por un instante.

Dan frunce el ceño, sorprendido por el t o no. Echa la cabeza hacia un lado y ve a Esther sentada en el so fá, con cara de so r presa y de p r eocupación.

—Vengo a hablar con Esther. Tu madre me dijo que estabas aquí — r esponde, mirando directamente a su amiga—. ¿Puedo pasar ?

Esther no dice nada, pe r o sus o jos lo dicen t o do: duda, rabia, miedo. Evan, incómodo, r etrocede apenas lo justo para dejarlo entrar.

Dan camina con calma hacia el salón y su mirada se detiene un segundo en la foto que Esther aún tiene entre las manos. La dedicatoria de Jessica está bien visible. El gesto en su cara cambia: se tensa, apenas un instante, pero Esther lo percibe.

—¿Qué le has contado, Evan?—pregunta Dan, intentando sonar natural.

Evan no aguanta más.

—Basta ya, Dan. Ella tiene derecho a saberlo todo.

Dan ent r ecie rr a l o s ojos, con esa me z cla de desafío y adver t encia que tanto ir r ita a Evan.

—¿Conta r le qué? ¿Tus hist or ias? ¿T u s celos?

Esther levanta la voz por primera vez.

—¡Ya basta los d o s! —l o s interrumpe, con las manos temblo ro sas—. Evan me dijo que tú y Jess i c a…

Es ent o nces cuando se crea un ambiente donde la t ensión se puede co rt ar con un cuch i llo. Dan la mi r a fijamente, sin pestañear. Luego son r íe, pero ya no es una sonrisa amable; es una sonrisa más fría de lo habitual.

—¿Eso te dijo? Vaya, q ué conveniente.

—¡Respóndeme, Dan! —Exi g e Esther.

Dan g uarda sile n cio u nos se g undos, hasta q ue finalmente dice:

—Sí. Estuve con Jes s ica. Pero lo nuest r o t ampoco fue nada… al menos para mí .

—¿Y por qué no me lo contaste? ¿Lo sabe Cady? No habrás sido tú…—Esther se levanta del sofá de cam i no a su amiga.

—Esther, ¿estás i n sinuando que yo le hice eso a Jessic a ? —Dan da un paso al fren t e y se pone a la altura de su amiga.

—C o ntéstame, Dan. ¿Has matado a Je s s i ca? —le dice Esther miránd o le a los ojos.

Dan no sop ort a más la tensión y se pone a llorar.

—¿Podemos hablar l o s t r es? O s tengo que confesar una cosa.