Capítulo 10
Desde pequeño siempre me ha gustado jugar al ¿Quién es quién? Ese interrogante que hay detrás de las cartas esconde muchas preguntas: ¿es chica? ¿Es moreno? ¿Lleva gafas?
Solamente una persona sabe quién está detrás de ese signo.
Al final, todo consiste en observar. En hacer las preguntas correctas. En fijarte en lo que otros pasan por alto. Supongo que aprendí pronto que escuchar es más útil que hablar y que observar en silencio te hace pasar desapercibido.
Mientras los demás jugaban a adivinar personajes, yo aprendía a imitarlos.
A construir versiones de mí mismo para cada ocasión.
A convertirme en el rostro que necesitaban ver.
Nadie sospecha de quien sonríe con naturalidad.
Nadie desconfía de quien hace bien su trabajo, de quien ayuda, de quien pregunta por los demás.
Jamás he sido el centro de atención, y eso me ha salvado. Todos los asesinatos que he cometido han terminado igual: archivados por falta de pruebas o con un inocente encerrado por error. La policía cierra el caso, los familiares lloran su pérdida y el mundo sigue girando.
A veces siento incluso lástima por quienes terminan pagando por mis actos. Pero luego recuerdo lo bien que se siente cuando todo encaja. Cuando mi plan se ejecuta con precisión quirúrgica. Cuando desaparezco sin dejar rastro .
Ese interrogante, ese ¿Quién es quién?, se convierte en mi firma, como lo era el punto de mira de el Asesino del Zodiaco.
Aunque con Jessica se me fue de las manos, sé que no he dejado ningún rastro que haga llegar hasta mí. Por suerte, el cuerpo de policía de este pueblo es un desastre. Todo apunta a que ha sido alguien de fuera. Un turista, un vagabundo, alguien que vino y se fue.
Nada que les haga mirar dentro. Nada que los lleve a mí.
Me he asegurado de limpiar todo. No hay ADN, no hay huellas, no hay testigos.
A veces me pregunto si, en el fondo, no estoy pidiendo a gritos que alguien me descubra.
Como si dejar pistas en forma de metáforas fuese una manera de desafiar al sistema.
¿Qué pasaría si alguien uniera las piezas?
¿Si alguien intuyera que, detrás de este rostro común, detrás de esta sonrisa ensayada, vive un monstruo?
Hoy comienza una nueva partida.
Además, se me da genial mentir y meterme en personajes. Puedo ser todos los de una partida del ¿Quién es quién? y hoy me toca meterme en otro.
Normalmente sé cuándo actuar. Esta vez, durante un segundo, dudo. No porque tenga miedo, sino porque el error sería imperdonable. Y, aun así, el pulso me tiembla lo justo para notar esa pequeña adrenalina que está dentro de mí.
La puerta del cuarto se abre y la misma voz masculina de siempre interrumpe mis pensamientos.
—Te esperan