Capítulo 9
Quedan pocos días para el festival y Esther va de camino a casa de Cady para ultimar los detalles: ropa, pulseras, horarios, quién llevaría la mochila pequeña y quién las baterías externas.
Llevan semanas planeándolo y, por fin, está a punto de ver a Imagine Dragons en directo.
La idea de estar en primera fila le provoca un cosquilleo en el pecho.
Todo lo r elacionado con Jess i ca ha ido qu e dando a tr ás. Aún se comenta en r edes, aún se oyen m ur mullos de las personas que lo hablan por la calle, pe r o pa r a Esther es como si h u bie r a ocur r ido en otra vida. Úl t imamente solo piensa en el festival.
Camina con los a uriculares puestos, e scuchando a Ima g ine Dra go ns, r epasando mentalmente l o que tiene que llevar. Pero justo al doblar la e squina del p ort al de Cady , siente un ti r ón brusco e n el braz o .
Se gira sobresaltada.
Evan está de tr ás d e ella. C o n la m i sma e x p r esión se r ia de antes de r omper. El mismo ges t o de mandíbula tensa.
—¿Te ape t ece ser la s i g uiente? —pregunta, sin emoción alguna.
Esther abre la boca para responder, pero no le sale la voz. El mundo parece hac e r se más pequeño, aho g ánd o la.
Y ent o nces despierta.
De go lpe. Sudando. El co r az ó n g o lpeando en el pecho. La habitación está a oscuras. Bu s ca el móvil: las 5:03.
Intenta volver a dormirse, pero la frase sigue dándole vueltas en la cabeza, como un eco que no se va. Entonces, se levanta, va a la cocina a beber agua y espera que el temblor en sus manos desaparezca. Luego, vuelve a la cama y cierra los ojos sin éxito.
Dos horas después, el ol o r a café que ent r a por su cuarto le anuncia que su mad r e ya es t á p r eparando el desayuno. Todavía con los ojos cerrados se levanta de la cama pensando t o davía en el sueño.
—Buenos días, mamá —murmura.
Su madre la mira un segundo y frunce el ceño.
—Vaya ca r a. No has dormido nada.
—Tuve una pesadilla — dice, restándole importancia—. Nada serio. Hoy voy a casa de Cady para rematar lo del festival.
La madre deja la cuch a r a sobre el plato.
—Tu pad r e se ha ido pr o nto hoy. Tenía que estar en el trabajo t emprano, tenía una reunión urgente.
Esther asiente, mi r ando el vapor que sale de su taza.
—Lo sé. Aun así, quie r o ir. No quiero cancel ar lo.
Su mad r e suspira, pe r o sin enfada r se.
—Vale. Pero esta t e aten t a. No t e alejes de tu s amig o s. Y si no t as algo r ar o , me llamas al moment o .
—Te llamo —dice ella, más tranquila.
Esther sube a su habi t ación para meter algunas cosas en la mochila antes de sa l ir hacia c a sa de Cady . Mient r as guarda una sud a de r a, oye el sonido de una no t ificación de su móvil.
Se queda blanca al ver la notificación que muestra el móvil en la pantalla. No es un mensaje de sus amig o s. No es un SMS spam de su compa ñ ía de te l éfono. Es un mensaje dir e cto en Insta gr am. Uno de Evan.
Lo tira sobre la cama como si quema r a. No quiere abrirl o . Se g uro que ha v i sto que ella v i o su histo r ia la noche ant er io r . M uy madura, Esthe r . Sabe que no debía habe r lo hecho, pe r o ya es t a r de.
Respira hondo y abre el mensaje. «Así que mirando mis hist or ias, ¿eh?»
Nerviosa, no sabe si cont e star o no. ¿Qué le dice: «oye, por qué estabas haciendo una fot o en un sitio donde ma t a r on hace dos días a una chica?
» N o . Eso no puede decírselo. Se niega a creer que él tiene algo que ver.
Justo cuando iba a contestarle ve que aparecen los t res puntitos abajo de l a conversación como que Evan le está volviendo a esc r ibir:
«Oye, ¿podemos hablar? Me han dicho que t ú también vas al Lo o m Festival. No quiero que haya malos r o llos por si nos cruzamos.»
Ha pasado ca s i un año desde que ro mpier o n, e s el momento de ser adul t o s y hablar las cosas. Temblo ro sa le escribe un mens a je que se a rr epen t irá al segundo de habé r selo mandado.
—Sí, ayer me me t í en t u pe r fil p or que me dije r on que sub i ste una hist or ia de que ibas a l festival, pe r o ya no estaba. ¿ Podemos hablar en p er sona mañana?
—Vale, ¿a l a s 12 en el Clandestine?
—Sí, allí nos vemos.
Le ha dejado en visto , pe r o qué va a esperar Esther después de que ella le cotillea r a su pe r fil d e spués de un año. Tiene muchas pre g untas que hacerle, pe r o llega tarde a casa de Cady y un audio de ella le hace darse más prisa.
Cuando está bajando por las escaleras, oye la voz de Richard de fondo. Va a empezar una rueda de prensa de última hora. A pesar de tener prisa, se queda en el salón con su madre para ver qué dicen del caso de Jessica. No sin antes mandarle un mensaje a Cady.
«Llego un poco tarde, ahora te cuento»
Bue n as tardes. Como ya s a ben, con f irmamos que el c u erpo sin vida de Jessi c a f u e hal la do hace dos días de ma d r u gada. Tras las pri m eras di l igenc i as, todo apu n ta a que se tr a ta de un homic i dio perpetrado por u n a pers on a que todavía no conocemos.
Entre las pistas re c ogidas en el l u gar de los he c hos, se ha encontrado u n a se ñ al rara: un interrogante rojo marcado en la corteza de un ár b ol cer c ano.
Este sí m bolo, c u yo origen aún estamos i n vestigando, p odría res u ltar c l ave p a ra e n tender las motivac i ones del autor o su posible re l ación con otros casos.
El sospe c hoso, seg ú n los i n di c ios, podría haberse dado a la f u ga poco después de los hech o s. Por ello, esta m os revisa n do las cá m aras de seguridad de la zona y se han intens i ficado los controles en todas las carreteras cercanas .
A partir de este m ome n to, el caso pa s a a man o s de n uestros super i ores en la U n idad de Homi c id i os, que c u e n tan con los recursos especializados ne c esarios para seguir con la investigación y poder encontrar al culpable.
Pedimos a l a c i udadanía colaboración, dis c re c ión y pr u de n cia, y reiteramos n u estro compromiso firme con l a verdad y la justicia.
Cuando pasan a a nuncios, Esther sale por la puer t a para diri g i r se a la casa de su amiga.
No t a r da ni 20 minutos en llega r . Necesita conta r le que mañana ha que d ado con Evan para hablar.
Todavía tiene en mente la pesadilla que ha tenido.
Justo sucedía p o r el camino que ella h a t o mado hasta llegar a la pue r ta de Cady .
Toca el t imbre y no t a r da ni cinco segundos en abrir.
Cady la recibe con una son r isa, pero en cuanto ve su cara, frunce el ceño.
—¿Estás bien? Tienes mala cara.
—Te t engo que contar algo —responde Esther entrando deprisa. —. Es sobre Evan.
Suben a la habitaci ó n y, ent r e camisetas del gr upo y pulse r as f l uo r escentes, Esther le enseña la co nversación de Insta gr am. Cady la mira e n silencio, a t enta a cada pal a bra, pero su cara cambia cuando lee el mensaje de la cita.
—¿Mañana? ¿En e l C l andestine? ¿Estás seg u ra de que es buena idea?
—No lo sé. Quiero respuestas.
—¿Y si tiene algo que ver con lo de Jessica ?
Esther se encoge de hombros, pero el nudo en el estómago vuelve a apretarse.
—No sé... También puede que solo fuera una coincidencia.
I g ual lo gr abó sin sab e r lo que había pasado allí.
—Ya, clar o … como si alguien subiera un vídeo en un descampado a las d o s de la mañana po r que sí — r eplica Cady.
Esther g uarda silencio. Cady tiene r azón, pero no quiere admitirlo.
—¿Y lo del inte rrog ante r ojo? —dice Cady m ás b a jito. M e da muy mala espina.
—Sí …A mí también.
Dejan de ha b lar p o r un moment o . En la pantalla del po rt átil, donde están mirando l o s ho r a r ios del festival, parpadea una no t ific a ción de X.
Cady hace c lic c a si por reflejo. Es un tuit fijado del A y untamiento con una actualización ur g en t e de se g uridad sobre el L oo m Fes t ival. Ambas se acercan.
IMPORTANTE | Seguridad Loom Festival
Se ha identificado una posible amenaza anónima vinculada con el reciente homicidio. Se ruega extremar precauciones. Cualquier comportamiento extraño debe ser comunicado de inmediato. Hashtag usado en las amenazas: #¿LaSiguiente?
Cady se aparta de la pantalla de golpe. Esther se queda helada al ver la frase que han utilizado .
—Ese era el mensaje de mi pesadilla.
—¿Cuál?
—Evan… en el sueño me dijo: ¿Te apetece ser la siguiente? Las d o s se mi r an e n si l encio. Cady se leva n ta y cie rr a la persiana.
—Esther, tienes que cancelar lo de mañana.
—No puedo. Necesito saber la verdad.