Capítulo 8
El departamento de policía está más lleno de lo habitual esa mañana.
Anoche, Richard recibió un mensaje de su superior pidiéndole que estuviera en su puesto de trabajo a primera hora.
No era raro que ocurriera después de un caso grave, pero el tono del mensaje dejaba claro que no se trataba de una reunión ordinaria.
Cuando abre las puertas, el ambiente ya lo nota denso.
Los teléfonos no paran de sonar, hay varios agentes que están tecleando en el ordenador, como si la vida les fuera ello.
En el pasillo central de la jefatura, se oye de fondo la voz de una periodista del canal local de televisión dando el informativo.
Todos parecen hablar de lo mismo: Jessica.
Richard deja su chaqueta sobre el respaldo de su silla y coge la tarjeta para poder identificarse en el despacho de reuniones. Cuando entra, ya lo estaban esperando el inspector Brown, la agente Price, analista forense, y varios compañeros suyos de jefatura.
—Buenos días —dice Richard, tomando asiento.
Brown levanta la vista.
—Bien, estamos todos. Voy a ir al grano.
Enciende el monitor que siempre utilizan para hablar de los casos a los que se van a enfrentar. Aparece una fotografía aérea de la zona del bosque donde han encontrado el cuerpo.
—Dentro de unas horas daremos una rueda de prensa.
No vamos a entrar en detalles de la investigación, pero sí confirmaremos tres cosas —dice, señalando el monitor—: que se trata de un homicidio, que estamos analizando todas las cámaras de acceso a la localidad y que el caso pasa a la Unidad de Homicidios.
—También mencionaremos una de las pistas encontradas en la escena —continúa—. Una marca inusual en un árbol cercano: un interrogante rojo.
Un murmullo leve recorre la mesa.
—No entraremos en especulaciones —añade Brown enseguida—. Solo diremos que se está investigando.
Richard apoya los codos en la mesa, pensativo. No le sorprende del todo. Cuando un caso empieza a complicarse, lo habitual es que Homicidios lo absorba.
—Eso no significa que nos desentendamos —dice Brown, como si hubiera leído la reacción del grupo—. Seguiremos colaborando en todo lo que nos pidan.
Cambia de tema casi de inmediato.
—Ahora vamos con el festival. Como ya sabéis, dentro de unos días se celebra uno de los eventos más importantes— Brown pulsa un botón y en el monitor aparece un mapa del recinto del Loom Festival—.
Y desde el ayuntamiento nos han pedido que debemos reforzar la seguridad del evento.
Habrá mucha gente, mucha prensa, y después de lo que ha ocurrido, vamos a estar en el punto de mira.
Señala varias zonas del plano.
—Habrá controles en accesos, patrullas móviles dentro del recinto y vigilancia en el perímetro del bosque.
Empieza a repartir turnos y posiciones.
—Gacy y Rose, acceso principal. Bennet y Bundy, zona de escenario. Patrulla móvil para las áreas de restauración…
Va tachando nombres en su lista hasta que levanta la vista hacia Richard.
—Richard, tú te encargarás del perímetro norte y coordinación de seguridad con la empresa privada del festival.
Richard deja escapar un suspiro corto.
—Otra vez no.
Brown arquea una ceja.
—¿Algún problema?
Richard duda un segundo, pero al final se encoge ligeramente de hombros.
—No… bueno. Es que mi hijastra va a ir con sus amigos. Es su primer festival —dice, con una mueca—. Y no creo que le haga mucha gracia tenerme rondando por allí.
Algunos de los agentes sueltan una risa baja, esta vez con algo más de complicidad.
—Vaya, eso sí que es mala suerte —comenta uno al fondo.
—Peor para ella —añade otro en tono de burla.
Richard niega con la cabeza, medio resignado.
—Créeme, peor para mí. No quiero estar pendiente de si me la cruzo cada dos minutos o de si piensa que estoy vigilándola. Bastante incómodos son ya estos eventos sin mezclar familia de por medio.
Brown esboza una leve sonrisa antes de volver a su tono habitual. Ese que siempre pone cuando sabe que va a salirse con la suya.
—Pues intenta que no te vea —responde—. Y concéntrate en tu trabajo.
—Sí, claro —murmura Richard.
Brown continúa como si nada.
—Puede que no te gusten, pero eres bueno en ellos. Has estado en suficientes dispositivos como para saber cómo se mueve la gente en sitios así.
Richard no discute. Sabe que es verdad. En los eventos grandes todo se reduce a observar: flujos de gente, puntos ciegos o salidas bloqueadas.
—Además —añade el inspector—, el perímetro del bosque nos interesa especialmente. Habrá más presencia policial de lo habitual —continúa Brown—. Queremos evitar cualquier incidente.
Cierra el dosier y se pone en pie.
—Dentro de poco empieza la rueda de prensa. Richard, tú me acompañarás. Después de eso, cada uno a su puesto.
Los agentes comienzan a levantarse y salir de la sala.
Richard se queda unos segundos más mirando el mapa del festival en la pantalla. No le gusta la sensación que le deja en el estómago. Los festivales siempre han sido un caos difícil de controlar. Y esta vez, por alguna razón, todo le resulta aún peor.