Capítulo 7
Aunque no tiene mucha s ganas de ir, Esther ya está en el coche con su madre, camino a casa de Cady, donde los espe r an ella y D a n.
Sie m p r e han sido l o s tr es: Esther, Cady y Daniel, Dan pa r a los amigos.
Un t río e x traño pero difícil de separar.
C r ecie r on junt o s, compar t ie r on c u mpleaños, suspe n sos, secret o s y dramas que en su mom e nto parecían el fin del mundo.
Y t a m bién es tu vier o n ahí c u ando Evan la dejó.
Noches enteras durmiendo en el sofá de Cady, viendo películas malas y comiendo palomitas mientras ella intentaba no pensar en él. Un año después, Evan vuelve a ocupar espacio en su cabeza.
—¡Hola, chicos! —sal u da su m a d r e de pronto.
Esther pa r padea. No se había dado cuenta de que ya han llegado a la casa de Cady.
—Tía, t e veo pe r dida —dice Cady mie n t r as sube al coche—¿Estás bien?
—Sí, sí… estaba p e ns a ndo en lo de la chica de ayer, pero nada importante.
El resto del trayecto hasta el cine transcurre en un silencio incómodo. Nadie se atreve a mencionar a Jessica, ni el festival, ni mucho menos a Evan.
En el cent r o come r cial, Esther se despide de su madre. Le dice que volverá en bus, que no se p r e o cupe, que Dan y Cady la acompañarán hasta la parada.
El cine huele a pal o mitas recién hechas. Esco g en una c o media para desconectar un rato y no pensar. Dan compra ent r adas para la últi m a fila, por costumbre más que por otra cosa.
Durante la película, las r isas de las demás personas cuando aparece una escena cómica las oye lejanas, como si estuviera en otro sitio. En su mente se mezclan varias cosas: Evan apoyado en una valla del festival, la no t icia del cadáver, el interr og ante ro jo como un latido enfermo.
—¿Estás bien? — sus urr a Dan.
Ella asiente sin mira r lo. No quiere abrir la boca porque, si lo hace, siente que cortaría el rollo entre ellos.
Al salir, el cielo está neg r o , parece que dentro de unos minutos vaya a e mp e zar a llover.
El ai r e es más frío de lo no r mal pa r a esas fech a s, como si el ve r ano hubiera dado un paso at r ás.
Cady p ro pone t omar algo en el bar de la esquina, pe r o Esther se e x cusa.
Le duele la cabeza. Le acompaña el silencio de sus amigos h a sta la parada del bus.
—Nos vemos mañana, ¿vale? Y no t e r ayes— dice Cady , t o cándole el brazo con suavidad.
—No me rayo.
O tr a menti r a para la colección.
Esa noche, su padre ll e g a más t a r de de lo h a bitual. Esther está en el sofá, en p i j a ma, con u na t aza de l eche que nunca llega a p r obar. Él c u el g a las llaves con c uidado, para no despertar a su madre que ya está durmiendo.
—¿Todo bien? —pregunta.
—Sí. Fuimos al cine.
Su padre asi e nte, se si r ve un vaso de agua y se sienta frente a ella. Parece cansado, sí… pe r o también distinto. El caso de Jessica le está pasando factura.
—¿Qué película visteis?
—Una comedia. Bastante mala.
—A veces viene bien desconectar —murmura.
Esther lo observa. Hay algo en su mirada, una tensión contenida, que no estaba ahí antes. Sabe que, por su trabajo, no puede contarlo todo. Protocolos. Información reservada. Pero suele decir más. Siempre encuentra una forma de tranquilizarla, aunque sea mintiendo un poco.
—¿Sabéis algo más de la chica? — pregunta ella, intentando sonar casual.
Él niega con la cabeza.
—Aún es p ro nt o . C r eemos que pudo hacer l o alguien de fuera. Mañana habrá rueda de p r ensa. H a st a en t onces no hagas caso de r umo r es. La gente se inventa mucho.
Esther sube a su cuar t o. Cie rr a la puer t a como si temie r a r o mper algo. Está ago t ada, pe r o su mente sigue g i r ando alrededor de lo mismo: el festival. Y Evan.
C r eía haberlo superad o . Un año ente ro .
Debería ser suficiente pa r a en t e rr ar a alguien emociona l mente.
Pero no. Ahí sigue, incrustado en algún r incón que no sabía que aún estaba vivo.
Tampoco ayuda tener todos los recuerdos y detalles que tuvo con ella dentro de una caja al fondo de su armario.
Evan es dos años mayor. Se conocieron después de que él repitiera un par de cursos.
Nunca fue problemático, solo… cansado de todo.
Quería trabajar, ganar dinero, huir de la casa de sus padres.
Esther, en cambio, seguía atrapada en normas, horarios y toques de queda.
Él tomó la decisión de dejar la relación.
Sin p e nsa r lo, ab r e Insta gr am. Y lo busca. Siempre lo encuentra r ápido; eso es lo pe or . La aplicación parece saberl o .
Evan trabaja ahora en una cadena de comida rápida. En su biografía de Instagram se lee: Estudiante de mecánica. Parece haber encontrado un camino propio, algo estable.
Sin querer, toca su historia. Una foto. El escenario del festival, pero no desde el público. Está tomada desde el bosque. La hierba oscura, árboles recortados en sombras. Al fondo, los técnicos están probando que las luces funcionen correctamente.
El t e x to: «Este año pinta diferent e ». Esther se queda inmóvil.
¿Por qué Evan está en el bosque?
Y lo más inquietant e : ¿Por qué la fo t o le d a t anta mala espina?