El festival Capítulo 4
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Capítulo 4

Esther Manson tiene dieciséis años y, por primera vez en mucho tiempo, respira con cierta calma.

Vive con su madre y con Richard, el novio de ella, a quien siempre ha llamado papá, aunque no compartan sangre.

Su padre biológico las abandonó cuando ella tenía solo seis años. No lo echa de menos. Ya no lo necesita.

Hace meses que los médicos revisan cada avance, cada recaída diminuta, cada noche en que el sueño llega sin sobresaltos.

Han sido prudentes, casi obsesivos. Y, aun así, cuando por fin dijeron que sí, que podía ir al Loom Festival, que estaba preparada, que el plan era seguro y que ellos seguirían de cerca cualquier señal, algo dentro de ella se encendió como las luces de un festival.

Va al instituto, cumple con todo lo que le piden y saca buenas notas cuando se esfuerza un poco.

Sigue hablando horas y horas con Cady y Dan, sus mejores amigos, pero ya no parece esconderse detrás de esas conversaciones.

Ahora participa en ellas, apuntándose a cualquier plan que se le proponga.

Hay días mejores que otros, sí, pero el peso que antes la empujaba hacia abajo ya no le impide volver, poco a poco, a ser la de antes.

Hace un mes que empezaron las vacaciones de verano y ahora mismo está dando vueltas por su habitación con el manos libres puesto, incapaz de estarse quieta.

Su cuarto es un pequeño caos: posters medio despegados, ropa extendida como si hubiese pasado un tornado y una guirnalda de luces que cambia de color encima del cabecero de la cama.

Está nerviosa y emocionada. Después de meses tachando días en el calendario, dentro de apenas una semana estará en el Loom Festival, el evento indie más esperado del año.

—No me creo que vaya a escuchar en directo a Imagine Dragons. ¡A Imagine Dragons! —grita al teléfono mientras da vueltas por su habitación—. Todavía no me lo creo, Cady.

Es el grupo que, literalmente, le cambió la vida.

—¡Encima vamos a acampar! ¿Tú sabes lo guay que va a ser eso? —le responde su amiga entre risas—. Dos días sin padres, con música, y tú y yo en primera fila. Dan ya está vaciando su móvil para que le quepan todas las fotos que nos vamos a hacer.

El Loom Festival no es cualquier evento de música. Miles de personas llegarán desde todo el país para ver a su cabeza de cartel, Imagine Dragons, y perderse en el ambiente del recinto, a solo unos kilómetros del bosque Rainfost.

—¿Tienes pensado qué ropa vas a ponerte? —pregunta Esther, rebuscando en su armario con una sonrisa.

—Por lo que he visto en las redes de otros años, la gente va con las camisetas de sus grupos favoritos. Yo voy a ponerme la de Imagine Dragons que compramos juntas en Uniqlo y los vaqueros cortos. ¿Y tú ?

Justo cuando Esther abre la boca para contestar, la puerta de su cuarto se abre con un leve chirrido. Su madre asoma la cabeza. Mira el desorden que hay en su cuarto y le hace el típico gesto de señalarse el reloj que lleva en la muñeca.

—Esther, la cena está lista.

—Tía, tengo que colgar. Luego hablamos —dice al teléfono mientras pone los ojos en blanco.

—¡Luego hablamos! —responde Cady.

Esther baja las escaleras casi flotando, como si la emoción todavía le empujara desde la espalda.

El olor a puré caliente llena el pasillo y, al llegar al comedor, la luz amarillenta de la lámpara ilumina la mesa puesta.

Su padrastro tiene la mirada clavada en las noticias, el sonido de la televisión resuena entre las cuatro paredes.

«Última hora. Jessica M., de 18 años, ha aparecido muerta esta tarde en las inmediaciones del bosque Rainfost. Las autoridades han confirmado que el cuerpo presenta marcas de estrangulamiento y una herida profunda a la altura del corazón, compatible con arma blanca.

La policía ha acordonado la zona. Seguiremos informando. »

Una corriente de aire frío parece atravesar el comedor. Esther siente cómo la cuchara se le resbala ligeramente entre los dedos.

—¿Ese no es el bosque que está al lado del festival al que ibas a ir? —pregunta Richard sin apartar la mirada de la pantalla.

—Sí… ¿por? —responde ella.

Él la mira por fin, con los ojos serios y la cuchara suspendida en el aire, como si de pronto el tiempo se hubiese congelado.

—Porque no queremos que vayas.

La cuchara de Esther se detiene justo antes de tocar el puré.

La frase flota en el aire, pesada. Esther no da crédito a lo que acaba de escuchar.

Su padrastro es policía y él sabe mejor que nadie que un festival es un lugar bastante seguro.

Va con sus amigos. Además, siempre hay seguridad en esos recintos.

—¿Cómo que no? —pregunta con la voz más controlada de lo que se siente—. Papá, llevo meses esperando esto. Está todo pagado. No voy sola, voy con Dan y Cady. Vamos al festival, no al bosque.

Su madre alza la vista, tensa y deja la servilleta sobre la mesa con cuidado. El silencio de ella siempre pesa más que cualquier discusión.

—Ha muerto una chica, Esther —responde Richard, firme—En Rainfost. A diez minutos a pie del recinto. ¿Y si el asesino sigue por ahí? ¿No es ahí donde vais a acampar?

— Pero ¿qué dices? ¡No pueden cancelar algo así por una noticia! —alza la voz. Su corazón late con fuerza, mezcla de rabia, miedo y pena.

—No es una noticia cualquiera—interviene ahora su madre, con tono suave pero cortante—. Es una chica que iba a tu mismo instituto. Podrías haber sido tú.

Esther aprieta los puños bajo la mesa. Mira el plato como si ahí pudiera encontrar un contraargumento. Pero no lo hay. No uno que les convenza.

—Si me prohibís ir… —empieza a decir, bajando la voz— … me d a igual. Voy a ir igual.

Sus padres se quedan en silencio. La chica de las noticias sigue hablando, en segundo plano, ahora con imágenes borrosas de una zona acordonada por la policía y una manta térmica en el suelo. Esther no aparta la vista de la pantalla. Y en ese momento, la cámara enfoca algo extraño.

Un símbolo, pintado en rojo en la corteza de un árbol. Un signo de interrogación rojo.

—¿Habéis visto eso? —susurra.

—¿El qué? —pregunta su madre, girándose.

Pero la imagen ya ha cambiado. Ahora solo se ve a un agente de espaldas. Como si el símbolo nunca hubiese estado ahí.

Esther se queda con la vista clavada en la pantalla, sintiendo una punzada en la nuca. Algo no encaja. Algo más allá del miedo de sus padres. Algo que le eriza la piel. El teléfono de Richard rompe el silencio. Se levanta, secándose las manos inconscientemente.

Sube corriendo a ponerse el uniforme. Su madre lo sigue con la mirada. Luego vuelve hacia Esther, con miedo en los ojos.

—Convenceré a Richard para que te deje ir—le promete, aunque su voz suena débil, como si ya supiera que no podrá hacerlo.

Esther apenas ha tocado la cena. Empuja el plato a un lado y se levanta sin decir palabra. Sube a su habitación. Ni siquiera recuerda que había prometido llamar a sus amigos.

Esa noche, al meterse en la cama, no consigue dormir. El insomnio le devuelve imágenes sueltas en la mente: Imagine Dragons, Cady, el bosque… Jessica.

Y el interrogante rojo.

Todavía no lo sabe, pero esa figura volverá a aparecer. Y cuando lo haga, ya no habrá vuelta atrás.