Capítulo 19. El peligro se acerca
La cerradura del almacén del café amaneció forzada al día siguiente. No de forma violenta: no había marcas de palanca ni de golpes. Alguien la había abierto con las herramientas adecuadas y el tiempo suficiente. La hoja estaba entreabierta. Dentro, nada visible faltaba.
Pero las cajas del fondo, las que Sofía usaba para guardar los documentos de gestión del café, habían sido movidas y recolocadas. Con cuidado, sí, pero no con el cuidado suficiente para que alguien que sabía exactamente cómo había dejado esas cajas no notara la diferencia.
Alguien había buscado algo concreto.
Sofía llamó a Rojas antes de las ocho de la mañana. El inspector llegó en diez minutos.
Examinó la cerradura con una pequeña lupa que sacó del bolsillo.
—Herramienta especializada —dijo—. No es un aficionado.
—¿Y el plano? ¿Dónde lo guardas?
—En casa. En el cajón de la mesita de noche. Nunca lo traigo aquí.
—Bien. Y la grabación.
—En el mismo sitio. En casa.
—Bien. —Miró el almacén—. Sofía, quien entró aquí anoche sabe lo que has estado haciendo. Sabe que tienes el plano y la grabación. El hecho de que no encuentren nada puede hacer dos cosas: que se tranquilicen, o que se pongan más nerviosos e intenten algo más directo.
—¿Qué tipo de algo más directo?
Rojas la miró.
—Por eso es por lo que voy a pedirte que seas cuidadosa.
—Una pausa—. Hay algo más. Anoche recibí una llamada anónima.
Una voz que me dijo que tú y Clara habíais encontrado una grabación de Fuentes.
Detalles específicos: que era un cassette, que estaba en la librería, que tenía fecha de noviembre del ochenta y ocho.
—Alguien nos está vigilando.
—A alguien, sí. —Rojas guardó la lupa—. No sé si la llamada era para informarme o para que yo supiera que sabían lo que vosotras tenéis. Probablemente las dos cosas.
—Sofía. —La voz de Rojas tenía un tono que ella no le había escuchado antes—. Esto ya no es un misterio de pueblo. Tiene consecuencias reales para personas reales. ¿Entiendes lo que te digo?
—Lo entiendo.
—¿Y vas a tener cuidado?
—Voy a intentarlo.
Era, dado lo que ambos sabían sobre Sofía, la respuesta más honesta que podía dar.
✦