El faro de Grey’s Cove (Bahía de las langostas 2) Capítulo 10
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Capítulo 10

Autumn

El jueves, a media mañana, se me acaban un par de ingredientes y cruzo la calle hasta Cranston’s antes de pensarlo mucho.

Podría esperar a que llegue el pedido de mañana desde Boston, pero no consigo quedarme quieta mientras sé que Julien anda por ahí hablando de mí.

Mantenerme activa en la cocina es lo único que consigue calmarme.

Hoy está la madre de Donna tras el mostrador, hacía un montón que no la veía. Me cuenta algo de que su hija ha tenido que ir al dentista en Bath y estará toda la mañana fuera y me dedica una mirada extraña.

—No hace falta pagar nada, cariño, al fin y al cabo, solo llevas cuatro cosas. Ah, y no te preocupes, si ese hombre aparece por el pueblo, nos encargaremos entre todos, tú tranquila —añade.

Se me hiela la sangre.

—¿Qué hombre? —pregunto con miedo.

La madre de Donna se pone colorada.

—Oh, nada, nada, ya sabes, cosas del pueblo, no sé por qué lo dije, olvídalo.

Sonrío y salgo. La campanilla de la puerta suena detrás de mí como si nada hubiese pasado y, en la acera, aprieto la bolsa de harina contra el pecho mientras empiezo a atar cabos.

Se me acelera el pulso en plena calle y tengo que detenerme a respirar. Empiezo a pensar en todas las miradas de lástima que he recibido estos dos últimos días, en el modo en que la gente del pueblo me trata como si me fuese a romper en cualquier instante.

Cuando entro en la panadería estoy temblando y no es rabia, es más bien esa decepción que precede a la rabia. El momento en que ya sabes que alguien te ha traicionado y solo falta que te lo confirme mirándote a los ojos.

—Wren, necesito hablar contigo ahora.

Está en la trastienda, con el destornillador en la mano, rematando el soporte de un estante y me mira confusa.

—¿Le has hablado a alguien de Julien? No me mientas, por favor.

Se queda muy quieta, mordiendo el labio inferior. Ya ni siquiera necesito que me responda.

—¿Lo has hecho? —insisto mientras mis ojos se llenan de lágrimas.

—A ver, solo le he pedido a algunas personas que estén atentas, nada más —admite, sin soltar el destornillador—. Gente de total confianza. No he dado ningún detalle de lo que ocurrió, solo…

—¿Quién es gente de total confianza?

—Ya sabes, Iris, Donna, Frank. Un par de palabras con el sheriff. Algunos pescadores. Nada más.

—¿Nada más? Así que lo sabe todo el jodido pueblo —suspiro.

—No saben nada de lo que ha ocurrido, Autumn. Solo su descripción, que un día puede aparecer y que si lo ven rondando por aquí, me avisen antes de que llegue hasta ti. Nada más —se disculpa.

—Claro, nada más. ¿Y a mí me lo ibas a decir en algún momento?

Porque me parece increíble que lo único que te pedí es que no se lo dijeses a nadie y te faltó tiempo para que todo el mundo lo sepa.

Eres… joder, confiaba en ti, Wren —admito, desviando la mirada para que no vea las lágrimas que ruedan por mis mejillas.

—Me preocupa tu seguridad —dice—. Eso es todo.

Dejo los ingredientes que acabo de comprar sobre la mesa porque ya no confío en que mis manos puedan sostenerlos.

Clavo las uñas en las palmas para que no se note que tiemblo, trato de respirar, pero me estoy quedando sin aire.

Wren dice algo, creo que mi nombre, pero me llega lejano, como si me gritase desde el otro extremo del muelle.

Me concentro en la respiración, cuatro segundos, retengo el aire, lo echo contando hasta cuatro, pero nada funciona.

—¿Estás bien? —pregunta.

—¿Cómo voy a estar bien, Wren? —chillo—. Julien aprovecha cada ocasión para echarme mierda en la prensa especializada; confío en ti y tú le cuentas mi historia a desconocidos. Joder, ¿te parece que es para estar bien?

—No son desconocidos. Te conocen desde niña y quieren lo mejor para ti. Y no he contado tu historia, solo les he dicho que vigilen por si le da por venir al pueblo. Hay una diferencia.

—Para mí es exactamente lo mismo. Es lo único que te pedí y has tomado una decisión por tu cuenta.

Una decisión que me afecta muchísimo más de lo que nunca serás capaz de entender.

¿Quién te da permiso para decidir sobre mi vida?

Y lo peor es que contigo me duele el doble porque pensaba que teníamos algo.

—Autumn… lo tenemos.

—¡No! —Levanto la mano y ella se calla—. Ya no tenemos nada. Termina la obra, queda mucho que hacer. De momento no me hables, por favor. No sé cuándo estaré preparada para hablar contigo de nuevo.

Intenta acercarse a mí para abrazarme, pero le pongo las manos en el pecho y la detengo. Veo la tristeza en sus ojos y no me importa.

Lo malo es que no me importa.