Chapter 25 Por la verdadera arlasofía #2
—Sí, lo conozco, es un pueblo muy famoso.
—Sí que lo es… —asintió Xalara.
—¿Por qué no has utilizado una estación de traslado para viajar hasta Bibrébem? Allí hay una, ¿verdad? También hay línea ferroviaria, que yo sepa.
—Es que tengo muy poco dinero, mi familia es muy pobre.
—Creía que en pueblos como Falens la gente no vivía con tanta precariedad económica.
—Sí, bueno… es que mis padres han tenido muchos problemas últimamente y…
—Tranquila, no es necesario que me des explicaciones —la liberó el hombre con una sonrisa.
Xalara también sonrió, se había puesto muy nerviosa y su rostro lo reflejaba.
—Y ese amigo al que vas a visitar, ¿es un amigo especial?
—¿Perdón?
—Me refiero a si es tu novio.
—No, qué va, solo es un buen amigo, nada más —dijo acordándose de Víliam.
El hombre sonrió de nuevo y dejó de observar la tartera para girarse hacia Xalara.
—Oh, disculpa, no me he presentado, me llamo Ed Travis.
—Pues encantada, Ed —dijo tratando de sonar amable, pero como siempre que lo intentaba, no le había salido demasiado creíble.
Cuando la sopa estuvo lista, Xalara ya se había secado por completo y se sentó a la mesa donde Ed le sirvió la cena.
—Tómala ahora que está bien caliente, te ayudará a reponerte.
Xalara probó la sopa y, a pesar de abrasarle la lengua, era la sopa más deliciosa que había probado nunca, claro que también era cierto que jamás tuvo tanta hambre como en ese momento.
—Está muy buena, señor Travis.
—Me alegra oírlo, era una receta de mi abuela. Tómatela toda, todavía queda un poco más en la tartera, si te apetece.
La muchacha no pudo reprimir sus instintos y engulló la sopa enseguida.
—Estaba claro que tenías hambre —dijo Ed con un tono risueño, volcando en el plato el resto de sopa.
Nada más terminarse la sopa, Xalara se levantó de la mesa.
—No quiero seguir abusando de su hospitalidad, me iré enseguida de su casa —anunció.
—¿De noche y lloviendo sin parar? De eso nada —replicó Ed—. No pienso dejar que salgas ahí fuera. Pasarás aquí la noche.
—Se lo agradezco, pero no quisiera molestarlo más.
—Solo tengo una cama, pero puedes dormir en ella —explicó Ed Travis—. Yo dormiré en el sillón, no tengo problema; me quedo dormido en cualquier sitio con facilidad.
—Se lo agradezco, pero no quiero que…
—Insisto. Tu amigo puede esperar unas horas más, ¿no?
—Está bien —aceptó Xalara—, pero en cuanto amanezca, me iré.
—No pienso retenerte —alegó Ed, con un tono burlón.
Xalara posó su mirada en la estantería.
—Veo que te interesa mi colección de libros.
—¿Los ha leído todos? —preguntó Xalara.
—Todos no, algunos están escritos en arlayino —dijo con otra sonrisa. Ed sonreía por casi todo, algo que empezaba a incomodar a Xalara, pues no soportaba a las personas exageradamente risueñas—. Mañana, cuando te vayas, puedes llevarte alguno, si quieres.
—Gracias —dijo Xalara, que no iba a cometer la desfachatez de rechazarlo.
—Yo soy historiador, recabo la información que hay en esos libros desde hace muchos años, con la firme intención de escribir mi propio libro de historia. Pero nunca he tenido el valor de iniciarlo, me da vértigo enfrentarme a la página en blanco.
Xalara no supo qué decir y siguió observando la estantería. De entre todos los libros, captó su atención uno de color negro que sobresalía y que tenía inscrito en tinta plateada sobre el lomo: «Por la verdadera arlasofía».
—¿Qué significa la frase: «Por la verdadera arlasofía»?
—¿No conoces su origen? —preguntó Ed muy sorprendido, borrando por un instante su permanente sonrisa.
—No —respondió Xalara escueta—, pero creo que me suena de algo —mintió al ver la indignación que exhibía el rostro de Ed ante su ignorancia.
—Es la frase sobre la que se cimentó la creación de la Orden de los Herederos —dijo Ed, con el tono que utilizaría cualquiera para informar de algo muy obvio. Xalara tragó saliva al escucharlo—. Ese libro fue escrito por Érmul Nórebol antes de convertirse en el Lórdezeit.
—No sabía que hubiese escrito un libro —admitió Xalara, con la voz cargada de estupefacción.
—Pues sí, así es.
—¿Pu, puedo verlo? —preguntó Xalara azorada.
—Mejor no —respondió Ed—, la encuadernación es endeble.
—Ah, vale —repuso decepcionada.
—Puedo resumírtelo si quieres, lo he leído varias veces.
—Me encantaría escucharle —profirió Xalara—, por favor.
Ed se acercó a la estantería y empujó el libro para colocarlo a la misma altura que los otros.
—Érmul comenzó a escribirlo cuando terminó su formación en Lúgardark, y más tarde se convirtió en una herramienta para reclutar y adoctrinar a sus fieles seguidores.
Era una lectura obligatoria para todo aquel que quisiera entrar a formar parte de la Orden.
No creas que el Lórdezeit se conformaba con la palabra de que se habían leído el libro, sino que les hacía una especie de examen muy exigente para comprobarlo.
Tras la muerte de su abuelo, Érmul empezó a concebir ideas para crear una nueva y mejor sociedad.
Creía tan firmemente en ellas, que llegó a obsesionarse con llevarlas a cabo, sin importar lo que tuviese que hacer para conseguirlo.
>>Según él, la tercera clase debía ser esclavizada para servir a las clases superiores, es decir; la primera clase y la élite.
Con esa idea creó el lema: «Por la verdadera arlasofía», en el cual se apoyaría para justificar todos sus actos a partir de entonces.
Según su criterio, la verdadera arlasofía se refería a la practicada por los antiguos arlayinos, la cual había sido deteriorada a lo largo de los siglos por culpa del uso que le daban los miembros de la tercera clase, los que, según su criterio, no descendían del Reino de Árlay.
En consecuencia, eran considerados unos «falsos arlayinos», es decir, personas indignas de utilizar la arlasofía.
Al contrario que las personas de la primera clase y la élite, quienes, según él, sí eran los descendientes de Árlay.
Por eso prohibió a las personas pertenecientes a la tercera clase el uso de la arlasofía.
Todos los crímenes y atrocidades que cometía, los justificaba en nombre de la verdadera arlasofía —recitó Ed a modo de conclusión.
Xalara permaneció muy atenta durante todo el relato, sin apenas pestañear.
Esta nueva información era un tesoro para sus oídos.
Aunque había leído sobre el Lórdezeit y la Orden de los Herederos, se estaba dando cuenta de que su conocimiento era bastante limitado.
Seguramente, Aura había escogido muy bien los libros que podía leer.
Al fin y al cabo, era ella quien se los compraba.
—¿Has entendido ahora el término: «Por la verdadera arlasofía»?
—Sí —soltó Xalara tras salir de su breve ensimismamiento—. Lo ha explicado muy bien, gracias.
—Me alegra mucho saberlo.
—Tengo otra pregunta para usted —dijo Xalara.
—Pregunta, no te cortes.
Xalara respiró profundo:
—¿Usted cree en la existencia de El Fantasma del Tiempo? ¿Cree que puede tratarse del espíritu del Lórdezeit?
—Eh… —Ed parecía nervioso de repente y comenzó a recorrer la habitación sin ir a ningún sitio en particular, estaba claro que no esperaba esa pregunta—.
Creo que podría haber una relación, ya que uno desapareció al mismo tiempo que surgió el otro.
Sin embargo… creer en la existencia de un fantasma tampoco me parece una idea demasiado lógica…
Xalara no entendía el cambio tan repentino de actitud en Ed, al que incluso le temblaba la voz. Sin duda, El Fantasma del Tiempo infundía terror en él y no era capaz de disimularlo aunque lo intentase.
—Vaya, se me olvidaba, tengo que enviar una carta; vuelvo enseguida —anunció Ed con muchas prisas y salió a la calle cerrando la puerta de golpe, tan fuerte que la chica creyó que se saldría de los goznes.
Cuando Xalara se quedó sola, su vista volvió a fijarse en el libro que ahora sabía que estaba escrito por el Lórdezeit. Ese tomo atraía su curiosidad como si se tratase de algo prohibido, y no pudo resistir el impulso de levantarse y tenerlo entre sus manos.
Lo extrajo de la estantería y, antes de abrirlo, echó un vistazo hacia la puerta.
Debía hacerlo rápido, no quería romper la confianza y la hospitalidad que Ed le había ofrecido.
Volvió a leer la frase, esta vez en la portada, y abrió el libro por la primera página.
Una hoja del libro se desprendió y cayó al suelo.
Cuando Xalara se agachó para recogerla, su rostro se tornó pálido, pues no era una página perteneciente al libro, sino una especie de ficha técnica de sí misma, sellada con el símbolo de la Orden de los Herederos.
XALARA VERDREVEN
Justo debajo del nombre, aparecía su retrato y a su lado se mostraba la siguiente información:
Edad: 18 años.
Estatus social: tercera clase.
Estatura: 1,65 aproximadamente.
Peso: 55 kilogramos aproximadamente.
Color y aspecto del pelo: castaño oscuro, liso.
Color de ojos: marrón oscuro.
La chica tiene un libro y una espada en su poder, objetos que hay que sustraerle. Una vez que haya sido localizada, es de carácter obligatorio enviar una carta a la Mansión Nórebol informando sobre la ubicación de los objetos que le hayan sido sustraídos.
Xalara dobló la ficha en tres partes iguales y se la guardó en el bolsillo de la cazadora vaquera.
Luego caminó hacia la ventana para huir de la casa, pero tras comprobar que las dos ventanas existentes estaban bloqueadas, seguramente mediante arlasofía, se fue hacia la puerta.
Estiró una mano para agarrar la manilla, pero en ese preciso instante, la puerta se abrió y tuvo que retroceder para evitar que le golpease en la cara.
—¿Te vas? —preguntó Ed con otra risita.
—Sí, gracias por la cena, pero debo irme. Mi amigo estará preocupado.
—¿Y qué pasa con mi preocupación? —inquirió Ed, mirando el libro descolocado en la estantería.
—Lo siento, no le entiendo. Déjeme pasar —dijo Xalara, intentando hacerse un hueco entre Ed Travis y la puerta, pero él lo evitó de inmediato.
—No puedes irte.
—Usted dijo que no me retendría.
—¿Lo dije? No lo recuerdo —argumentó Ed, que cerró la puerta y estiró su mano hacia una de las cerraduras—. Dunoxdita.