Chapter 23 El puente de Vériendol #3
Me estaba ahogando y supe que moriría. Sin embargo, algo me sujetó por la mochila y sentí cómo me impulsaba hacia arriba, sacándome del agua.
Pero de pronto se rompió la cinta de la mochila y se desprendió de mis hombros.
Vi cómo desaparecía en el agua y yo empecé a hacerlo con ella.
En ese momento, algo punzante me agarró por la espalda y tiró de la cazadora hacia arriba, arrastrándome hasta la orilla, donde pude aferrarme a una rama.
No supe qué era lo que tiró de mí, no llegué a verlo porque tenía los ojos llenos de agua.
Al principio pensé que habías sido tú —explicó—.
Luego miré al río y vi tus piernas asomando en el agua, moviéndose muy deprisa cerca de la orilla, pero no podías salir.
Entonces realicé la fórmula begagxio y tiré de ti con fuerza.
Pensé que no sería capaz, pero logré sacarte del agua.
Estabas totalmente inerte y no te notaba el pulso.
Después comencé a darte golpes en el pecho, pero no reaccionabas.
Ha sido horrible. Hasta que finalmente has empezado a toser y vomitar agua.
—Entonces me has salvado la vida, gracias.
—Tú habrías hecho lo mismo —contestó Xalara con frialdad mientras se ponía en pie.
—Hemos cruzado el río, ¿verdad? —preguntó Víliam, incorporándose hasta quedar sentado.
Xalara asintió, mordiéndose el labio inferior mientras sonreía.
—Qué bien, pero ahora necesito descansar, me siento demasiado débil para seguir caminando.
—Sí, claro, no te preocupes, descansa, seguiremos cuando estés listo.
—Vale, gracias una vez más.
Xalara sonrió con los labios apretados, y el chico cerró los ojos con el miedo de que, cuando los volviera a abrir, ella ya no estuviese a su lado.
Al despertar tres horas más tarde, lo primero que hizo Víliam, como si hubiera deseado despertarse solo para comprobarlo, fue tocarse la cintura en busca de su espada.
—¿Dónde está mi espada? ¿Dónde está mi espada, Xalara? —preguntó al verificar que ni siquiera tenía la vaina.
La muchacha, que estaba sentada de espaldas a Víliam, se giró sobresaltada.
—Cuando te saqué del río, ya no la tenías. Se te ha debido de soltar mientras estabas dentro del agua —explicó—. Por suerte, la mía no se ha perdido.
—Eres una egoísta, siempre pensando en lo tuyo —se quejó Víliam.
—¿A qué viene eso ahora?
—Era la espada de mi padre, el recuerdo que más me unía a él, y ahora lo he perdido por tu culpa —adujo Víliam poniéndose en pie.
—¿Perdón? —replicó Xalara, levantándose del suelo también.
—Te dije que no cruzásemos ese maldito puente. Te dije que era una auténtica locura hacerlo, pero claro, como era tu decisión, pues ya no importaba nada más, qué más da lo que piense el tonto de Víliam. Pues ahora mira a dónde nos ha llevado tu estúpida decisión —dijo señalando muy enfadado al río.
—Por si todavía no te has dado cuenta, mi decisión nos ha llevado a la otra orilla, que era esencialmente lo que queríamos.
—Sí, ya, pero ¿a qué precio? Hemos estado a punto de morir los dos, de no ser por la, según tú, extraña fuerza llegada de la nada que te sacó del río —dijo mordaz, pero con un tono cargado de ira—.
Algo que me parece tan cierto como lo de que puedes ver el pasado o que tuviste un encuentro con los nukternozes…
—Es exactamente lo que ocurrió. Tengo la cazadora desgarrada por donde tiraron de mí y unos rasguños en los hombros —replicó Xalara, girándose para enseñarle los agujeros—.
Siento lo de tu espada, sé que le tenías un enorme cariño, pero mejor que haya sido la tuya y no la mía, ya que es mucho más importante y valiosa para todos.
—Lo será para ti, no para mí.
—Creí que sabías a lo que nos enfrentamos y lo que está en juego.
—Ni tú misma lo sabes, Xalara —le recriminó—. Y deja de fingir que te importan los demás, nunca ha sido así. Solo te importa tu propio bienestar, no el de la sociedad ni el de nadie en particular.
—Víliam… ¿Por qué? —preguntó Xalara, a punto de echarse a llorar.
—Y te diré algo más —dijo señalando a la chica con un dedo acusador—. Solo quieres que esté a tu lado porque lo ponía en esa antigualla de libro, si no me habrías mandado a la mierda a las primeras de cambio.
—Es cierto, pero eso era antes, al principio —reconoció Xalara, rebajando el tono de voz—. Ahora te quiero a mi lado porque eres mi amigo.
—¿Sí? ¿Soy tu amigo?
—Claro.
—Pues los amigos saben escuchar los consejos de sus amigos, y ese es tu problema, que no sabes ni quieres escuchar a nadie. Debería estar cuidando de mi madre y no aquí contigo jugándome la vida seguramente por nada.
—¡Pues vete! —bramó Xalara, harta de sus reproches—. ¿A qué esperas? Corre a los brazos de tu mamá, ¿no es eso lo que quieres? Ya no hay nada que te lo impida, ¡así que vete!
—Claro que me voy. Debí hacerlo el primer día en cuanto tuve ocasión —aseguró Víliam—. No pienso estar con alguien que no quiere a nadie a su lado. Estás sola, siempre lo has estado y así acabarás.
—¿Algo más?
Víliam abrió la boca, pero finalmente no dijo nada. Sin embargo, lo expresó todo con una última mirada.
El muchacho se dio media vuelta y se alejó muy deprisa, dejando sola a Xalara que, entre lágrimas, vio cómo Víliam caminaba hasta perderse de vista.