El Fantasma del Tiempo (Arlasófica 1) Chapter 23 El puente de Vériendol
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Chapter 23 El puente de Vériendol

Víliam comprendió que el desconsuelo que atormentaba a Xalara tras conocer la muerte de su madrina no desaparecería de la noche a la mañana; y el haberse visto obligada a matar a Óvid Esben terminó de colmar su carga emocional.

Por todo ello, no le sorprendió que durante las horas posteriores tras marchar del pueblo de Falens, apenas hubiesen intercambiado unas pocas palabras.

El chico se había limitado a seguirla, pues era consciente de que Xalara interpretaba sin dificultad las indicaciones del mapa y no era necesario molestarla con preguntas inútiles ni sugerencias que, dado el estado de ánimo de la muchacha,

solo los habría llevado a mantener una discusión innecesaria.

Víliam estaba muy animado desde que robó el mapa en la casa de Óvid Esben, sintiéndose satisfecho por lo que él consideraba un gran logro, y no dejó que el mal humor de su amiga se lo estropease. No obstante, era imposible abstraerse por completo y disimulaba su alegría cuando ella podía verlo.

Habían transcurrido más de veinticuatro horas desde que se alejaron de Falens, siguiendo la dirección que les indicaba el mapa para llegar a lo que Víliam supuso que sería un puente, dado que el río Verien tenía que ser su próxima parada.

No necesitaba un mapa para saber que, si querían llegar a la capital, antes debían cruzarlo.

En varias ocasiones, Víliam se vio tentado de interrogar a Xalara acerca de esas supuestas visiones que tenía del pasado, algo que él no terminaba de creerse, pero, por otro lado, sabía que ella era una persona muy lógica y escéptica, y aquellos ojos que había puesto su amiga…

aún era incapaz de borrarlos de su mente.

Por no hablar de El Fantasma del Tiempo que, fuera lo que fuese, con toda probabilidad les esperaba en el lugar al que se dirigían.

A última hora de la tarde del día anterior, se adentraron en una zona de amplias colinas donde confluían un sinfín de riachuelos que parecían ir a desembocar al mismo sitio.

Lo peor de aquel terreno era el constante sube y baja al que tenían que enfrentarse sus piernas, ya torturadas después de tantas jornadas de caminata colmadas de sobresaltos.

Habían emprendido la marcha temprano esa mañana y caminaron durante varias horas sin detenerse. Era complicado imaginar que cerca de ese lugar pudiera encontrarse algún tipo de construcción.

Víliam se detuvo en la cima de una de esas colinas y, haciéndose visera con la mano, intentó divisar algo que le sirviera de referencia para ver a dónde se dirigían.

Sin embargo, tan solo logró distinguir más colinas bañadas por los oblicuos rayos del sol que se filtraban a través de unas pocas nubes de evolución.

—Vamos hacia el Puente de Vériendol —le dijo Xalara, que se había acercado por detrás sigilosamente.

Cuando Víliam quiso indagar sobre aquel puente, pues no le sonaba de nada, su amiga ya descendía la colina a buen paso y reprimió la pregunta. Pero Xalara parecía más predispuesta a entablar una conversación y por eso el chico corrió para ponerse a su altura.

—¿Y queda mucho para llegar? —preguntó con suma delicadeza.

—Según el mapa, unos pocos kilómetros, creo que no más de cinco.

—Estupendo —profirió Víliam con alivio.

—No será fácil cruzar el puente, no sé en qué estado se conservará —le advirtió Xalara, renunciando una vez más a que Víliam se dejase arrastrar por un exceso de optimismo.

—¿A qué te refieres?

—Es un puente muy antiguo y abandonado, hace siglos que está en desuso —explicó ella.

—¿Siglos? —le salió un gallo al preguntar.

—Sí.

La percepción de la palabra «siglos» hizo sentirse a Víliam muy insignificante.

A continuación, tuvieron que atravesar un riachuelo de escasa profundidad. Aunque resultaba incómodo tener los pies mojados, el calor apretaba con fuerza y la cantidad de riachuelos significaba que el río Verien debía estar muy cerca, por lo que no tenían motivos para quejarse.

Tras otra media hora de caminata y gracias al espacio que había entre dos colinas, al fin divisaron algo destacable.

Víliam observaba ceñudo y con los ojos entrecerrados la construcción que se encontraba a un par de colinas de distancia.

Vista desde allí, la edificación vibraba como si se tratase de un espejismo.

—Ese es el puente —señaló Xalara después de que el muchacho ya lo hubiese visto.

Llamar puente a eso se antojaba un tanto complicado, puesto que solo quedaba el esqueleto del puente por así decirlo.

Los arcos de piedra que otrora habían servido como sustento para la calzada, eran lo único distinguible, y ninguno seguía estando unido al otro de manera aceptable para cruzarlo sin peligro.

Sin embargo, lo que más captó la atención de Víliam fueron las ruinas de dos pequeños edificios situados en los términos del puente.

El río era ancho en extremo y el agua bajaba con una fuerza desmesurada, algo que no hizo más que acrecentar la preocupación de Víliam.

Lo mismo parecía ocurrirle a Xalara, dado el miedo y la tensión que transmitían su rostro.

No era la primera vez que el chico veía el río Verien, de hecho, lo había visto en varias ocasiones.

Recordaba especialmente una en la cual había ido con su madre, su padrastro, los nuevos amigos que le impusieron en Bibrébem y los padres de estos, y habían pasado un día entero en el río; una jornada que recordaba como tediosa y desagradable.

Por lo menos en aquella ocasión no tuvo que enfrentarse a ningún peligro, al contrario de lo que, en principio, sí ocurriría esta vez.

Siguieron avanzando.

Víliam optó por esperar hasta estar más cerca y tener una visión clara del estado real en el que se encontraba el puente, antes de expresar sus objeciones y defender su teoría de no cruzarlo.

Al llegar a la colina que precedía al puente, tuvieron que meterse por un túnel que los conducía directamente hacia él. Era una formación natural, bastante amplia y corta, y no fue necesario iluminarla mediante arlasofía, porque la claridad que entraba por el otro extremo era más que suficiente.

Tras salir del túnel, se encontraron frente al edificio situado en la entrada del puente.

El edificio mostraba un estado de conservación deplorable, no muy distinto del propio puente o del edificio que se atisbaba en la otra orilla.

Cuando Víliam se disponía a expresar su rechazo a cruzar el puente, Xalara tomó la palabra.

—Este puente fue ordenado construir por el Rey Erseo Primero de Bibrébem en torno al año 1600 a.

U., cuando ya habían conquistado todo el terreno que quedaba al sur del río Verien.

Más tarde, serviría como el único nexo de unión entre ambos Reinos: Bibrébem y Árlay —explicó con el entusiasmo que siempre empleaba para hablar de algo que le fascinaba, un tono con el que Víliam ya estaba familiarizado.

Aunque seguía sin entender el afán de su amiga por las cosas viejas, él lo único que veía eran unas ruinas, nada más—.

Pero en aquel momento, el verdadero motivo de su construcción, fue permitir que las tropas de Bibrébem pudiesen avanzar y conquistar los territorios que quedaban al norte del Verien.

»Pero este que vemos no es el puente original —continuó—, porque aquel era de madera.

El puente de piedra fue ordenado construir por el Rey Edwin Primero en torno al 1050 a.

U. En ese momento, el Reino de Bibrébem ya había conquistado todo el terreno conocido y ordenó derrumbar el antiguo puente de madera para construir uno nuevo de piedra, llamándolo el Puente de Vériendol, en honor al nombre de un pueblo cercano ya desaparecido.

Los edificios que hay a cada lado son casetas de peaje, añadidas posteriormente para cobrar un dinero a quienes cruzasen el puente, además de controlar quién lo hacía, aunque después sirviesen para…

—No te ofendas, pero no me preocupa lo que pasó hace mil años, sino el aquí y ahora —le reprochó Víliam, cansado de tanta palabrería—. ¿Has visto el estado del puente? Si es que se le puede llamar así…

—Sí, lo veo —respondió Xalara con una mirada despectiva.

—No podemos cruzarlo, tenemos que buscar otra forma.

—No hay otra forma —repuso rotunda, pero sin alterarse.

—¡Claro que la hay! —exclamó Víliam—. Está el otro puente.

—Ya sabes que nadie puede verme, no voy a discutir lo mismo de siempre.

—Si morimos hoy aquí, nadie volverá a verte.

Xalara contempló el puente con fijeza, pareciendo no saber qué decir. Víliam abrigó la esperanza de que su amiga recapacitara y diese marcha atrás en sus intenciones.

—Tenemos que hacerlo —sentenció ella, con un tono de voz que evidenciaba su falta de convicción.

—Es una locura, Xalara, una auténtica locura.

—Todo lo que hemos hecho hasta ahora lo es, tú mismo lo dijiste.

—Eso no justifica que hagamos una más —Víliam percibió la duda en su amiga y por eso continuó con su alegato—. Sigamos avanzando sin perder de vista la orilla, ya se nos ocurrirá algo, encontraremos una forma más segura de cruzar el río.

—No, yo voy a cruzar por aquí —proclamó Xalara sin apartar la vista del puente—. Pero soy consciente del peligro que conlleva; si decides no acompañarme lo entenderé.

El chico sintió unas ganas tremendas de negarse. Pues pensó en su madre y en la posibilidad de dejarla sola con el indeseable de su marido, con todo lo que ello conllevaba. Sin embargo, tampoco podía abandonar a Xalara. Ya le había fallado una vez en el pasado y no iba a volver a hacerlo.

—Iré contigo —anunció finalmente Víliam, y vio cómo Xalara esbozaba una sonrisa apenas perceptible. Eso fue más que suficiente para que él terminara de convencerse.

Sin retrasarlo por más tiempo, Xalara sorteó las ruinas del edificio de entrada, situándose frente a frente con el puente, el cual parecía desafiarla como si ella fuese un enemigo al que debía vencer.

Víliam la siguió, y con cada paso que daba, más peligrosa consideraba la empresa que estaban a punto de acometer.

Desde allí podían distinguir partes en las que el suelo estaba unido, y aunque fuesen muy estrechas, podrían avanzar sin demasiadas dificultades.

Pero más adelante se atisbaban otras zonas donde tendrían que saltar de un lado a otro, dado que no había ninguna base firme en la cual apoyar los pies.