El Fantasma del Tiempo (Arlasófica 1) Chapter 18 Preguntas, evidencias y decisiones #3
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Chapter 18 Preguntas, evidencias y decisiones #3

—Yo había pensado que mejor sería pillarlos desprevenidos —manifestó Víliam—, y evitar de todas las formas posibles un enfrentamiento directo con armas de por medio.

—No creas que me apetece batirme en duelo con ellos, pero es muy probable que algo así ocurra y quiero estar preparada llegado el momento —dijo Xalara sin dejar de practicar,

provocando que otro rayo saliese disparado de su espada para terminar impactando sobre una piedra a escasos metros de su posición.

—Como primer ejercicio, deberías controlar cuándo quieres que la espada lance algo y cuándo no —señaló Víliam.

—Yo creía que, si movía la espada tal y como tiene que ser, la arlasofía surgiría sin poder remediarlo —admitió Xalara.

—No, eso no funciona así —aseguró Víliam—.

Es verdad que si no realizas el movimiento como es debido, no va a pasar nada.

Puede que se ilumine la punta o que produzcas algunas chispas, pero nada más.

Sin embargo, con la mente debes ser capaz de controlar la arlasofía que fluye por tu brazo.

Tú y el arma tenéis que ser una sola unidad, como si la espada se tratase de una extensión de tu brazo y de todo tu cuerpo al mismo tiempo. No sé si me explico bien.

—Sí, creo que sí —dijo Xalara deteniendo sus movimientos.

—No es fácil —le avisó Víliam—, pero con mucha práctica se consigue. Trata de controlar primero tu respiración y únete mentalmente con la espada, siéntela como parte de ti.

Xalara puso la espada frente a su cara, mirándola de forma desafiante. Después cerró los ojos.

—Ah, otra cosa —profirió Víliam—. No es necesario pronunciar ninguna palabra para utilizar una espada.

—Eso ya lo sé. ¿Podrías callarte? Trato de concentrarme —se quejó Xalara.

—Vale, perdón. Voy a desayunar —dijo Víliam y cerró la ventana, para volver a abrirla un instante después—. ¿Puedo pedirte algo?

—¿El qué?

—¿Podrías entrar un minuto? Necesito salir a mear.

Xalara chascó la lengua.

—Vaya, que explícito por tu parte —respondió con ironía y entró en el refugio para evitar que se desvaneciera.

Poco después, Xalara volvía a estar fuera, pero le era imposible concentrarse, pues su pensamiento regresaba una y otra vez al Fantasma del Tiempo.

Una hora más tarde, aunque estaba convencida de que no había dejado de observarla en ningún momento, Víliam volvió a asomar la cabeza por la ventana.

—¿Qué tal lo llevas?

—Yo creo que ya lo tengo controlado —mintió Xalara.

—¿Tan rápido? Imposible. A ver, intenta hacer algún movimiento sin que brote la arlasofía —dijo Víliam, desafiándola.

Xalara realizó una sacudida que a simple vista parecía efectiva.

De hecho, de su espada brotó un haz de luz plateada que impactó sobre un pino del que apenas le separaba un metro de distancia.

Varios trozos de corteza salieron proyectados hacia su cara, provocándole un dolor parecido a la picadura de muchos mosquitos.

—Ves, ya te lo decía yo —se burló Víliam—. Has mejorado en la ejecución, pero te queda mucho trabajo por delante para llegar a controlarlo. Además, no has colocado bien los pies, tienes que ponerlos más en paralelo con tu cintura para poder apuntar bien.

Xalara observó de soslayo al muchacho, dirigiéndole una mirada asesina. Desanimada, no volvió a practicar durante el resto del día, sino que se dedicó a mirar por la ventana esperando algo que no llegaba.

Después de la cena, cogió una rama de las que habían traído para hacer leña y se puso a practicar algunos movimientos mientras Víliam, que le había sugerido la idea de practicar así para no correr riesgos,

dormitaba encima del sofá ojeando un periódico que tenía dieciocho años de antigüedad y que encontró a media tarde debajo del sofá.

El paso del tiempo y la humedad habían emborronado todas las letras, pero las fotografías sí se distinguían con más o menos claridad.

En una de esas cabezadas, el periódico se le cayó sobre la cara e hizo que se espabilara un poco, lo suficiente para poder corregir a Xalara una vez más.

—Eh…

—Ya sé que no lo estoy haciendo bien, no hace falta que me corrijas, ahórrate el comentario —se adelantó Xalara.

—Sí, es verdad, lo estás haciendo mal —confirmó Víliam levantándose del sofá—, pero lo estás haciendo casi bien. Solo tienes que tratar de no doblar tanto la muñeca hacia abajo al final del movimiento.

—¿Cómo? ¿Así? —preguntó Xalara, haciendo un nuevo intento.

Víliam se acercó a ella y le puso una mano sobre la cintura para corregirle la posición del cuerpo. Con la otra mano, haciendo gala de una extrema delicadeza, le sujetó la muñeca que empuñaba la rama para enseñarle cómo frenarla en el momento preciso.

—Justo así —respondió al fin tras hacer el movimiento por ella.

Sin embargo, Xalara no pudo fijarse en la técnica, pues no estaba cómoda teniendo a Víliam tan pegado a ella, por lo que se apartó del muchacho y arrojó la rama sobre el montón de leña; tenía los pómulos colorados.

—Ya he practicado bastante por hoy, es hora de ir a la cama. Y por favor, no metas más leña, hace demasiado calor aquí dentro —dijo Xalara caminando hacia las literas.

—Hay una forma —comentó Víliam, que de repente parecía acelerado.

—¿Una forma de qué? —preguntó Xalara, deshaciendo la cama para meterse en ella.

—De causar mucho daño con la espada sin tener que hacer ningún tipo de movimiento. Algo capaz de matar a decenas o cientos de personas y destrozar casi cualquier cosa en un radio de varios metros de distancia.

—¿Cuál? —preguntó sin dejar de darle la espalda al muchacho.

—Una forma en la que solo es necesario la concentración y la espada, sin tener que realizar ningún tipo de movimiento ni pronunciar fórmulas —Víliam se quedó callado a la espera de que Xalara mostrase interés, y a pesar de que la muchacha no pronunció palabra alguna, él continuó—:

La persona que quiera hacerlo, tiene que concentrar y canalizar toda su arlasofía en un solo punto, es decir, en su espada.

Si logra hacerlo y mantenerlo el tiempo suficiente, hará que la espada explote liberando toda esa arlasofía acumulada al mismo tiempo.

Solo hay un pequeño problema con esta técnica.

—¿Y cuál es?

—Que la persona que la realiza es la primera en morir.

—Vaya, bonita historia para irse a dormir —dijo Xalara mordaz mientras se introducía en la cama.

Víliam esbozó una sonrisa nerviosa.

—De todos modos, es muy difícil de realizar, casi imposible, diría yo.

Creo que haya pocas personas capaces de hacerlo, por el grado de dificultad que conlleva alcanzar una concentración tan alta —explicó Víliam que, por el tono empleado, parecía contarse a sí mismo entre las personas que serían capaces de llevarlo a cabo con éxito.

—He pensado que deberíamos volver a realizar guardias para dormir, por si vienen en medio de la noche y no nos enteramos —propuso Xalara, cambiando radicalmente de tema, pero sin dejar de mirar a la pared.

—Sí, yo también lo había pensado —reconoció Víliam.

—Bien, haz tú la primera guardia entonces, despiértame en dos horas.

—Vale, sin problema —dijo Víliam escueto, y cogió en el aire el reloj que Xalara le acababa de lanzar desde la cama.

La chica cerró los ojos con la cabeza vuelta hacia la pared. No tenía ganas de seguir viéndole la cara a Víliam, ni tampoco de que él viera la suya.

Pasadas las dos horas, Xalara relevó en la guardia a Víliam, que se acostó con tanta cara de sueño, que la muchacha tuvo serias dudas de que se hubiese mantenido despierto durante toda la vigilancia.

El día siguiente amaneció lluvioso y con un fuerte viento que se colaba por algunas rendijas de las maltrechas ventanas, provocando un silbido que, además de ser bastante desagradable, impedía escuchar con claridad cualquier tipo de sonido proveniente del exterior,

lo que ponía muy nerviosa a Xalara.

La lluvia obligaba a los muchachos a permanecer todo el tiempo dentro del refugio, ya que tampoco podían salir al porche al venir azotada con fuerza en esa dirección.

Desde la noche pasada, Xalara intentaba no cruzar demasiadas miradas con Víliam, por lo que se pasó gran parte del tiempo acodada sobre la repisa de la ventana y con la vista enfocada al exterior.

El muchacho también parecía esquivar su rostro, produciéndose un extraño ambiente donde los dos trataban de evitarse, algo que era imposible, dado que el refugio evanescente era demasiado pequeño para ello.

A medida que avanzaba el día, la lluvia no dejaba de martillear sobre el tejado de chapa, y el agua que se acumulaba en el exterior se hacía cada vez más evidente.

El lugar donde estaba situado el refugio era propicio para ello, pues su ubicación era un minúsculo valle formado por pendientes muy pronunciadas que le otorgaban un aspecto de pozo, y Xalara estaba convencida de que el agua no tardaría en colarse dentro si la intensidad de la lluvia no disminuía.

Cuando llegó la hora, Víliam se ofreció para servir la comida.

El muchacho mostraba un comportamiento extrañamente sumiso, como si se sintiese culpable por algo y buscase el perdón de Xalara.

Ella estaba sentada en su cama, con la espada envainada sobre sus rodillas y sin dejar de observarla; aunque su mirada perdida delataba que la espada no era el centro de sus pensamientos.

Bien entrada la tarde, la lluvia seguía arreciando con fuerza y aunque había disminuido un poco su intensidad, los presagios de Xalara se cumplieron.

El agua comenzó a colarse en el interior del refugio por el fino espacio que había entre la puerta y el suelo de hormigón.

Como solución temporal para frenar el avance del agua, colocaron las sábanas de una de las camas que no usaban para que estas absorbieran el agua, con la esperanza de que la lluvia remitiese más pronto que tarde.

Cuando comenzaba a oscurecer, algo antes de lo habitual dado el cielo nublado, Víliam encontró en el armario, dentro de una caja carcomida por los ratones, un aparato de radio que, aunque llena de polvo y de excrementos de ratón, parecía estar nueva.

—Mira lo que he encontrado —dijo Víliam mostrando orgulloso el aparato.