El Fantasma del Tiempo (Arlasófica 1) Chapter 17 El refugio evanescente #3
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Chapter 17 El refugio evanescente #3

—No me malinterpretes, Kéitel, mi lealtad hacia él es infinita y tú lo sabes —aclaró Orfeus—. Solo digo que por dormir bien esta noche no nos va a pasar nada malo, sino todo lo contrario, pensaremos con mucha más claridad.

—¿Y si está por aquí cerca y la perdemos por dormir? —expuso Briana.

—Yo quiero dormir ya —rezongó de pronto Jerom como si fuese un enorme niño pequeño, interviniendo en la discusión que mantenía su hermana con Eslamánder.

—Ves, tu querido hermanito piensa lo mismo —dijo Orfeus con un deje de reticencia.

—Vale, está bien, dormiremos aquí —aprobó Briana mirando a su hermano.

Xalara y Víliam se miraban fijamente a los ojos, compartiendo el miedo para ver si así se hacía más llevadero.

—¿Qué hacemos ahora? —susurró Víliam con gran inquietud.

—Esperaremos a que se duerman y nos iremos —planeó Xalara, que se asomó para ver con más precisión a los herederos, pero al hacerlo, pisó una rama seca que se partió por la mitad, produciendo un sonoro crujido.

Los tres herederos voltearon sus miradas al unísono hacia el lugar donde se encontraban los muchachos.

Víliam abrazó a Xalara y la atrajo hacia él para evitar que la viesen. Sus cuerpos se quedaron pegados, tanto, que Xalara sentía la cálida y agitada respiración del chico mezclándose con la suya; ambos corazones latían apresurados.

—Os dije que había alguien —se envalentonó Briana desenvainando su espada.

Orfeus y Jerom también desenvainaron las suyas. Eslamánder hizo una seña con la mano y caminaron hacia el pino.

—¡Vámonos! —susurró Xalara, y los jóvenes echaron a correr.

Los haces de luz no tardaron en asediar a los muchachos.

Xalara no quería mirar hacia atrás, creía inútilmente que, si no lo hacía, los herederos no la reconocerían y dejarían de perseguirlos.

De un momento a otro se percató de que Víliam ya no corría a su lado y, cuando giró la vista para buscarlo, vio que este se levantaba del suelo con mucha rapidez tras haber tropezado.

Los ataques de los herederos continuaban pasando muy cerca, y Xalara se sorprendió de cómo unas personas que tenían muchos más años que ellos y que habían pasado tanto tiempo encerrados en una celda, pudiesen mantener el ritmo de carrera a unos adolescentes, aunque eso sí, bastante fatigados.

Entraron en una zona donde los pinos eran mucho más bajos y estaban más juntos, y donde esquivar las ramas que casi besaban el suelo se hacía complicado.

Xalara tuvo que agacharse para poder pasar por debajo de una y, cuando quiso levantarse para seguir avanzando, algo la detenía.

Cuando miró al frente, vio que Víliam desaparecía en la oscuridad después de esquivar una piedra de gran tamaño y, cuando miró hacia atrás, con el pavor de que fuese la mano de uno de los herederos la que le impedía avanzar, vio que la mochila se le había enganchado a la rama.

Se desligó como pudo de los tirantes e intentó liberar la mochila, pero no fue capaz.

Un haz de luz impactó sobre otra de las ramas del mismo pino, y se vio salpicada por los fragmentos de madera producidos en el estallido.

Inmediatamente, otro rayo pasó muy cerca y se perdió en la oscuridad del bosque, dejando tras de sí una estela luminosa, hasta que terminó explotando en algún lugar que Xalara no supo distinguir.

Si no se iba de allí cuanto antes, los herederos la atraparían o uno de sus ataques terminaría alcanzándola.

Entonces intentó al menos abrir la mochila para llevarse el libro de sus padres, pero el enganche de los cinturones se había atascado con el árbol.

Por un instante, especuló con la idea de usar la espada para destrozar la rama, pero creyó que si lo hacía corría el serio riesgo de destruir la mochila con el libro dentro, y recordando sus escasos antecedentes con las armas, decidió no intentarlo e irse sin la mochila,

con la esperanza de que los herederos no la encontrasen y poder volver a recuperarla. Con esa idea siguió corriendo.

Tras recorrer unos cuantos metros se encontró de bruces con Víliam, que corría en dirección a ella.

—¿Dónde estabas? Creí que te habían atrapado —dijo muy asustado y con apenas aliento para que su voz pudiese ser entendible.

—He perdido la mochila.

—Da igual, yo sigo teniendo la mía, vamos —dijo Víliam, sin saber que la comida era la menor de sus preocupaciones.

En ese momento, dos haces de luz salieron disparados hacia los muchachos, que tuvieron que tirarse al suelo para evitar que les diesen. Un instante después se levantaron para seguir huyendo.

Sin el lastre de la mochila en su espalda, Xalara era más ágil y veloz que antes, lo que ocasionaba que dejase atrás a Víliam con suma facilidad, que tenía que seguir soportando el peso de la mochila.

Orfeus Eslamánder apareció frente a ellos.

De alguna manera había logrado atajar terreno, o puede que quizás hubiesen vuelto sobre sus pasos de forma inconsciente.

El heredero levantó su espada para atacarlos, pero los muchachos se separaron corriendo cada uno hacia una dirección diferente, creando confusión en su perseguidor.

Xalara continuó corriendo sin saber hacia dónde lo hacía.

Era como estar inmersa en un laberinto de pinos, y tenía la certeza de que en cualquier momento se chocaría contra algún obstáculo que pondría fin a su huida.

Volvió a detenerse. El corazón se le salía del pecho y giró en redondo pensando qué hacer; de repente una mano tiró de su brazo con fuerza. Era Víliam.

—Ven, he encontrado algo.

Enseguida se hallaron ante un pequeño valle, donde en medio de un claro sin apenas vegetación, se encontraba una especie de cabaña de ladrillo que tenía el tejado de chapa verde, al estilo de los típicos edificios de Bibrébem.

—Creo que es un refugio evanescente —dijo Xalara tras observar durante unos segundos la cabaña.

—¿Un qué?

—Un refugio evanescente. Eran muy populares durante el reinado del Lórdezeit. Los crearon quienes eran contrarios a sus ideas para huir de la ciudad y ocultarse de…

Los herederos se acercaban, no había tiempo para clases de historia.

—¿Dices que ocultan a las personas?

—Sí, así es —confirmó Xalara con un deje de duda.

—Entonces ¿a qué esperamos?

Víliam comenzó a descender la pendiente con cuidado de no resbalar por la hojarasca de los pinos.

—Espera, no estoy segura de que sea un refugio evanescente.

—¿Qué otra opción tenemos?

Xalara, asumiendo que Víliam tenía razón, descendió tras él y fueron hacia la puerta de la cabaña, situada bajo un porche de madera desgastada y que, por suerte, estaba abierta. Entraron en su interior.

A simple vista no ocurrió nada destacable. Xalara vio que Víliam estaba temblando. Si se había equivocado y esa cabaña no era un refugio evanescente…

Los herederos llegaron al lugar y actuaron como si estuviese vacío. Aquello hizo que Xalara respirase un tanto aliviada, sobre todo al ver que en apariencia ninguno llevaba el libro de sus padres. Sin embargo, era consciente de que el peligro aún no había pasado.

—¿Dónde se han metido? —preguntó Briana.

—Los vi bajar hacia aquí, estoy seguro —contestó Orfeus Eslamánder con un deje de incredulidad—. Es como si se los hubiese tragado la tierra.

—Sigamos buscando, no se nos pueden escapar —dijo Briana, y los tres herederos se fueron creyendo que los muchachos seguían huyendo.

—Aún no me creo lo que acaba de pasar —dijo Víliam con una mezcla de confusión y euforia, mientras Xalara miraba por la ventana comprobando que los herederos se alejaban.

—Todavía no cantes victoria.

—¿Estás segura de que aquí dentro no podrán encontrarnos?

—Ya lo has visto, han pasado de largo y ni han sospechado que pudiese haber algo. Pero estos refugios tienen un problema. Son invisibles, pero no intangibles, si caminan sobre el lugar donde se ubica, chocarán contra él y entonces solo es cuestión de tiempo que descubran el misterio.

—De todas formas, a mí me parece algo fascinante.

—Además, como su propio nombre indica, son evanescentes.

Una vez que sus huéspedes abandonan el refugio, este desaparece y cambia de lugar —dijo Xalara, que parecía empeñada en rebajar el entusiasmo de Víliam—.

Ahora está aquí, pero si los dos salimos fuera al mismo tiempo, se desvanecerá y aparecerá en cualquier otro sitio, incluso a cientos de kilómetros de distancia, siempre y cuando no sea en un ámbito poblacional.

Víliam la escuchaba con la boca abierta.

—Los inventaron para poder resguardar a los ciudadanos de Bibrébem que eran contrarios a las ideas del Lórdezeit, y así evitar que fuesen perseguidos, torturados y asesinados.

Familias enteras se ocultaron en ellos durante años.

Lo último que leí sobre estos refugios es que la mayoría habían sido destruidos como símbolo del fin de la opresión de la Orden de los Herederos.

—Fascinante… Está claro que cuando las personas unen sus fuerzas, pueden surgir cosas tan maravillosas como estas —dijo Víliam embelesado—. ¡Qué suerte hemos tenido de toparnos con uno!

—¿Suerte? —preguntó Xalara indignada—. Mira que son grandes Las Cinco Comarcas y tenemos que encontrarnos con los herederos en un bosque de pinos situado en medio de la nada.

—Ha coincidido así —dijo Víliam restándole importancia.

—No creo demasiado en las coincidencias…

—Tú siempre dejando profundas reflexiones —dijo Víliam con un tono simpático.

Xalara se apartó de la ventana y comenzó a buscar algo al lado de la puerta, hasta que encontró un interruptor de palanca y encendió la luz del refugio.

—¿Qué haces? —se asustó Víliam.

—No pasa nada por dar la luz —aseguró Xalara—, aquí nadie puede vernos, ni oírnos, ni tan siquiera olernos, no mientras permanezcamos dentro.

—Fascinante, realmente fascinante.

—Deja de decir «fascinante» —se quejó Xalara, y volvió a mirar por la ventana, nerviosa.

—Y tú deja de mirar tanto por la ventana y disfruta de lo que tenemos. Si tienes razón en lo que dices, aquí estamos a salvo.

Xalara prestó atención por primera vez a lo que había en el interior del refugio evanescente.

Tanto las paredes como el suelo estaban revestidos de cemento.

Una pequeña y redonda mesa de madera se hallaba en el centro de la estancia y cuatro sillas se situaban en torno a ella.