El Fantasma del Tiempo (Arlasófica 1) Chapter 15 Una compañía indeseada #3
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Chapter 15 Una compañía indeseada #3

Xalara no dijo nada, sino que con su mochila golpeó a Víliam en la cabeza, que cayó desplomado.

La chica le quitó el cinturón del pantalón y le ató las manos por detrás de la espalda.

Luego le ató los cordones haciendo que sus zapatos quedasen unidos.

Finalmente, le quitó la espada y después el reloj, pero antes de hacerlo comprobó que Víliam tenía pulso.

Durante un buen rato, Xalara pensó en salir de la cueva.

Sin embargo, prefirió esperar, ya que todavía era de noche y no quería volver a encontrarse con los nukternozes.

Ya había sido demasiado extraordinario haber sobrevivido a ellos una vez, como para tentar a la suerte de nuevo, y después de echar más leña al fuego, se sentó a esperar a que se hiciese de día.

Se quedó dormida y fue despertada por las quejas de Víliam horas más tarde. El fuego se había apagado, por lo que todo estaba oscuro y no podía ver la hora que era, puesto que el reloj carecía de manecillas fluorescentes.

—¡Xalara! ¡Dónde estás! ¡Suéltame, por favor!

Víliam se calló a la espera de una respuesta, sin embargo, Xalara se aguantó la respiración para no hacer ni el más mínimo sonido; quería esperar a que dijera algo que lo delatase.

—Se ha ido, maldita sea, se ha ido y me ha dejado aquí para que me muera —sollozó Víliam.

Xalara sintió un extraño impulso de echarse a reír, pero no fue porque estuviese disfrutando de la situación, sino porque le recordó a algún momento de la infancia cuando eran niños y ambos jugaban a esconderse en los alrededores de la casa.

—¿Por qué me has dejado? ¡¡Xalara!! —el volumen de sus sollozos reverberaba en las paredes de la cueva.

La muchacha ya no encontró más pretextos para seguir alargando aquella situación.

—Estoy aquí, deja de lloriquear.

—¿Xalara?

—Sí, soy yo —confirmó sin ningún tipo de entusiasmo.

—Oh, menos mal, creí que me habías dejado aquí solo —dijo Víliam sonando aliviado.

—Sí, ya te he oído.

—¿Por qué me golpeaste? ¿Y por qué me tienes atado? —preguntó Víliam furioso, aunque claramente confundido.

—Porque estás con ellos.

—¿Con quién?

—Con los herederos, no te hagas el tonto.

—Estás loca de atar —se quejó Víliam.

—No soy yo la que se ha unido a la Orden.

—Yo tampoco —negó Víliam—. Además, la Orden ya no existe.

—¿Y cómo explicas entonces que se hayan fugado de prisión los herederos?

—Porque son herederos —respondió el muchacho con un tono de evidencia que rozaba la burla.

—Tu historia no se sostiene de ninguna manera —razonó Xalara.

—Te he contado la verdad.

—Estás con ellos, ahora todo encaja —aseveró Xalara—. Eres amigo de Samanta Zolian, y su padre está encerrado en prisión por ser heredero, y además uno de los altos mandos, seguro que tu padrastro también lo es.

—Ya basta —exigió Víliam con una voz de lamento.

—Eres un clasista —prosiguió Xalara con su tesis—.

Te han lavado la mente, es por eso que llevas todos estos años torturándome, y todavía no sé por qué, pero la espada y el libro tienen un gran valor para la Orden, aunque tú eso ya lo sabes, claro.

Tú eres uno de ellos, por eso tratáis así a la tercera clase, porque los odiáis.

¿Cómo no he podido darme cuenta antes? Qué estúpida he sido —Xalara iba soltándolo todo de carrerilla, al tiempo que su mente hacía todas esas deducciones.

—Es evidente que lo eres —afirmó Víliam—. Estúpida, quiero decir.

—Pretendes ganarte mi confianza para llevarme ante los herederos, ese era el plan desde el principio, ¿no es cierto?

Ibas con ellos, tú los guiaste hacia mi casa y me viste escapar al bosque y por eso me has perseguido.

El domingo me estabas esperando en el río para pedirme que fuera contigo a la fiesta y así poder secuestrarme, pero al no aceptar tu propuesta, te viste obligado a cambiar de estrategia.

¿Y la espada? Cómo iba a tener tu padre una espada, si apenas teníais para comer; ¡es que todo es tan absurdo que no se sostiene!

—exclamó Xalara resollando de rabia, agarrando con fuerza la espada de Víliam.

—Mi padre robó esa espada cuando era muy joven —trató de explicarse Víliam.

—¿Y por qué no la vendió? Habría ganado mucho dinero con ella —dijo Xalara.

—Porque todas las espadas tienen un número de referencia asignado a su dueño —Xalara miró hacia su espada—. La tuya no lo tiene porque seguramente es demasiado antigua —aclaró el muchacho.

Xalara negó con la cabeza.

—Víliam Buendi murió el día en que te fuiste a vivir a Bibrébem y nació Víliam Greyson, el heredero —dijo la chica a modo de conclusión.

—Xalara, por favor, cálmate y piensa muy bien lo que estás diciendo.

Haber estado tanto tiempo inconsciente y sin apenas comer, te hace pensar de esa forma.

Tienes secuelas, es lógico. Siéntate, respira y relájate, verás cómo después lo ves todo de otra forma —dijo Víliam, que parecía tan nervioso como ella.

—¿Qué me relaje? ¿Te atreves a darme consejos, heredero de mierda?

—Por favor… —insistió Víliam desesperado.

—No pienso quedarme aquí a esperar a que lleguen tus compañeros y me atrapen —dijo Xalara y se levantó.

No se veía nada, por lo que tendría que crear una fuente de luz para poder salir de allí.

Había leído la fórmula en numerosas ocasiones en el manual de arlasofía, y sabía el procedimiento para llevarla a cabo, además antes se lo había visto hacer a Víliam.

Por un momento vislumbró a Aura en la oscuridad de la cueva, advirtiéndole de las consecuencias tan nefastas que tendría para ella realizar una fórmula arlasófica de manera ilegal.

Pero esta vez era diferente, si se quedaba allí dentro estaba condenada a morir, por lo que no se lo pensó demasiado.

Puso la palma de la mano hacia arriba, flexionó un poco los dedos hacia dentro y dijo:

—Volter.

Un pequeño fogonazo surgió de su dedo índice, apagándose de inmediato.

—Lo dices con poco entusiasmo, así nunca te saldrá —apuntó Víliam.

—Nadie te ha pedido ayuda.

—Debes visualizarlo de forma clara en tu mente antes de hacerlo, por eso la primera vez resulta tan complicado.

—Volter —dijo realizando la misma operación.

Esta vez se iluminaron todas las yemas de los dedos de la mano, pero se apagaron tan solo un instante después.

—Volter.

Sus cinco dedos se volvieron candentes, pero se apagaron.

—Tienes que mantener la concentración, si no se apagarán al momento —explicó Víliam—. Los primeros instantes son cruciales para mantener activa la fórmula durante más tiempo.

Xalara fingió no escucharlo, pero tenía en cuenta cada indicación que le daba y probó de nuevo:

—Volter.

Esta vez sintió un cosquilleo en los dedos, semejante a cuando logró realizar con éxito la fórmula para abrir la puerta de su dormitorio. La luz surgió en su mano y pasados unos segundos no se apagó, lo había controlado.

—Ya lo has hecho. Ahora, por favor, suéltame —suplicó Víliam.

—Olvídalo —dijo Xalara, y miró el reloj.

Aún no era de día, faltaban unas pocas horas para que amaneciera; parecía que el tiempo se hubiese detenido allí dentro.

Víliam no dejaba de observar a Xalara con ojos de compasión y ella se sintió un poco incómoda por tratarlo de esa forma, pero él tenía pensado hacerle algo peor, por lo que no debía sentir lástima. Aun así, no podía dejarlo allí tirado, si lo hacía no sería mejor persona que ellos.

—Vamos, levántate —dijo Xalara autoritaria.

—Lo haría si pudiese —protestó Víliam.

Se acercó al muchacho y lo ayudó a ponerse en pie. Después se apartó de él y desenvainó la espada apuntándolo con ella.

—Venga, camina —le ordenó Xalara mientras mantenía la fórmula volter activa en todo momento.

—¿Así? —dijo Víliam mirándose los zapatos.

—Sí, así —aseveró Xalara.

—¿A dónde quieres llevarme?

—Cállate y camina.

El muchacho se volvió hacia ella y apretó el pecho sobre la punta de la espada que enarbolaba Xalara.

—¿Y si no qué? ¿Vas a matarme? —preguntó Víliam desafiante.

—Espero que no sea necesario —respondió serena, aunque temerosa de que la espada lanzase algo en contra de su voluntad—. Vamos, camina.

Víliam mantuvo la mirada fija durante unos segundos en los ojos castaños de Xalara, donde se reflejaba la luz que brotaba de la yema de sus dedos, y volvió a girarse.

Empezaron a avanzar muy despacio hacia la salida de la cueva.

—¿Qué pasa, te cunde demasiado? —preguntó Víliam con sarcasmo al ver que Xalara resoplaba tras él con impaciencia.

—Camina —dijo ella, que estaba más pendiente de mantener la fórmula activa para no quedarse a oscuras, que del propio Víliam.

Tras un interminable trayecto llegaron a la salida.

Víliam salió primero por orden de Xalara, pero le costó mucho hacerlo estando atado de pies y manos y tuvo que arrastrarse como una serpiente para lograrlo. Una vez en el exterior, Xalara escrutó el lugar para comprobar que estaban solos.

—Creí que te ibas —dijo Víliam al ver que Xalara no se movía del sitio.

—No, todavía no —informó ella.

—¿Tienes miedo a la noche? —insinuó el chico.

—Te aseguro que tú también lo tendrías si hubieses visto lo que yo he visto —refutó Xalara.

—¿No seguirás creyendo que de verdad viste a los nukternozes?

—Si los vuelves a nombrar te juro que… —le amenazó Xalara levantando la espada, y la punta se iluminó durante una fracción de segundo.

—Es absurdo —dijo Víliam negando con la cabeza, pero no los nombró, seguramente al ver la espada iluminarse sintió que la amenaza era real.

El reloj fue avanzando y el sol comenzó a despuntar aclarando un cielo parcialmente nublado. Xalara no dejaba de caminar de un lado para otro, sin saber qué hacer y sin perder de vista en ningún momento a Víliam, que estaba sentado sobre una roca en la entrada a la cueva.

El peligro de los nukternozes acababa de desaparecer, pues sabía con certeza que esos seres solo aparecían durante la noche.

Tras deliberarlo largo y tendido, llegó a la conclusión de que de momento su única opción era la de esperar a Huberto, tener la esperanza de que hubiese sobrevivido a las llamas y cumpliera con su palabra de encontrarla.

Con el paso del tiempo, lo que tenía muy claro unas horas atrás, en ese momento ya no lo tenía tanto.

—Te está brillando la mochila —dijo Víliam con cara de sorprendido.

—¿Qué? —reaccionó Xalara deteniendo su continuo paseo.