El Fantasma del Tiempo (Arlasófica 1) Chapter 15 Una compañía indeseada #2
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Chapter 15 Una compañía indeseada #2

—Es cierto, no puedo regresar —reconoció Xalara volviendo a mirar a Víliam—. Pero tú sí, así que lárgate de una vez a Bibrébem y vuelve con tu mamá, tu padrastro y tus amiguitos.

—¿Vas a estar hablándome siempre con el mismo tono ofensivo?

—No es mi culpa.

—Tampoco mía —refutó el muchacho con la voz apagada.

—¿Ah, no? —expresó Xalara riéndose con ironía.

—Pues no —se reafirmó él—. Hay muchas cosas que tú no sabes sobre mí, sobre lo que sucede en realidad.

—En fin… —dijo Xalara, y apoyó la cabeza sobre la pared de la cueva, cerrando los ojos y mordiéndose el labio inferior con una mueca de repulsión.

Víliam parecía ahora molesto con ella, y cogió algunos trozos de madera que tenía amontonados al lado de la pared.

—No tienes ni idea, vale, no sabes por lo que he tenido que pasar —dijo entre apesadumbrado y enfadado mientras le echaba más leña a la hoguera.

—Tampoco me importa, la verdad —admitió Xalara sin abrir los ojos.

—Pues vale.

Víliam se sentó frente a la muchacha, apoyando la espalda en la pared opuesta y cerrando también los ojos.

Xalara entreabrió los suyos para mirar a Víliam, negando antes de volver a cerrarlos, comprendiendo que, por mucho que le dijera, el muchacho no estaba dispuesto a marcharse.

Casi sin darse cuenta, se había vuelto a quedar dormida y despertó a media tarde.

Lo supo porque miró el reloj de Víliam, que roncaba de forma estruendosa, ajeno a que ella hubiera despertado.

Al verlo dormido e indefenso se le pasó por la mente la vaga idea de que quizás Víliam no hubiese dormido en esos dos días por estar al cuidado de ella.

Eso hizo que sintiese un débil atisbo del afecto que una vez tuvo hacia el que fue su amigo, aunque sabía que ya no quedaba nada de aquel niño con el que pasó los mejores momentos de su vida.

Sin duda se encontraba mejor que antes de dormirse y se sentía con fuerzas para ir hasta esa supuesta fuente nombrada por Víliam. Con todo su desagrado, le dio unas patadas (con menos intensidad de la que le habría gustado) en la pierna para despertarlo.

—¿Qué pasa? —masculló Víliam con voz soñolienta y entreabriendo los ojos.

—¿Dónde está esa fuente?

El muchacho se levantó como si hubiese sido impulsado por una fuerza invisible.

—¿Ya estás mejor?

—¿Dónde está la fuente? —insistió Xalara, eludiendo la respuesta.

—Ven, te guiaré.

—No te he pedido que me lleves hasta ella, solo que me digas dónde está —repuso Xalara.

—Es que no sabría explicarte —dijo Víliam, pero ella percibía que el verdadero motivo era que no quería dejarla ir sola, aun así, no quiso discutirlo porque su cuerpo necesitaba beber agua cuanto antes.

—Volter —pronunció Víliam, y sus dedos se iluminaron—. No me mires así, yo tengo la licencia.

Atravesaron un largo y claustrofóbico túnel de piedra iluminado por la mano derecha de Víliam. Al llegar a la salida, la cual estaba mucho más lejos de lo que creía Xalara, tuvieron que agacharse y arrastrase por una estrecha grieta para lograr salir al exterior.

—No te imaginas lo difícil que fue meterte por la grieta cuando estabas inconsciente —comentó Víliam.

En el exterior, el día estaba nublado, pero no amenazaba lluvia.

Era difícil saberlo, pero en apariencia, ni los herederos ni cualquier otra persona parecían haber estado merodeando por allí cerca, aunque sí podrían haberlo hecho los nukternozes, pues ellos, como pudo comprobar Xalara, no dejaban ningún tipo de rastro al desplazarse.

La sola idea de pensar que hubiesen estado cerca hizo que se le pusiese la piel de gallina.

Víliam comenzó a caminar, y tras apenas un par de minutos entre árboles, hierba alta y teniendo que deshacerse de alguna que otra zarza caprichosa que se aferró a sus pantalones, llegaron a un lugar donde lo aguoso del terreno les advirtió que estaban en el sitio correcto.

Víliam le mostró la fuente en el suelo y le cedió el primer turno a Xalara para que bebiese.

La chica se arrodilló, pero antes de inclinarse para beber, se giró para mirar a Víliam, que esperaba detrás de ella.

—No voy a ahogarte, puedes estar tranquila —dijo él sonriendo, pero para disipar las dudas se colocó enfrente.

Xalara se sintió tan reconfortada cuando sació su sed, que se vio con energías para afrontar cualquier cosa.

Después de beber los dos, Víliam recogió algunas setas que habían crecido entre la hierba húmeda, con la intención de que fueran la cena de esa noche.

Regresaron a la cueva en silencio. Xalara no quería hablar con Víliam y él parecía dispuesto a no estropear la poca avenencia que había conseguido gracias a la fuente.

El muchacho cocinó las setas calentándolas en una hoguera que encendió mediante la fórmula fairefol. Xalara no estaba acostumbrada a ver de cerca las numerosas posibilidades que ofrecía la arlasofía, y comprendió que poder y saber utilizarla era la mayor habilidad que existía.

La cena transcurrió sin que ninguno de los dos abriese la boca para algo que no fuera comer, y aunque Xalara odiase el sabor de aquellas setas, las comió sin protestar, pues su hambre era más fuerte que su sentido del gusto.

Además, sabía que Víliam reconocía las setas, pues su padre, gran amante de la recolección, lo había adiestrado en ello desde muy pequeño; aun así no comió ninguna hasta ver que él las probaba primero.

Tras terminar la escasa cena y pasar un rato sentada al lado del reconfortante fuego, tomó conciencia de lo que en verdad estaba sucediendo.

Hasta ese momento no tuvo tiempo de pararse a pensar en cómo su vida había cambiado radicalmente en tan solo unas pocas horas.

En cómo había pasado de estar castigada y encerrada en su cuarto, a ser perseguida por unos herederos que se habían fugado de la prisión más grande e importante de Las Cinco Comarcas, con la consecuencia de que ahora se encontraba escondida en una cueva y acompañada por Víliam,

la última persona a la que hubiese querido encontrar.

Eso sin contar el hecho de haber sobrevivido al ataque de cinco nukternozes, algo de lo que estaba completamente segura a pesar de los negativos argumentos de Víliam para tratar de desechar la veracidad de su historia.

Todo era muy surrealista, pero al mismo tiempo tan real…

Volvió a acordarse de su madrina y se le hizo tal nudo en el estómago, que a punto estuvo de vomitar las setas.

Tan solo imaginarse que los herederos le podrían estar haciendo daño o que quizás la hubiesen…

No, apartó ese pensamiento de su mente, odiaba a Aura, pero no estaba preparada para que alguien muriese por su culpa, ese sería un gran cargo de conciencia difícil de soportar.

Otro caso era el de Huberto Cóbelpot, del cual no tenía demasiadas esperanzas de que hubiese podido escapar de las llamas, pero ese hombre había dejado claro que era una caja de sorpresas, por lo que también intentó ser optimista respecto a él,

y que incluso hubiese podido ayudar a Aura como aseguró que haría.

Puede que en ese mismo momento los dos la estuvieran buscando por el bosque.

Pero por otro lado también, según Víliam, el conductor de la estación de traslado había sido asesinado.

¿Habría muerto por su culpa? Comenzó a tener sudores fríos, la voz de Víliam la rescató de sus trágicas conjeturas.

—No quería preguntarte, viendo lo irascible que has estado todo este tiempo… pero no dejo de preguntarme dónde has conseguido esa espada.

—Tienes razón —respondió Xalara—, estabas mejor callado y no haciendo preguntas que no son de tu incumbencia.

—Bueno, simplemente era curiosidad… —se justificó Víliam.

—Mejor guárdate la curiosidad donde te quepa y ocúpate de que no se escape más veces, podría ser peligrosa.

Víliam sonrió.

—¿Qué te hace tanta gracia? —preguntó molesta.

—Lo mucho que te han cambiado los años —contestó Víliam con una media sonrisa—. Eras una niña tan amable y cariñosa… y ahora eres todo lo contrario, o al menos eso es lo que demuestras ser, puede que solo sea una máscara.

—Ya, yo podría decir lo mismo de otros…

—Venga, va, dime dónde has conseguido esa espada, llevo todo este tiempo dándole vueltas y creo que ese podría ser el motivo por el que te buscan los herederos —especuló el muchacho—. Esa espada parece tan especial… Además, ¿qué otro motivo podrían tener los herederos para buscar a alguien como tú?

—¿Siempre eres tan perspicaz en tus deducciones? —preguntó Xalara con un dejo de sarcasmo.

—¿Reconoces que es por la espada?

—No sé por qué me persiguen, ¿vale? —trató de zanjar Xalara—. ¿Qué te dije antes sobre la curiosidad?

—¿La has usado alguna vez? Bueno, ni siquiera tienes licencia para utilizar la arlasofía, todavía no puedes sacarte… un momento, ya tienes dieciocho años, los cumpliste el Día de la Libertad, felicidades.

Xalara agarró con fuerza la vaina de la espada y miró hacia otro lado, pensando que Víliam no tenía remedio y que todos estos años en Bibrébem lo habían convertido en un idiota insoportable.

—No te la voy a robar si es lo que estás pensando, si hubiese querido ya lo habría hecho mientras estabas inconsciente, ¿no te parece? —dijo al ver que Xalara agarraba la vaina.

—No puedo fiarme de alguien como tú.

—¿Alguien como yo? —preguntó Víliam resentido.

Se fulminaron con la mirada, como si se estuviesen leyendo sus más íntimos pensamientos.

—Llevas años torturándome… —alegó Xalara.

—Ya te he dicho que hay muchas cosas que no sabes, y te he pedido perdón.

—¿Crees que todo se puede arreglar con un simple «perdón»?

—De eso trata pedir disculpas, Xalara —dijo Víliam—. ¿Qué más quieres que haga? No puedo dar marcha atrás en el tiempo, si pudiera hacerlo…

—¿Acaso hay alguna explicación para que tú y tus amiguitos me tratéis así?

—No los llames de esa forma —rezongó Víliam.

—Lo siento, no era mi intención ofender a: «tus amiguitos».

—No los ofendes a ellos, sino a mí.

—Todavía no entiendo que con lo mal que te estoy tratando sigas a mi lado y no te quieras ir —hizo una pausa—. A no ser que…

Xalara miró a Víliam con la mayor expresión de recelo posible, mezclada con el gesto de alguien que ha descubierto algo muy importante.

—A no ser que, ¿qué?