El Fantasma del Tiempo (Arlasófica 1) Chapter 12 Y hoy ya está aquí #3
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Chapter 12 Y hoy ya está aquí #3

—Desde la fuga de los herederos, la inquietud se ha instalado entre la ciudadanía —explicó Eignus.

—Dicen que ya casi los tienen —manifestó Aura.

Eignus se acercó un poco más a ella y bajó la voz para que nadie pudiese oír su conversación.

—Es mentira, todavía no saben nada de ellos.

—Pero es lo que cuentan en las noticias —afirmó Aura.

—La información que filtran desde el Gobierno… —Eignus negó—. No creas todo lo que lees o escuchas en la prensa, te lo dice un periodista.

—En el diario Las Comarcas… —dijo Aura dubitativa—, yo estoy inscrita a él y me lo envían a casa todas las mañanas.

A pesar de que la gente habla muy mal sobre ese periódico porque creen que solo publican mentiras, yo sí me creo las cosas que dicen, o que más bien decían hasta ahora, porque últimamente publican unas sandeces excesivas sobre la fuga de los herederos.

Le echan la culpa al Fantasma del Tiempo o algo así.

Fantasmas… ya ves, a estas alturas le echamos la culpa a fantasmas.

Eignus no se rio como Aura esperaba, más bien todo lo contrario, su rostro se volvió serio y guardó silencio.

—¿No creerás en esas idioteces? —preguntó Aura al ver el semblante de Eignus.

—Muchos creen que el Lórdezeit no murió como Alexios dice, no del todo al menos…

—¿No del todo? —preguntó Aura con una nota de tensión en su voz—. ¿Y dónde está entonces?

—Esa es la cuestión.

Aura se estremeció y su curiosidad se disparó.

—Tú como periodista, ¿qué opinas?

—No lo sé, Aura, su muerte, además de sorprendente, fue demasiado misteriosa y nunca vimos su cadáver.

Alexios jamás quiso dar explicaciones y adquiere un tono nervioso cuando le preguntan por ello —hizo una pausa—.

Desde hace meses algo se está urdiendo. Los rumores no cesan y cada vez son más los que afirman haber visto reuniones clandestinas en las tabernas del Barrio del Vaso Roto, donde herederos que no fueron capturados además de nuevos y fieles seguidores del Lórdezeit,

planean resurgir la Orden confiando en que su líder no murió, sino que sigue entre ellos de alguna manera.

—Todo eso suena a una historia para asustar a los niños. ¿Tú crees que esos rumores son ciertos? —añadió preocupada al ver que el gesto de Eignus no cambiaba.

—Después de todos mis años de experiencia en el periodismo… yo creo que toda mentira siempre tiene una base de verdad.

Aura se quedó en silencio, reflexionando la opinión de Eignus.

En el interior de la taberna la música cesó por completo y todos los que estaban dentro prorrumpieron en sonoros aplausos. Aura, llevada por la curiosidad, se asomó a la puerta y entró seguida de Eignus.

La hija de la kiosquera se acababa de subir a una caja de madera, haciéndose destacar por encima del resto. Al parecer se disponía a decir algo y todos la aclamaban expectantes.

Aura y Eignus volvieron al lugar de su reencuentro y se sentaron en las dos sillas, ocupando Eignus la que estaba más expuesta ante la puerta.

—Buenas noches a todos y feliz Día de la Libertad.

Parezco el presidente dando el mensaje anual —dijo mostrando el mismo desparpajo con el que se desenvolvía vendiendo periódicos, y todos rieron—.

Por petición expresa de Jonatan Burlen, al que le debo mucho por dejarme vender periódicos en la puerta de su taberna, algo que en otros lugares no se me permite —se escucharon algunos abucheos—.

Voy a cantar una canción, o más bien un himno que todos conocéis, titulado Y hoy ya está aquí, el cual hace honor a los caídos a manos de la Orden de los Herederos, pero también a todos aquellos que lucharon en busca de la libertad.

La hija de la kiosquera cerró los ojos, respiró profundo y comenzó a cantar con una espléndida y poderosa voz:

Cuenta la historia que todo cambió

y que en el pasado ocurrió,

los fantasmas y la oscuridad

se fueron para no regresar.

Por los que estuvieron y por los que estarán

luchando por la libertad,

sus nombres nunca hemos de olvidar

y por siempre recordar:

Que lucharon por la libertad

lucharon por la libertad

lucharon por la libertad

y hoy ya está aquí.

Sus almas se unieron al ejército de la noche

y su servicio nunca acabará,

sus rostros hoy ya no están,

pero su recuerdo perdurará.

Porque lucharon por la libertad

lucharon por la libertad

lucharon por la libertad

y hoy ya está aquí.

Porque lucharon por la libertad

lucharon por la libertad

lucharon por la libertad

y hoy ya está aquí.

En el mismo instante en que la hija de la kiosquera entonó la última palabra de la estrofa, la puerta de la taberna se abrió de una forma muy brusca.

Aura se dio cuenta y miró hacia la entrada, pero antes de que pudiese avisarlo, un haz de luz cruzó el espacio que había entre Eignus y la puerta, e impactó sobre su cuello, arrojándolo contra la pared y provocándole la muerte instantánea.

Dando un chillido de espanto, Aura se lanzó al suelo y se metió debajo de la mesa, a la vez que tres herederos irrumpían en la taberna empuñando las espadas en ristre. Aura no tuvo duda, eran los tres herederos fugados: Orfeus Eslamánder y los mellizos Briana y Jerom Kéitel.

Todos los que estaban en el interior de la taberna miraban a los herederos en medio de un horrorizado silencio.

Algunos, viendo sus caras, parecían no ser conscientes de lo que estaba ocurriendo, pero los herederos fugados de una prisión situada a cientos de kilómetros de Yadarme, se encontraban en esos momentos frente a ellos y la amenaza era real,

tan real que un hombre acababa de morir delante de sus narices.

Uno de los herederos entró al frente del trío y, a juzgar por su cuerpo escuálido y larguirucho, debía de tratarse de Orfeus Eslamánder, que se acercó al cuerpo sin vida de Eignus y le agarró la cara virándola hacia él, donde los ojos del cadáver miraban al más absoluto de los vacíos.

—Este no parece de tercera clase —informó Orfeus con la voz distorsionada, dirigiéndose a sus dos compañeros como si estuviesen viendo algún artículo de compra en un escaparate.

—Sería un asqueroso dobleclase —expuso una distorsionada voz femenina, por lo que estaba claro que se trataba de Briana Kéitel.

Orfeus soltó la cara de Eignus y se limpió la sangre de la mano sobre la chaqueta del cadáver.