El Fantasma del Tiempo (Arlasófica 1) Chapter 10 El Día de la Libertad
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Chapter 10 El Día de la Libertad

«Hola, sí, no están equivocados, por fin ha llegado. Hoy es nueve de abril y es el Día de la Libertad, nuestra gran festividad. Espero que ya tengáis preparadas vuestras mejores galas para celebrar esta noche de desenfreno» —anunció el locutor de radio con un tono de gozo desmedido.

Xalara, que tan solo pudo pegar ojo en cortos y agitados intervalos de tiempo, se despertó por el sonido de la radio.

Aura tenía el aparato a todo volumen en la cocina y recordó que su madrina hacía lo mismo cada año, «como si escuchar esas festivas palabras le hiciese olvidar todos los problemas y preocupaciones de su vida» —pensó irónicamente Xalara.

Aunque estaba agotada y con mucho sueño, Xalara se levantó de la cama, se deshizo de las legañas circundando sus párpados con los dedos índices y se acercó al calendario que tenía colgado en la pared, advirtiendo que llevaba varios días sin cambiar de hoja, exactamente desde el cinco de abril.

Arrancó las hojas restantes y, al ver el número nueve, tomó conciencia de lo que significaba, pues era su cumpleaños y alcanzaba la mayoría de edad.

A Xalara no le importaba en absoluto su cumpleaños, de hecho, nunca lo había celebrado, aunque Aura sí quiso hacerlo en varias ocasiones, pero ella siempre se negó.

Cada año, después de escuchar el saludo matinal de la radio con motivo de la festividad por el Día de la Libertad, su madrina subía al dormitorio y la felicitaba, aunque fuese sin demasiado entusiasmo (algo de lo que carecía enormemente Aura), pero Xalara jamás se lo agradeció de forma explícita.

Al menos así ocurrió hasta que cumplió los doce, cuando comenzó a abrirse entre ambas una brecha emocional que terminó por convertirse en insalvable.

Xalara evocó por un instante aquellos tiempos que, a pesar de no ser buenos, eran mucho mejores que los actuales, pues las expectativas de celebración por su decimoctavo cumpleaños no iban mucho más allá de pasar el día encerrada en su habitación.

Abajo, Aura se encontraba en la mesa de la cocina extrayendo una pancarta y diversos adornos de una desvencijada caja de cartón. Desdobló la pancarta que rezaba: «FELIZ DÍA DE LA LIBERTAD» sobre la mesa y después la colgó de dos alcayatas que había situadas en una de las vigas del techo.

Tras actualizar el calendario, la atención de Xalara se desvió hacia la bandeja de macarrones que tenía sobre el escritorio.

Se sentó en el taburete y sin pensárselo dos veces, rebañó hasta la última porción de alimento, pues de nada le servía postergar aquella inútil huelga de hambre.

Después se fijó en la frase que titulaba la portada del libro de sus padres, y se dio cuenta de que aún no la había traducido.

Buscó entonces en el diccionario de arlayino y la traducción decía: «te guio, te advierto».

Al leer la frase ya traducida, despertó en ella más curiosidad si cabe.

No sin cierta reticencia abrió el libro.

La frase en arlayino que significaba «EL FANTASMA DEL TIEMPO», continuaba apareciendo en la página derecha, pero ahora las tres calaveras parpadeantes que la acompañaban habían doblado su tamaño.

¿Acaso ese libro le advertía de que El Fantasma del Tiempo suponía un peligro real para ella?

¿Esas tres calaveras significarían realmente peligro?

Habría dado por sentado que sí, de no ser porque ella no creía en los fantasmas.

Sin embargo, estaba segura de que todo aquello debía tener algún sentido.

Echó un vistazo a la estantería, en todos esos libros tenía que haber algo que hiciese alusión al Fantasma del Tiempo, aunque no recordase haberlo leído.

Guardó la bandeja debajo de la cama para que no le molestara, volvió a sentarse en el taburete y planeó cómo iniciar la búsqueda.

Se le ocurrió que la mejor forma, era empezar por el libro Cuentos y leyendas del Noroeste, porque estaba claro que se trataba de eso, una leyenda, y no se explicaba cómo un periódico pudo haberse hecho eco de una cosa tan absurda, hasta el punto de convertirla en el titular de su portada.

Sin embargo, ¿por qué diantres también lo nombraba el libro de sus padres?

Después de indagar sin éxito el primer libro, cogió todos los volúmenes del primer estante y comenzó a hojearlos página por página; sabía que le llevaría mucho tiempo, pero también que tendría muchas horas por delante para hacerlo.

A media mañana ya había hojeado varios libros sin encontrar en ellos nada referente al objetivo de su búsqueda, entre los que estaban títulos tan importantes como: Historia de Las Cinco Comarcas, Misterios de Las Cinco Comarcas, El primer Consejo o Los Reyes de Bibrébem,

libros en los que Xalara había depositado muchas de sus esperanzas, aunque también buscó (con menos vehemencia) en otros títulos como: Plantas grandes o Ríos de Las Cinco Comarcas.

Después amontonó todos ellos a la derecha del escritorio para continuar con los volúmenes del segundo estante.

Con estos tardó más tiempo, pues el cansancio iba haciendo mella en su vista y en su mente.

A la hora de comer y mientras oía el ajetreo de platos proveniente de la cocina, estaba terminando de revisar un libro que la distrajo durante un buen rato tras ver el nombre del autor, quien compartía el apellido Greyson con Víliam,

y eso hizo que volviera a recordar los últimos y desagradables encuentros con su antiguo amigo.

Cuando Aura empezó a comer volvió a poner la radio a todo volumen, pero en cuanto el locutor habló haciendo mención a la unidad familiar durante el día festivo, apagó el aparato, o eso le pareció a Xalara, quizás simplemente le había bajado el volumen.

La muchacha tenía una gran necesidad de acudir al baño y sintió un fuerte impulso de llamar a Aura para que la dejase salir a hacer sus necesidades.

Pero no le daría la satisfacción de tener que suplicarle por algo, aunque, por otro lado, era consciente de que no podría aguantar hasta el día siguiente sin hacerlo, sin embargo, esperaría a que Aura le brindase la oportunidad de forma voluntaria.

Con el paso de las horas y de los libros hojeados sin hallar nada referente al Fantasma del Tiempo, sumado a sus tremendas ganas de ir al baño y el cansancio de la búsqueda, la desesperación fue adueñándose de Xalara que, a media tarde, estaba sentada en el suelo,

con la espalda apoyada sobre la pared y rodeada de una infinidad de libros abiertos.

Cerca de las siete escuchó unos golpes en la puerta de la casa e instantes después reconoció la voz de Burlen en la cocina.

—Hola, Aura, feliz Día de la Libertad. Vengo a traerte el dinero que te debo.

Ayer os fuisteis de esa manera… Espero que no haya habido ningún problema grave —al ver que Aura no decía nada, prosiguió—.

También venía a hacerte un pedido para esta noche, creí que tendría suficiente en el almacén, pero parece que este año ha venido más gente de visita al pueblo.

—Vale —dijo fríamente Aura—, pues son 41 mupios y 45 céntimos, eso sin contar lo que me pidas hoy.

—Lo siento, pero con las prisas no me he acordado de coger más dinero, es que tengo la taberna hasta arriba. He tenido que dejar a mi prima al cargo y no puede estar mucho tiempo sola porque se agobia.

Aura se quedó en silencio y Xalara estaba segura de que vocearía a Burlen para echarlo de casa, pero se equivocó.

—Está bien… —dijo Aura con fingida mansedumbre—. ¿Qué querías para hoy?

—Pues espera, que saco la lista. Eh… sí, a ver… necesito… dos botellas de daldron, dos de whaiste n.º 3 y una del n.º 7; dos de drónder y tres de beitoise, a, y una de manderly n.º 7. Creo que eso es todo. ¿Dispones de ellas?

—Sí —contestó Aura sin ánimo—, baja conmigo al sótano y lo cargamos todo.

—¿No está Xalara? —preguntó Burlen, pero no obtuvo respuesta.

Poco más tarde, Xalara oyó despedirse a Burlen diciendo que apuntara todo lo que le debía, con la promesa de que al día siguiente se lo pagaría sin falta.

La luz anaranjada del sol que se filtraba entre las grises pero poco densas nubes que cubrían el cielo de Yadarme, comenzó a bañar el dormitorio, avisando a Xalara de que el día pronto tocaría a su fin.

Aún le quedaban cuatro libros sin consultar del estante más alto, pero ya había perdido cualquier tipo de expectativa de encontrar algo.

Los ojos le escocían, le bailaban las letras entremezclándose unas líneas con otras y en ocasiones hasta creía que le faltaba el aire, pues no podía abrir la ventana al estar bloqueada mediante arlasofía, y el ambiente en el cuarto ya estaba demasiado cargado.

En varias ocasiones oyó el graznido de un cuervo que revoloteaba cercano a su ventana.

Cuando el sol se escondió detrás de los álamos y la sombra que precedía a la noche anegó el dormitorio, en la habitación de al lado, Aura, que ya había cenado, comenzaba a prepararse para salir.

Buscó en el armario y descolgó su atuendo de gala, compuesto por una holgada chaqueta de tono oscuro y una falda larga de volantes, y lo extendió todo cuidadosamente sobre la cama.

De uno de los cajones de la cómoda, sacó un estuche provisto con utensilios de maquillaje.

Se colocó delante del espejo del armario ropero y comenzó a pintarse labios, ojos y pómulos, adquiriendo un aspecto muy diferente al que lucía habitualmente, haciéndola parecer mucho más joven, aunque todo ello no consiguió borrar su impertérrita expresión huraña.

Mientras, al otro lado del tabique, Xalara cerró el último libro de su estantería, al que apenas prestó atención y lo lanzó con rabia contra la pared, originando un pequeño orificio en la madera, justo encima de la cama.

No había encontrado nada de lo que buscaba, por lo que dedujo que aquello no tenía sentido; aunque en realidad, para ella ya nada lo tenía.

Se echó las manos a la cara, no aguantaba más, estaba abatida tanto física como mentalmente y hundió la cabeza entre las rodillas, en medio de aquella oscuridad que ya invadía todo a su alrededor, incluida a ella misma.

Poco tiempo después, sin ser consciente de cómo ni cuándo, se había tumbado en la cama, mirando al techo con los ojos cerrados y la luz apagada, pero sin dormir ni pensar en nada, simplemente estaba allí, igual que podía estar en cualquier otro lugar.