Chapter 9 El Fantasma del Tiempo #3
Sentía cómo el corazón le palpitaba estridente a la altura de la garganta, mientras su madrina observaba con el ceño fruncido los periódicos esparcidos sobre la encimera, a un escaso metro de distancia de donde ella se encontraba oculta.
Luego Aura dio un paso más hacia su posición, comenzando a rodear la mesa y, Xalara, que vislumbró durante un instante el cuchillo centelleando a la luz de la linterna, supo entonces que estaba acorralada y que su aventura había finalizado.
Miró hacia la escalera buscando un último y desesperado intento por huir, y su codo rozó contra un frasco que contenía un viscoso líquido transparente colocado en el tablero inferior de la mesa.
En un arrebato de valor o de miedo, o una mezcla de ambos, cogió el frasco y lo lanzó hacia atrás, golpeando contra la estantería de botellas y provocando un gran estruendo de cristales rotos y líquido derramándose.
Aura se volteó asustada hacia el lugar donde habían estallado las botellas, y Xalara vio en ese momento su única y última oportunidad de escapar.
Tragándose el miedo, corrió agachada hacia la escalera, subiéndola sin detenerse, sin mirar atrás, sin importar si su madrina la había visto escapar.
Después subió corriendo a su habitación, aunque intentando no hacer demasiado ruido.
Al llegar accionó la llave, entró en el dormitorio y cerró la puerta empujándola muy despacio con la espalda.
Jadeando, se acercó al escritorio donde había dejado abierto el manual de arlasofía, el diccionario de arlayino y el libro de sus padres.
De pronto, la lámpara del techo se encendió y la puerta del dormitorio se abrió con un estrépito.
Xalara reaccionó cerrando el manual de arlasofía a toda prisa.
—¿Te crees que soy estúpida? —bramó Aura.
Xalara se giró hacia su madrina, que tenía el pelo alborotado.
—¿De qué me hablas? —dijo Xalara tratando de disimular con gran esfuerzo su sofoco.
—¿Qué libro es ese? —preguntó Aura apuntando directamente con su dedo al manual de arlasofía (camuflado).
—¿Cuál?
—Ese de ahí —siguió apuntando al manual.
—Es un diccionario de arlayino, el idioma que se hablaba en…
—¿Te ríes de mí?
—No, ¿por qué iba a hacerlo? —dijo intentando sonar afable, lo cual terminó por delatarla.
—Enséñame ese libro amarillo.
—¿Para qué quieres verlo? Es solo un cuento de niños, te aburriría su historia —aludió tratando de quitarle importancia.
—Déjame verlo —insistió Aura retorciendo cada vez más el gesto.
Xalara se quedó quieta mirando a su madrina, sin darle el libro.
—¡Te he dicho que me lo dejes! —tronó Aura dando un paso hacia Xalara, que se vio obligada a obedecer, pues los desorbitados ojos de su madrina anunciaban una tempestad; la cual adquiriría una tremenda fuerza cuando descubriese la verdad.
La muchacha cogió el libro y, sin darle apenas tiempo de girarse hacia ella, Aura se lo arrebató de forma brusca y eso hizo que se quedara con las cubiertas del libro El niño del drácojor en sus manos, y que el manual de arlasofía se desprendiera cayendo al suelo.
Aura se agachó y recogió el manual, que había quedado abierto de tal forma que mostraba la portada y contraportada al mismo tiempo.
—¿De dónde lo has sacado? —preguntó Aura con una calma sorprendente.
—Se lo cogí el otro día a un hombre que estaba en la taberna cuando fui a llevar el pedido —admitió la muchacha, creyendo que ya no tenía ningún sentido seguir mintiendo, de todos modos, estaba perdida.
—¿Tú sabes el problema en el que nos puedes meter?
¿De verdad eres consciente de la gravedad que tiene lo que has hecho?
—Aura hizo una pausa y miró la contraportada del manual, donde bajo un escudo dorado del Gobierno, se advertía a los usuarios del peligro y la gravedad de las infracciones si se utilizaba la arlasofía de forma ilegal—.
No solo has robado, sino que también has utilizado la arlasofía para salir de la habitación, siendo menor de edad y sin por supuesto licencia.
Nos podrían encerrar en prisión por eso, a ti por utilizar la arlasofía y a mí por permitírtelo como tu responsable que soy —hizo otra pausa, Xalara miraba al suelo acongojada, sin respuesta para rebatir a su madrina—.
Esta vez te has pasado de la raya, te has pasado de verdad, Xalara —agregó con un tono que a la muchacha le sonó más triste que furioso.
—Tú también lo has hecho —soltó Xalara en un arrebato, aprovechando el momento de silencio de su madrina.
—¿Cómo? —rezongó Aura muy asombrada.
—Encerrándome, no soy ninguna delincuente.
—Ahora mismo sí lo eres, has infringido la ley, y más de una vez.
—No puedes tratarme así, si tu querido Gobierno supiese que me tienes encerrada en la habitación, también te castigarían a ti por ello.
—¿Qué no puedo…? —Aura volvió a ponerse muy nerviosa, hinchando las ventanas de su nariz—. ¿Por qué diantres no entiendes que todo lo que hago es por tu bien?
—Sí, siempre lo haces por mi bien, todo por mi bien. ¿Y nunca te has parado a pensar qué es lo que yo quiero, qué es lo que a mí me gustaría hacer?
—Solo intento educarte, porque es mi deber como tu familia; alimentarte, educarte y protegerte —argumentó Aura, remarcando cada uno de sus tres últimos verbos.
—Tú no eres mi madre, ni tampoco mi padre, ellos están muertos —dijo Xalara con tono y mirada ofensiva, tratando de lastimar a Aura.
—¿Crees que tu bendita madre lo habría hecho mejor? ¿Crees que tu padre era la mejor persona que existía? Podría contarte cosas sobre tu padre que te erizarían hasta los mismísimos pelos —replicó Aura iracunda.
—No eres mi madre y nunca lo serás… —insistió Xalara sin dejar que le hiciesen daño los con toda seguridad, falsos comentarios acerca de sus padres—.
Tú solamente eres una pobre mujer que lo único que sabe hacer es encerrarse en el sótano para destilar licores y lamentarse cada día de lo triste y miserable que es su vida de tercera clase —se burló imitando la voz de Aura—.
Estás sola porque alejas a las personas de ti y me has arrastrado contigo a tu soledad.
Nadie te soporta, y por eso te abandonó tu marido.
Sin mediar palabra, Aura levantó la mano y le dio una fuerte bofetada a Xalara, que se quedó completamente paralizada. A pesar del trato recto, serio y hasta asfixiante en muchas ocasiones por parte de su madrina, esta era la primera vez que le ponía la mano encima.
Después y sin mirar a su ahijada, Aura se acercó a la ventana y realizó la fórmula dunoxdita para evitar que pudiese ser abierta.
Seguidamente, escudriñó el dormitorio hasta que encontró la espada encima del ropero, la cogió y salió de la habitación.
Xalara, que seguía sin reaccionar a todo lo que estaba pasando, escuchó cómo su madrina realizaba la fórmula de cierre también sobre la puerta del dormitorio.
Por fin Xalara se activó, y ayudándose del reflejo del cristal de la ventana, se observó la cara, donde la mano de Aura estaba dibujada en un tono rojizo.
Dejando a un lado todo lo demás, que no era poco, a lo que no daba crédito era a que Aura acabara de usar la arlasofía de forma ilegal delante de sus narices, evidenciando que estaba dispuesta a llegar hasta donde hiciese falta con tal de mantenerla encerrada en el dormitorio.
Luego echó un vistazo al libro de sus padres, que continuaba mostrando la misma frase en arlayino y las tres calaveras, las cuales seguían parpadeando, e incluso a la joven le pareció que habían aumentado su tamaño.
Xalara volvió a tumbarse en la cama, con la absoluta certeza de que pasaría una noche más en vela, aunque en esta ocasión lo haría acompañada, al menos en sus pensamientos, por El Fantasma del Tiempo.