El Fantasma del Tiempo (Arlasófica 1) Chapter 9 El Fantasma del Tiempo #2
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Chapter 9 El Fantasma del Tiempo #2

Al llegar a la cocina, guiada por la luz de la luna que se filtraba a través de las ventanas, se acercó al mismo mueble sobre el que reposaba el reloj y la radio.

Abrió uno de sus compartimentos y sacó una de las dos linternas con forma de farol que había en el interior.

Al sostenerla en el aire para comprobar que tenía bombilla y que esta funcionaba, reparó en que sus manos estaban temblando.

Tras cerrar el mueble caminó hacia la trampilla que daba acceso al sótano.

La abrió, puso los pies sobre la escalera y volvió a cerrarla por encima de ella.

Todo estaba en absoluta oscuridad y a media escalera encendió la linterna.

No quiso dar la luz, porque al ponerse en marcha, las lámparas del sótano emitían un ruido bastante sonoro y además iluminaban demasiado, tanto que era capaz de traspasar el deteriorado suelo de la cocina.

Antes de poner los dos pies en el sótano, dirigió la linterna hacia arriba, temiendo que, de un momento a otro, la trampilla se alzase y se asomara el inquisitivo rostro de su madrina escudriñando por la abertura.

Con esa ficticia pero igualmente aterradora imagen flotando en la imaginación de su retina, se movió por el taller, haciéndolo al lado de la estantería que almacenaba los licores embotellados,

los cuales emitían unos peculiares reflejos de varios colores sobre la pared al fulgurar en ellos la luz de la linterna.

Quizás era por el propio terror que la embargaba, pero tanto el destilador como los soportes con las ollas situadas en las mesas del centro, creaban unas sombras alargadas y con formas monstruosas que simulaban moverse en torno a ella.

Cuando llegó frente al armario de puertas correderas situado en una de las esquinas del fondo, levantó la linterna e iluminó un desordenado montón de periódicos que estaba encima del mueble.

Se puso de puntillas y estiró el brazo al máximo, alcanzando con dificultad el montón de periódicos, lo que provocó que algunos de ellos se cayeran al suelo al intentar bajarlos.

Xalara se detuvo, estremecida y con la piel de gallina, sospechando que su madrina se hubiera despertado a causa del ruido.

No tenía tiempo para detenerse a dudarlo, así que recogió los periódicos del suelo, los juntó con los que ya tenía en la mano y los puso sobre la encimera que había contigua al fregadero.

Todos ellos eran ejemplares del periódico Las Comarcas, su madrina estaba suscrita y diariamente recibía en el buzón (casi siempre a media mañana) el ejemplar del día.

Aura estaba obsesionada con las noticias y eso era algo que Xalara nunca llegaría a comprender.

Fue apartando uno a uno los ejemplares, buscando el perteneciente a ese día, pero no estaba.

Volvió a comprobarlos todos por si con las prisas se lo había pasado por alto, pero solo pudo confirmarlo.

Supuso que quizás seguiría en el buzón. Se giró hacia la mesa de atrás y vio un periódico debajo del soporte de acero de una olla, calzando una de las patas, y al acercar la linterna hacia él, comprobó complacida que era el que estaba buscando. Lo cogió y lo puso encima de los otros.

Xalara escrutó la portada y se detuvo a observar con atención la fotografía del Gran Reloj del Palacio de la Sede, recordando que hacía tan solo veinticuatro horas le habían ofrecido vivir allí. Sus ojos pasaron de la fotografía al titular que rezaba:

«ES ObrA DE EL FANTASMA DEL TIEMPO»

Desde ahí, su mirada se posó en el texto que acompañaba al destacado rótulo, leyéndolo para sí misma:

Nadie sabe quién ha sido, no hay testigos, todos los guardias estaban muertos.

Sin embargo, las autoridades insisten en que no encuentran una explicación razonable a lo sucedido, «parece cosa de fantasmas», —ha afirmado el capitán de los cuero negro—.

Lo que está claro, es que el único fantasma que se conoce, es el denominado Fantasma del Tiempo y que durante años habitó en el Gran Reloj del Palacio de la Sede.

Fuentes fiables y cercanas a nuestro periódico, aseguran haber observado durante varias noches en los últimos meses, unas extrañas luces en el interior de la Mansión Nórebol y un comportamiento extraño en los relojes de quienes se acercan a ella.

Desde este periódico siempre defendimos la teoría de la existencia del Fantasma del Tiempo y después de los recientes y misteriosos acontecimientos, ¿alguien se atreve a dudarlo?

(Más información en las páginas interiores. Página 1 a la 5).

Xalara echó un vistazo a la parte inferior de la plana, donde estaban las fotografías de los tres herederos fugados y sus nombres.

A la muchacha le pareció que los tres la miraban fijamente con ojos amenazadores, y, si movía la cabeza, estos parecían seguirla con la mirada.

Se reprendió a sí misma por percibir tales sensaciones y se autoconvenció de que se estaba sugestionando en exceso.

Desde su desafortunado encuentro con Huberto Cóbelpot en la taberna, donde el borracho le aseguró que esos fugados vendrían a por ella, sentía algo raro al ver el rostro de esas personas y no pudo refrenar el impulso de leer el texto que se encontraba al pie de las fotografías:

Estos tres herederos siguen en busca y captura después de haberse fugado de la Prisión de Ívelmer durante la madrugada del pasado seis de abril.

Son muy peligrosos y casi con toda seguridad están armados.

Si alguien los ve o sabe algo sobre su paradero, por favor, comuníquenselo cuanto antes a las autoridades locales.

Mientras estén sueltos, deberán seguir una serie de medidas de precaución y no alejarse mucho de casa, especialmente si lo van a hacer solos.

Les advertimos de que es muy posible que en estos momentos los fugados tengan un aspecto algo diferente al que se muestra en las imágenes aquí expuestas.

A continuación, Xalara abrió el diario de información y se encontró ante la primera página, con el titular:

«EL REGRESO DE EL FANTASMA DEL TIEMPO»

Acompañando al titular había una imagen dividida en dos: a la izquierda aparecía la fachada principal del Palacio de la Sede y a la derecha una fotografía de la Mansión Nórebol.

Las imágenes estaban unidas por una flecha que apuntaba en ambas direcciones y tenía un signo de interrogación superpuesto. Xalara comenzó a leer el artículo:

Tras el suicidio del joven de primera clase, Drayan Dosten, hace tan solo unos días y después de, según sus propias palabras, «haber experimentado el peor momento de su vida» en el interior de la Mansión Nórebol, donde sus cinco amigos desaparecieron de forma muy extraña;

desde este periódico ya defendimos la posibilidad de que El Fantasma del Tiempo no hubiese desaparecido, sino que solamente ha cambiado de ubicación, y nuestra teoría cobra más fuerza que nunca en estos días.

Aún no entendemos, desde nuestra humilde opinión, que un suceso de tal calibre, en el que desaparecen cinco adolescentes y que el único que sobrevive se haya terminado suicidando semanas después, no haya sido estudiado con más detenimiento por parte de los cuero negro,

o al menos que nosotros sepamos.

Pero a raíz de esta fuga, ha vuelto a ocurrir un fenómeno sin explicación y hasta el mismo capitán de los cuero negro ha reconocido a este periódico que, «todo parece cosa de fantasmas».

No creo que quede alguna duda de que El Fantasma del Tiempo está detrás de estos dos extraños sucesos y de que aún sigue entre nosotros.

Xalara apartó la vista del diario y oteó el sótano mientras un sudor frío le recorría la espalda; después siguió leyendo:

¿Cómo se explica entonces que todos los guardias de seguridad de la más grande, segura y prestigiosa prisión de Las Cinco Comarcas hayan sido asesinados? ¿Cómo se entiende que los herederos encerrados en las celdas más seguras que existen, se hayan fugado sin dejar ningún tipo de rastro ni testigo?

Nuestro equipo de investigación, liderado por el periodista más intrépido, Ben Jarbon, ha entrado en secreto en la Mansión Nórebol y su testimonio dejará a todos sin aliento, pues asegura que…

Un ligero ruido provino de la trampilla, pero al instante, un segundo sonido más fuerte lo confirmó.

Xalara soltó el periódico, apagó la linterna y se agachó detrás de la mesa.

Una luz asomó por el hueco de la trampilla, oscilando a un lado y al otro, escudriñando el interior del sótano.

Segundos después, Aura bajaba por la escalera y, lo que resultó inexplicable para Xalara, fue que no encendiese las lámparas del sótano, algo por lo que daba las gracias.

—¿Quién… quién anda ahí? —preguntó Aura con voz temblona, vestida con un camisón gris y provista por un cuchillo de cocina en su mano derecha y una linterna en la izquierda.

Xalara temblaba de pies a cabeza, si su madrina la encontraba allí dentro, estaría recluida en su cuarto de por vida.

Aura osciló varias veces la linterna sin moverse del sitio.

Xalara albergó la esperanza de que no viese nada extraño y se volviera a la cama creyendo que allí no había nadie y que todo fueron imaginaciones suyas.

Pero el pequeño anhelo se esfumó de inmediato, pues su madrina comenzó a moverse por el taller de bebidas.

—¿Quién eres? ¡Muéstrate!

Xalara no se atrevía a asomarse para ver a su madrina, que se acercaba cada vez más hacia su posición, así que se centró en el sonido de sus pasos y en la luz de la linterna para poder anticiparse a sus movimientos, deseando que en ningún momento se agachara para iluminar por debajo de las mesas.

—Seas quien seas, qui… quiero que sepas que estoy armada con un enor… enorme cuchillo —pero la voz de Aura sonaba demasiado temerosa como para infundir respeto si en vez de su ahijada, se hubiese tratado de un auténtico ladrón el que se ocultaba tras la mesa.

Xalara pensó en mil formas de escapar de aquel embrollo, pero en ninguna que no acarrease que su madrina la descubriera.

—Debe… debería darte vergüenza robar a una pobre familia de tercera clase, roba a los que más tienen, no a nosotras. Si… si buscas dinero, te… te aseguro que no tenemos.

Aura se acercaba sin remedio y Xalara debía actuar cuanto antes, por lo que comenzó a moverse alrededor de la mesa.