El Fantasma del Tiempo (Arlasófica 1) Chapter 6 La herencia de sus padres #3
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Chapter 6 La herencia de sus padres #3

Xalara se quedó callada, observando con recelo la mano que Alexios acababa de posar sobre la suya; ella no encajaba demasiado bien los gestos de afecto.

—¿Y bien? ¿Qué me dices? —la apremió.

—¿Irme a vivir con usted? ¿Al Palacio de la Sede? —preguntó Xalara, segura de estar viviendo una escena surrealista.

—Bueno, solo si tú quieres. Pero allí tendrías un futuro mejor que el que te aguarda aquí.

—¿Y yo no tengo nada que opinar al respecto? —intervino Aura sorprendiendo a Xalara que, por unos instantes, le pareció como si su madrina ya no estuviese presente en la cocina, y lo mismo parecía haberle sucedido a Alexios, dado el tono empleado en su reacción.

—Bueno, Xalara va a cumplir la mayoría de edad y…

—¿Qué relación tenía usted con mis padres? —preguntó la muchacha liberando su mano—. Porque está claro que los conocía.

—Xalara… —refunfuñó Aura dirigiendo una fría mirada a su ahijada.

—Yo los conocí, fui su amigo, especialmente de tu padre. Aún sigo echándolo de menos —Xalara atisbó un rastro de nostalgia reflejado en la expresión del presidente, algo que en principio convertía en sinceras sus palabras.

—Si usted era amigo de mis padres… entonces sabrá quiénes eran… cómo se llamaban… dónde vivían… cómo murieron.

Alexios miró a Aura y esta le respondió con una silenciosa negación.

—Verás, Xalara, tus padres… —dijo el presidente sin dejar de mirar a Aura, que carraspeó haciéndole entender que debía poner fin a la conversación; él desvió la vista hacia Xalara—. No… no eran…

—Alexios… no —expresó Aura con un deje de advertencia, pero el presidente no la miró, algo que sí hizo Xalara durante un instante y de soslayo.

—Hace diecisiete años, en esta misma cocina, tu madrina y yo acordamos volver a reunirnos cuando cumplieses la mayoría de edad, y contarte entonces quiénes fueron tus padres, hasta ese momento pensamos que lo mejor sería que no supieses nada.

Pero antes, cuando he llegado aquí, Aura me ha pedido que no te lo cuente, y… voy a hacerle caso.

La muchacha no supo qué decir, sentía como si le hubiesen cerrado el grifo de las palabras.

—Sin embargo, sí que puedo contarte otra cosa —Alexios bebió un sorbo de agua y prosiguió—.

No sé si tu madrina te lo ha contado alguna vez, supongo que no, pero poco antes de morir, cuando tus padres me hicieron prometer que te entregaría esta herencia en tu mayoría de edad, también me pidieron que te trajera hasta esta casa para que tu madrina se hiciese cargo de ti.

Fui yo quien te trajo hasta aquí y por lo que estás ahora mismo con Aura.

—Pues vaya favor que me hiciste… —masculló Xalara sin apartar la mirada de Alexios, en un intento para presionarlo a seguir hablando.

—Verás… —prosiguió Alexios titubeante, bajo el permanente gesto de negación de Aura—. Tus padres hicieron algo, algo que no gustó a los que mandaban…

—¿Se refiere a la Orden de los Herederos? ¿Al Lórdezeit?

Alexios hizo ademán de seguir hablando, pero Aura se lo impidió yendo hacia la mesa y dando un puñetazo sobre el tablero.

—¡Ya basta! ¡Aún no está preparada para conocer la verdad!

—¡Para ti nunca estaré lo suficientemente preparada! —Xalara miró a Alexios—. Quiero conocer la verdad sobre mis padres, ¡tengo derecho a saberlo! Eran mis padres… —exigió apoyándose sobre la mesa e inclinándose hacia el presidente.

—Lo siento, Xalara, pero tu madrina tiene razón, está claro que es mejor que todavía no lo sepas —respondió Alexios con un tono que no reafirmaba su opinión.

Xalara apretó los labios, evitando así que todos los improperios que se le pasaban por la mente salieran disparados de su boca, y se levantó arrastrando la silla con descaro.

—De momento no quiero irme con alguien que se niega a contarme la verdad, para eso ya tengo a Aura —repuso Xalara hecha una furia y recogió la herencia de sus padres antes de subir corriendo las escaleras.

Aura ni siquiera intentó impedírselo, a pesar de que eso conllevara una falta de respeto hacia el invitado. De todos modos, Xalara no se habría detenido aunque se lo hubiese ordenado.

La muchacha entró en su dormitorio, cerró la puerta y dejó la espada encima del armario ropero. Después puso el libro sobre la mesita y se tumbó en la cama boca arriba, con la luz apagada.

«Mis padres eran amigos del presidente del Gobierno…» —pensó Xalara.

No era mucho, y aunque esa información pareciese una utopía, al menos era algo a lo que aferrarse para descubrir más datos sobre sus orígenes, porque Aura nunca le había revelado ni un solo detalle.

Ahora también sabía que sus padres hicieron algo que enfadó a la Orden de los Herederos, o eso es lo que creyó entender, porque Alexios no llegó a confirmárselo.

Pero, ¿por qué no querían decirle la verdad acerca de sus padres?

¿Tan malo fue lo que hicieron? ¿Y por qué le dejaron en herencia un libro antiguo en blanco y una espada?

No, en realidad nada tenía sentido y tan solo se había colmado de más dudas.

Poco después, escuchó cerrarse la puerta de la calle y supuso que el presidente se había ido.

Xalara cerró los ojos, cayendo en el abismo de sus pensamientos para tratar de asimilar todo lo acontecido a lo largo del día, consciente de que, con toda seguridad, acababa de vivir su domingo más atípico.