Chapter 2 La tercera clase #3
Xalara cerró los ojos, teniendo más ganas de irse a la cama que de dar explicaciones sobre lo acontecido.
—Samanta Zolian —dijo—; y su pandilla —añadió en voz más baja.
Aura respiró profundo, hinchando las aletas de la nariz para intentar serenarse, y preguntó con voz queda:
—¿Estaba Víliam?
—Claro… —confirmó Xalara con los ojos llenos de lágrimas.
—Como no… —susurró Aura, volviendo la vista hacia un lado—. Escúchame bien lo que te voy a decir. Con esa gente es mejor no meterse. Olvida lo ocurrido. Si los vuelves a ver, da la vuelta y ya irás más tarde, pero no te enfrentes nunca a ellos o eso solo nos traerá problemas, debes…
Xalara no pudo soportarlo más, comenzó a llorar y se largó subiendo las escaleras a toda velocidad para evitar que Aura la viera derrumbarse.
Se pasó el resto del día tirada en la cama, alternando entre momentos de llanto y la lectura del libro El Niño del Drácojor.
Aura, que había ido a la hora de comer a llevarle un nuevo pedido a Burlen a la taberna, no acudió en ningún momento a molestarla.
Parecía que, por una vez, estaba dispuesta a complacer el deseo de su ahijada.
La noche se tornó tormentosa en Yadarme, algo que se había convertido en la tónica habitual en los últimos días.
Los relámpagos iluminaban con asiduidad el dormitorio y la lluvia azotaba el cristal de la ventana, alentada por la fuerte racha de viento que la acompañaba.
Xalara decidió salir de la habitación para acudir al baño, donde se miró en el espejo y se destaponó la nariz, certificando que ya no sangraba, sino que estaba rojiza y un poco inflamada.
Los ojos le escocían por haber llorado y se sentía agotada y hambrienta.
Después de lavarse la cara, tomó la decisión de bajar a cenar, a pesar de que ver a Aura era lo último que le apetecía.
Cuando descendía por la escalera con un ritmo pausado, la tormenta rugió con tanta intensidad que hizo vibrar la barandilla donde apoyaba su mano. Era como si la tormenta quisiera anunciar su llegada a la cocina.
La mesa ya estaba lista. Aura se encontraba en la encimera, enfundada en su mandil gris de cocina, terminando de cortar unas rebanadas de pan.
—Ya era hora, pensaba que hoy querías cenar papel y letras —dijo Aura, tratando de sonar afable, aunque no lo consiguió del todo—, y sería una pena, porque he preparado tu cena favorita —añadió,
señalando con la mirada hacia una tartera que había encima de la cocina de leña y que desprendía un embriagante olor a canela.
Xalara apenas alteró su mustio semblante y se sentó a la mesa sin pronunciar palabra, agradecida de que Aura no hiciese alusión a su deplorable estado físico.
Minutos más tarde, cuando ya daban las nueve, la tormenta parecía estar en su punto álgido.
Madrina y ahijada cenaban en absoluto silencio, escuchando las noticias en la radio.
Xalara solía quejarse por tener que escuchar el informativo mientras cenaban, argumentando que solo contaban malas noticias.
«Tras la reunión mantenida por el Consejo de Gobierno en la tarde de hoy, la consejera de educación, Fiona Vériva, anunció una rebaja significativa en la tasa de matriculación de las Academias de Licencias de Arlasofía.
La medida afectará únicamente a las familias más desfavorecidas de Las Cinco Comarcas, dadas las dificultades que hasta ahora entrañaban para este colectivo debido al alto precio de la matrícula».
—Lo veo muy bien, ya es hora de que nos faciliten las cosas un poco, que parece que nunca se acuerdan de nosotros —citó Aura mientras mordisqueaba un trozo de pan.
Xalara negó con la cabeza muy despacio y sin dejar de cenar, no soportaba cuando Aura siempre se daba por mencionada al escuchar en las noticias algo que hiciese alusión a la miseria.
«Y ahora vamos con la información meteorológica. ¿Qué nos espera en los próximos días? —una voz distinta tomó el testigo—. En la Comarca Central, el ambiente seguirá fresco, aun así no esperamos lluvia, excepto esta noche en la que una tormenta no tardará en inundar las calles,
sobre todo en la capital. En la Comarca del Sureste, se abrirán nubes y claros con intervalos de lluvia débil que tenderá a desaparecer muy pronto. En lo referente a la Comarca del Suroeste, el cielo estará despejado con temperaturas suaves, aunque eso sí,
el viento de poniente soplará con intensidad a partir del mediodía de mañana. En la Comarca del Noreste, seguirán los intervalos nubosos, los cuales provocarán alguna tormenta ocasional en forma de granizo. Por último, en la Comarca del Noroeste,
las tormentas continuarán siendo localmente fuertes y acompañadas de grandes rachas de viento. Pero tengo buenas noticias, ya que para el Día de la Libertad se espera un tiempo muy apacible en el total de Las Cinco Comarcas, al menos en lo que a lluvias se refiere.
Todos deseamos que deje de llover en los lugares que ahora lo está haciendo y podamos celebrar el gran día como se merece.»
—Todos los años la misma tontería… —murmuró Xalara mientras daban paso a los anuncios en la radio.
—¿La misma tontería? ¿A qué te refieres?
—Sí, la misma tontería —insistió Xalara—. Cada año es lo mismo… el Día de la Libertad… —resaltó con tono mordaz.
—¿Pero tú sabes qué se celebra?
—Lo sé perfectamente, y deberíais olvidar de una vez por todas ese pasado, no recordarlo cada año.
Aura dejó de cenar y posó la cuchara en el plato, visiblemente contrariada.
—No lo recordamos, lo que hacemos es celebrar que se terminó.
—Eso es recordarlo —perseveró Xalara.
—Es una conmemoración, un canto a la libertad de nuestra sociedad.
—¿Libertad, dices? ¿De verdad crees que somos libres?
—Sí, lo somos —aseveró Aura.
—¿No te das cuenta? —protestó Xalara, mirando a su madrina—. Ni siquiera puedes usar la arlasofía porque no tienes el dinero suficiente para hacerlo.
—¿Qué sabrás tú lo que fue la Orden de los Herederos y lo que nos hizo pasar? —contraatacó Aura tras unos instantes en los que guardó silencio.
—Lo he leído en los libros —arguyó Xalara sin miramientos.
—¿Lo has leído en los libros? —Xalara asintió y Aura sonrió, aunque con evidente crispación—.
Los libros no pueden hacerte sentir lo que realmente vivimos.
El miedo se podía respirar a cada instante.
Todas las jornadas veíamos a muchas personas conocidas caer reventadas por el trabajo forzado al que nos sometían, sabiendo que la próxima vez esa persona podrías ser tú.
Y al caer la noche… —el labio inferior de Aura comenzó a temblar y su voz amenazaba con quebrarse—.
Cuando la oscuridad se hacía dueña de todo…
El terror y la impotencia que sentíamos al ver cómo esos…
seres, nos consumían con su gélido aliento.
Qué sabrán las páginas de un libro lo que es verlos acercarse en medio del más absoluto de los silencios; qué sabrán lo que es ver a una persona retorcerse mientras todos sus huesos se rompen y su piel se pudre en cuestión de segundos;
qué sabrán lo que es ver su rostro desfigurarse en medio de la mayor mueca de horror que pueda darse.
Dime, Xalara, ¿qué saben los libros sobre lo que es sentir todo eso?
—Y qué sabrá una estúpida ignorante como tú lo que dicen y te hacen sentir esos libros, si nunca has leído uno.
Aura respiró profundo, tratando de no alterarse demasiado.
—Lo primero, deberías mostrar más respeto y sobre todo más agradecimiento a la persona que te adoptó cuando murieron tus padres. Tenías tan solo diez meses y me la jugué por ti. Te crie, te eduqué y te enseñé un oficio, y ahora me lo pagas faltándome al respeto en cuanto tienes una mínima ocasión.
—Un oficio que odio.
—Somos lo que somos, Xalara, los de tercera clase no podemos aspirar a más. ¿Tanto te cuesta entenderlo?
—Somos lo que somos por culpa de gente como tú, gente que cree que solo puede ser mediocre y que no hay nada más —dijo Xalara aumentando progresivamente su enfado con cada palabra que pronunciaba.
—Simplemente algunos tienen la fortuna de nacer en el lugar y la familia apropiada, otros, sin embargo, deben buscar su camino —argumentó Aura.
—La sociedad ya no se divide en gente rica y gente pobre —Xalara se levantó arrastrando bruscamente la silla—. El reinado del Lórdezeit ha terminado, deberías recordarlo… —añadió sarcástica y con mal talante, antes de acometer las escaleras camino de su dormitorio.
La muchacha estaba fuera de sí, toda la rabia acumulada a lo largo del día se manifestaba en esos instantes.
Entró en la habitación sin accionar la luz y cerró la puerta con un tremendo portazo que sacudió el marco.
Sentía la necesidad de golpear algo y tiró al suelo de un manotazo el libro que yacía sobre el escritorio.
Un relámpago iluminó la oscura habitación y Xalara vio su propio e iracundo rostro reflejado en el cristal de la ventana, donde se fusionaba con las gotas de lluvia que continuaban aporreando el cristal.