CAPÍTULO 59

—Yo lo acompañaré —dijo Craig.
Anthony lo miró desafiante.
—Debería ir yo.
—Tú no puedes dejar a tu mujer ahora.
—Estoy de acuerdo —dijo Clementine—. No vas a irte tan lejos.
—Yo no tengo ataduras —insistió Craig.
—Yo tampoco —intervino John—. Y es mi hermano.
—Iré yo —repitió Craig sin impacientarse—. De todas maneras tenía que ir a Kenford a llevarle el caballo a Edward. Adelantaré el viaje.
—No necesito niñera —gruñó Alasdair.
—No —confirmó Clementine—, lo que necesitas es otra cosa. Puedes dar gracias de que en mi estado no se me permite usar el jō , porque de no ser así te habría molido a palos.
—No lo atosiguéis más. Dejadlo en paz. —Eilidh se agarró a la cintura de su hermano y este la rodeó con su brazo y la apretó con cariño .
Alasdair observaba a su madre, que permanecía sentada en un sofá mientras los otros decidían quién iba a acompañarlo. Soltó a su hermana después de darle un beso en la frente y caminó hasta su madre.
—¿Te gustaría dar un paseo conmigo? —preguntó ofreciéndole el brazo—. Hace un día precioso y me apetece tomar un poco el sol.
Rowena se agarró de su brazo y salieron del salón ante el atento escrutinio de su padre.
—Irá Craig —anunció Kenneth con firmeza—. No le irá mal tener cerca un abogado.
Madre e hijo caminaron en silencio hacia los acantilados. A Alasdair no le pasó desapercibido el peso que había perdido su madre en esos meses y sintió que se le encogía el estómago sabiéndose culpable de ello.
—Pregúntame lo que quieras, mamá. Contestaré a cualquier pregunta que me hagas, por difícil que sea.
—¿Sigues pensando en saltar desde los acantilados?
Alasdair sonrió con tristeza.
—No.
—¿Nunca?
—No.
—Bien —dijo ella enlazando su brazo más apretado.
Siguieron caminando en silencio.
—¿Por qué has decidido ir a buscarla ahora? ¿Es por el bebé?
—Sí.
—Entonces no la amas.
—Sí la amo, mamá, pero estaba dispuesto a dejarla marchar.
—¿Ella quería marcharse?
—No estoy seguro.
Su madre se detuvo y se colocó frente a él para poder ver en sus ojos lo que le faltaba a sus palabras.
—¿Eso qué significa ?
Alasdair se apartó el pelo de la frente y dejó salir un sentido suspiro.
—Lloró. Parecía triste.
—¿Parecía triste? —Los ojos de Rowena se llenaron de lágrimas—. ¿Parecía triste? ¡Esa muchacha te ama! ¡Te ha amado durante años!
Alasdair frunció el ceño.
—¿Lo sabías?
—¿Te crees que los años solo nos dejan arrugas? ¡Claro que lo sabía! Se le iluminaba el rostro cuando estabas en la misma habitación. Los hombres sois realmente estúpidos. Y los hombres jóvenes mucho más.
—Lo sé.
—Le has roto el corazón en mil pedazos, hijo.
—Lo sé.
—¿Y crees que te perdonará? Pensará que vas a buscarla solo por tu hijo.
—Tendré que convencerla de que no es así.
—¿Cómo?
—Aún no lo sé. Ni siquiera sé si voy a salir vivo de esto. Es muy probable que su padre quiera matarme.
—Y no lo culpo —masculló ella volviendo a cogerse de su brazo.
Caminaron otro trecho en silencio.
—¿Por qué querías apartarla?
—No confiaba en mí.
Rowena lo miró sin entender.
—¿Eso qué significa?
Verbalizar aquello frente a su madre lo estaba desgarrando por dentro.
—Veo a Owen.
—¿Qué? —Se detuvo de nuevo, asustada—. ¿Un fantasma?
Alasdair asintió dejando que la imagen se asentara en su mente.
—Pero… ¿te habla?
Su hijo confirmó con un gesto y ella se cubrió la boca con la mano para ahogar un grito de terror.
—No es él, mamá. Es mi cabeza que no está bien.
—Pero… ¡Hijo!
—Owen era mi mejor amigo. Este que veo es mi mayor enemigo.
—¿Qué te dice?
Alasdair respiró hondo. No se creía que estuviese hablando de eso con ella.
—Que castigue a Victoria por lo que pasó.
Rowena abrió la boca y volvió a cerrarla.
—Me empuja a maltratarla, disfruta cuando ella sufre. Me convierte… en un monstruo.
Su madre lo abrazó con fuerza como si con su calor pudiese derretir el hielo que lo cubría.
—¿Le hiciste… daño? —preguntó temblando.
—Sí. —Su voz sonó ronca y áspera—. Pero no la golpeé ni la forcé, si es lo que temes.
Su madre se apartó para verlo bien.
—Pero ella te ama.
—Inexplicablemente, sí.
—¡No! No es inexplicable. Ella te ve como realmente eres. No importa cómo te hayas comportado, Victoria sabía quién eras en realidad.
—No lo sé, mamá. No sé qué voy a encontrarme cuando la vea. Quizá estos meses en casa, con sus padres, en paz… quizá se haya dado cuenta del veneno que yo le estaba sirviendo a diario.
—No creo que necesitara marcharse para ver eso. Seguro que era plenamente consciente .
Ahora fue él quien la abrazó y durante unos minutos permanecieron así, dándose un cariño que los dos necesitaban. Cuando la soltó Rowena había recuperado algo de color en las mejillas.
—¿Owen sigue contigo?
Alasdair asintió.
—¿Y qué crees que ha cambiado? ¿Por qué has decidido ir a buscarla?
Lo pensó mucho antes de responder.
—No ha cambiado nada. Sigo atormentado. Sigo escuchando su voz que me dice que no seremos libres mientras Zinnia me necesite.
Rowena frunció el ceño.
—¿Eso es lo que quiere?
—Sí.
—Pero ¿no sabe que eso vas a dárselo sin que lo pida? ¿Acaso no te conoce lo suficiente como para saber que jamás abandonarás a Zinnia?
—Mamá. Zinnia lo perdió todo por mi culpa. Yo les fallé a los dos. Nadie debería confiar en mí.
—Eso no es cierto.
—Sí lo es.
—No. —Le cogió la cara entre las manos—.
No es cierto, hijo. Decirte esas cosas es lo que hace que veas a Owen.
Tú nunca abandonarás a Zinnia, igual que no abandonaste a Owen.
Perdiste el conocimiento porque sufriste graves quemaduras.
Si no te lo hubiesen impedido, habrías entrado en esa casa en llamas.
Tuvieron que sujetarte entre varias personas para impedírtelo.
—Fue mi culpa.
—No, no lo fue. Pero independientemente de eso, no necesitas a Owen.
Nos tienes a nosotros. Yo no permitiría que te desentendieses de esa niña.
Tu padre no lo permitiría. Tus tíos, tampoco.
Somos muchos para proteger a Zinnia. Y, sobre todo, Victoria jamás la abandonará. La quiere como a una hermana.
—Lo sé.
—¿Entonces? Déjalo ir, hijo.
—No puedo.
—Tendrás que poder —le advirtió—. No recuperarás a Victoria si no lo haces.
Alasdair contuvo el aliento y sintió que una garra le apretaba el corazón. Su madre volvió a cogerlo del brazo y siguieron caminando.
—¿Owen está aquí ahora? —preguntó Rowena como si no fuese nada.
—No.
—Bien. Entonces cuéntame todo lo que ha ocurrido durante estos meses —pidió—. Y no me ocultes nada. Tus crisis, la boda… todo.
Alasdair se armó de valor y comenzó su relato. «Si quieres que pase algo distingo, haz algo distinto», eso le había dicho su padre en el trayecto hasta Slioscreige . Y eso iba a hacer.