CAPÍTULO 41

Elizabeth se cubrió la boca para ahogar una exclamación. Rowena cerró los ojos y Clementine miraba a Victoria con preocupación. Pero fue Heather la que verbalizó lo que todos estaban sintiendo.
—¿Desde cuándo pasa esto?
Con las manos en la cintura y una expresión que no dejaba resquicio por el que escapar se había plantado delante de ellos y los miraba severa.
—¿Por qué no nos avisasteis? ¡Deberíamos haber estado allí!
Victoria tenía una expresión mortificada, pero Alasdair parecía inmune a sus miradas reprobadoras.
Sabía perfectamente lo que le esperaba y estaba preparado.
Caminó hacia la puerta del salón y salió sin que nadie tuviese que empujarlo.
Heather se giró ceñuda al ver que todos los hombres abandonaban el salón sin decir nada. Incluso Robert.
—¿Qué? —Clavó sus ojos en Victoria—. Pues nosotras también vamos a hacer una intervención.
—Heather… —Enid trató de calmarla.
—Ni Heather ni historias, Victoria tiene que explicarse con detalle o no la dejaremos salir de aquí.
Cogió una silla y la arrastró hasta situarla en el centro de la sala.
—Siéntate —ordenó.
Alasdair tomó asiento como le había ordenado su padre y los demás se fueron situando estratégicamente. Se habían reunido en la biblioteca. Eran demasiados para hacer aquello en cualquiera de los despachos del castillo.
—Nos casamos anoche, aprovechando la celebración del Hogmanay . Hemos consumado el matrimonio y viviremos en Reid House hasta que Zinnia pueda hacerse cargo de todo.
—Sabía que pasaba algo —dijo Cai visiblemente enfadado—. ¿Por qué no me lo dijiste a mí al menos? Podría haber actuado como testigo.
—No necesitaba más testigos.
—¿Por qué? —preguntó Anthony muy serio—. ¿Por qué habéis tenido que casaros así? ¿La habías deshonrado, Alasdair?
—Vete a la mierda —dijo con voz gélida.
Su primo le sostuvo la mirada hasta que se sintió satisfecho.
—¿Qué tal si dejamos que se explique antes de dar nada por hecho? —Daniel se sentó en un sofá y apoyó los codos en las rodillas esperando.
—No hay nada más que decir —respondió Alasdair—. Le pedí que fuera mi esposa. Dijo que sí. Nos casamos…
—¿Cuándo se lo pediste? —Anthony de nuevo.
—Hace unos días.
—¿Y te dijo que sí a la primera? —Su hermano John cogió una silla y la acercó—. ¿Desde cuándo estáis enamorados?
Había llegado el momento más difícil y Anthony percibió la tensión en el cuello de su primo.
—No lo sé —musitó Alasdair.
Su primo Craig, situado a su espalda, agarró el respaldo de la silla.
—¿No sabes desde cuándo estás enamorado de Victoria?
Alasdair negó con la cabeza.
—¿Lo estás? —preguntó Anthony visiblemente enfadado.
—¿A ti qué te pasa?
—¿Que qué me pasa?
Anthony se fue hacia él amenazador. Lachlan se interpuso en su camino.
—Cálmate —ordenó su padre.
—¿La has coaccionado de algún modo, hijo? —Kenneth tenía los ojos fijos en Alasdair, leyendo cada gesto como si fuese un mapa.
—¿Por quién me tomáis? —La decepción fue evidente en su rostro—. Él me pregunta si la mancillé y ahora tú quieres saber si la obligué a casarse conmigo.
—No me obligó. —Victoria las miraba ansiosa—. De verdad, yo acepté casarme voluntariamente.
—¿Lo amas? —preguntó Clementine.
Victoria asintió.
—¡Oh, Victoria! —Sollozó Rowena aliviada—. ¿De verdad lo amas?
—Sí, lo amo.
Heather se había cubierto la boca con las dos manos y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó Clementine.
—Me daba vergüenza.
—¿Vergüenza? —Se extrañó Nuna—. ¿Por qué habría de darte vergüenza?
—Porque él no estaba interesado en mí. Temí que si alguien más lo sabía, él acabase por enterarse.
—Pues ya ves —dijo Alison encogiéndose de hombros—. Ahora estás casada con él. Va a ser verdad que el amor nubla el entendimiento.
—¡Alison! —la regañó su madre.
—¿Qué, mamá? ¿Acaso ves algo de lógica en esta unión tan… tan… inesperada?
—Entiendo que os haya sorprendido.
—¿Ocurrió algo entre vosotros el año pasado? —Lavinia fue la que se atrevió a preguntarlo.
—¡Oh, no! —exclamó Victoria asustada—. Nunca había ocurrido nada entre nosotros.
—No le hemos preguntado lo más importante —dijo Elizabeth con su ternura habitual—. ¿Eres feliz, Victoria?
Las miró a todas con el corazón encogido.
Esa era la pregunta que más temía. Se había pasado gran parte del camino hasta allí pensando en qué respondería si se la formulaban.
No estaba segura de cómo se sentía. Lo sucedido entre ellos esa noche, las emociones tan extremas que había sentido…
Eso no le permitía pensar con claridad. En ese momento sus emociones eran un torbellino imparable que aceleraba su corazón, agitaba su respiración y tenía su mente en estado catatónico.
Su silencio sobrevoló las cabezas de las allí presentes y fue Heather la que hizo la pregunta más difícil de todas.
—¿Él te ama, Victoria?
Alasdair torció una sonrisa mientras se daba palmaditas en el muslo.
—Sí. La amo.
Y también la odio.
Anthony de jó escapar el aire que se le había atascado en los pulmones y un alivio general se extendió por toda la habitación.
—Entonces no hay nada más de lo que preocuparse.
—¿Es pronto para celebrarlo? —preguntó Cai riendo.
—Son las diez de la mañana. ¿Quieres beber a esta hora? —Daniel lo agarró por los hombros y lo sacudió.
—Mi hermano se ha casado —dijo el otro—. Creo que merece la pena hacer una excepción.
—Ya lo celebraremos más tarde —dijo Dougal—. Ahora tenemos que hablar de otro asunto.
Caillen miró a su hermano ceñudo.
—¿Ahora?
—Teníamos que reunirnos y estamos reunidos.
Alasdair los miró a ambos y entornó los ojos. Se puso de pie y caminó hacia ellos.
—¿Qué pasa?
—Eso queremos saber nosotros. ¿Qué pasa con McKenzie? —preguntó Dougal.
Miró a su hermano Cai con los labios apretados.
—Tenía que contárselo —dijo el otro levantando las manos—. Pero no me mates, el tío Caillen y Craig, ya lo sabían.
Alasdair se dio cuenta entonces. Su tío y su primo conocían bien a Edward Hayles, el abogado de los Reid.
—¿Qué os ha contado? —masculló furioso—. ¿No hay un código que os impide revelar secretos?
—Solo nos ha dicho que hay una deuda con Callum McKenzie. Y en su descargo, creía que ya lo sabíamos —explicó su primo—. La gravedad de la deuda la hemos deducido después de que Cai nos contase lo ocurrido anoche.
—¿Los problemas con los arrendatarios son por eso? —preguntó su tío Brodie con preocupación—. ¿Los retrasos en los pagos son inasumibles ?
Alasdair dudó aún unos segundos más, pero viendo las caras de todos los presentes, comprendió que no tenía sentido seguir ocultándolo. Respiró hondo y organizó sus pensamientos.
—Cuatro mil libras.
—¡Me cago en la puta! —exclamó Dougal llevándose las manos a la cabeza—. ¡Igualito que su padre!
—¡Eh! —lo señaló Kenneth—. La deuda no es de Alasdair, sino de Owen.
—Para el caso es lo mismo. Él va a tener que encontrar el dinero.
—Además, mi padre debía diez mil libras —puntualizó Alasdair y Kenneth lo fulminó con la mirada.
—Cuatro mil libras es una cifra enorme —musitó su primo Craig pensativo—. No sé de dónde vas a sacar ese dinero.
—Me las arreglaré.
—¿Cómo? —preguntó Anthony—. ¿Cómo narices te las vas a arreglar?
—Aún no está atado, pero tengo una idea.
—¿Cuál? —insistió su primo.
—He dicho que no está atado. Ya os lo contaré.
—¡Ja! —se burló Cai—. Nos lo dirás cuando ya esté hecho, que te conocemos, hermanito.
Alasdair enarcó una ceja, pero no lo contradijo.
—Podemos ayudarte —dijo su abuelo hablando por primera vez.
—No —lo cortó tajante—. Yo me encargo.
—No seas estúpido —dijo Anthony que seguía muy molesto—. No puedes conseguir cuatro mil libras sin ayuda.
—¿Te apuestas algo?
—Parad los dos —dijo Lachlan mirando a su hijo, que tenía cara de querer arrancarle la cabeza a Alasdair—. Será mejor que dejemos a estos dos solos para que se aclaren entre ellos.
Hizo un gesto a los demás para que salieran de la biblioteca.
— ¿No usaréis los puños? —preguntó con una clara advertencia en los ojos.
—Tranquilo, tío, yo me quedo a vigilarlos —dijo Craig.
Anthony y Alasdair se retaban en silencio y Craig se mantuvo en un prudente segundo plano.
—¿Qué problema tienes? —preguntó Alasdair.
—¿Cuándo lo decidiste?
—¿Ahora tengo que darte explicaciones de lo que hago?
—Es Victoria, Alasdair. Está aquí sola.
—Ya no. Ahora está conmigo.
—En serio, ¿de verdad no ves lo perverso que es todo esto?
El otro entornó los ojos.
—Te he dicho que no la he forzado.
—Hay muchas maneras de forzar, primo.
Alasdair apretó los dientes y sus manos se cerraron en sendos puños. Anthony torció una sonrisa.
—¿En serio? ¿Quieres que te dé una paliza?
—Nadie va a dar una paliza a nadie —espetó Craig con voz profunda—. Estáis aquí para hablar, no para pegaros, no me toquéis las narices.
—¿En qué momento te diste cuenta de que la amabas? —preguntó el otro desconfiado—. ¿Ayer por la mañana?
Alasdair inclinó la cabeza.
—Un poco antes.
—¿Y decidiste casarte con ella, así, sin más? No se te ocurrió hacer las cosas bien, hablar con tu familia, con la suya…
—Temía que alguien lo estropease.
—Venga ya, Alasdair. He visto cómo la tratabas. No estás enamorado de ella.
—Vaya, no sabía que me conocieses tan bien.
—Dime la verdad, joder .
El otro se mantuvo en silencio, como si no fuese a responder. Craig lo observaba con mucha atención y un eco molesto se abrió paso en su cabeza.
—Anthony tiene razón —dijo al fin—. La has tratado muy mal desde la muerte de Owen. ¿Qué ha cambiado?
Alasdair giró la cabeza hacia él muy despacio.
—Creía que estabas aquí para vigilarnos, no que te ibas a poner de su parte.
Craig se acercó a él.
—Aquí no hay partes. Dinos qué tienes en la cabeza.
—No es asunto vuestro.
—Yo creo que sí.
—Pues te equivocas, primo. Y tú también, Anthony. Dejadme en paz. Victoria es mi esposa y nuestra vida en común no os incumbe. Enviaré una carta a sus padres pidiéndoles disculpas por el modo en que hemos hecho las cosas y…
—La culpabas de la muerte de Owen —dijo Anthony—. No soportabas que estuviera en la misma habitación que tú. Le tiraste una taza de té encima cuando te la ofrecía.
—Tenía mucho dolor, no actuaba de manera racional.
—¿Cuándo te enamoraste de ella? —insistió.
—Eres como un perro de presa, ¿verdad? Estaba fuera de mí, mi mejor amigo había muerto achicharrado.
—Siempre se te olvida que también era mi amigo.
—No, no se me olvida, joder. Pero tú no estabas allí. —Levantó las manos enguantadas.
—No, no estuve. Pero yo encontré su cuerpo, ¿recuerdas? —dijo entre dientes.
—¿Esto es un concurso a ver quién sufrió más?
—intervino Craig—. Parecéis dos putos críos.
¿Qué coño pasa, Alasdair? Llevas un año que no eres tú mismo y ahora te presentas aquí y nos dices que te has casado con la mujer a la que hacías directamente responsable de la muerte de Owen.
¿Qué quieres que pensemos? ¿Qué pensarías tú?
Alasdair enarcó una ceja.
—Que me he casado para vengarme de ella —dijo y sin esperar respuesta se dio la vuelta para salir de allí.
Anthony fue más rápido y se interpuso en su camino.
—No serás tan hijo de puta —masculló.
—Piensa lo que te dé la gana. Es lo que haces, ¿no?
—Como le hagas daño a Victoria, te juro que…
Alasdair dio un paso hasta quedar tan cerca que podía ver las motas de sus ojos azules.
—¿Qué? ¿Qué harás? Es mi esposa y haré lo que me dé la gana.
Anthony lo agarró de la pechera y levantó un puño, pero Craig lo sujetó por la muñeca.
—Eres un desgraciado. Tu sufrimiento no te exime de ser un cabrón.
—¿Y quién quiere que lo eximan?
Se soltó de su agarre y salió de la estancia con paso decidido.
—Ha perdido la razón —musitó Anthony.
—No le hará daño —dijo Craig—. No será capaz.
Anthony también quería creer eso, pero Alasdair había cambiado tanto que ya no estaba seguro de nada.