CAPÍTULO 21

Alasdair se mantuvo apartado de ellas durante las siguientes semanas. La felicidad en el rostro de Zinnia fue genuina cuando Victoria le anunció que de momento no se marcharía. Victoria justificó su cambio de opinión con la noticia del embarazo de Clementine y la niña se alegró por ello también.
Una cierta paz se instaló en la casa de los Reid.
Las rutinas establecidas fueron conformando una atmósfera hogareña.
Por las mañanas iban al cementerio y Victoria le dejaba espacio para que Zinnia charlase con su hermano y sus padres.
Después regresaban a casa dando un paseo.
La biblioteca era el lugar en el que más tiempo pasaban.
Victoria hizo instalar allí dos pequeños escritorios, uno para cada una, y allí le daba clases a Zinnia todos los días.
También leían o charlaban y Victoria tocaba el piano.
—¿Por qué no quieres aprender a tocar? —preguntó la inglesa una tarde, mientras tomaban unas pastas deliciosas acompañando el té.
—No me apetece.
—Pero tendrás un motivo. —Bebió un sorbo mirándola por encima de la taza.
Zinnia se encogió de hombros y Victoria inclinó la cabeza.
—Tienes que dejar de hacer eso conmigo.
— ¿El qué?
—Mentir.
La niña se sorprendió y dio un pequeño respingo.
—Yo no…
—Ahora mismo ibas a volver a hacerlo. —Victoria dejó la taza en la mesa y se estiró la falda del vestido—. Si no quieres contarme algo, di que no quieres hablar de ello, pero no mientas. Si la otra persona es de tu confianza, al mentirle la traicionas. ¿Soy de tu confianza, Zinnia?
La niña asintió.
—Entonces no debes mentirme.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
—¿Mi hermano no era de tu confianza? —preguntó Zinnia.
Victoria empalideció.
—¿Qué?
—Has dicho que entre personas de confianza no hay que mentirse, por lo que he deducido que mi hermano no te inspiraba confianza.
—Oh… Claro que sí, pero… —Frunció el ceño sin saber qué decir—. ¿Por qué me preguntas esto?
—Necesito comprender lo que me dices —siguió la niña—. Me estás educando, Victoria, tengo que entenderlo bien. Si confiabas en Owen, ¿por qué no le dijiste que no lo amabas sin más? ¿Crees que no lo habría aceptado?
Victoria la miró entornando los ojos levemente. Había algo distinto en Zinnia esa tarde y no lograba averiguar qué era. Por alguna razón supo que debía poner mucho cuidado en su respuesta, pero que, sobre todo, debía ser muy sincera.
—Tienes razón, debí decírselo. Pero si no lo hice no fue porque quisiera engañarlo o porque no confiara en él.
Al contrario, tu hermano me demostró que era un hombre confiable y digno de ser amado.
—Asintió mordiéndose el labio mientras organizaba sus pensamientos—.
Lo que pasó fue mucho más… vergonzoso. Eres solo una niña, pero eres hermosa y brillante.
Tienes una gran personalidad y no pasarás desapercibida en ningún lugar.
Yo no soy así. Siempre fui una persona… mediocre.
Alguien anodino y sin importancia. Soy la hija de en medio.
Zinnia cogió un pastelito.
—¿Qué quieres decir?
Subió los pies al asiento del sofá y le dio un mordisco al dulce mientras la miraba interrogadora. Victoria suspiró antes de responder.
—Scarlett, mi hermana, es una mujer impresionante.
No solo es realmente hermosa, además tiene una seguridad en sí misma que hacía que siempre supiese cuál era su lugar.
Nunca esperaba a que nadie se lo diese, lo tomaba ella misma sin preguntar.
Yo soy mucho más… insegura. Siempre me ha gustado la tranquilidad y solía ser una niña solitaria.
Pero en el fondo lo que me pasaba era que me daba miedo el rechazo.
Si yo misma me quitaba algo, nadie más podría quitármelo.
¿Cuándo te miras al espejo qué ves, Zinnia?
La joven lo pensó un momento.
—Mi nariz —dijo con firmeza—. Es lo primero que veo siempre que me miro. Owen decía que era porque le doy demasiada importancia.
Victoria no pudo evitar sonreír.
—Me refería a qué persona ves cuando te miras.
—Ah. Pues… Veo a alguien que no me gusta.
La sonrisa desapareció del rostro de su amiga.
—¿Por qué dices eso?
—Has dicho que no debo mentirte, así que no lo haré, pero no quiero hablar de eso. Además, estábamos hablando de ti, aunque no sé muy bien lo que pretendes enseñarme con esta charla, la verdad.
—Tienes razón. Y gracias por no mentirme. Lo que pretendía contarte es por qué las atenciones de tu hermano despertaron en mí el deseo de ser esa persona que él veía.
—¿Acaso no lo eras?
Victoria negó con la cabeza.
—Yo creo que no. Creo que cuando alguien despierta verdaderos sentimientos en ti, es porque esa persona consigue verte de verdad. Ver a la persona que eres en realidad y que, probablemente ni siquiera tú conozcas del todo.
Zinnia se quedó de nuevo en silencio, pensativa. Terminó el bollo de canela, se limpió las manos en la servilleta y bebió un sorbo de té.
—Entonces, lo que estás diciendo es que tú viste a mi hermano, pero mi hermano no te vio a ti.
Victoria asintió.
—Qué interesante.
—Yo quería amar a tu hermano, Zinnia. Era lo que más deseaba.
La niña la miró con fijeza.
—¿Crees que no te habría hecho feliz?
—Yo no lo habría hecho feliz a él. Eso es lo que creo de todo corazón. Y ese fue el motivo de que decidiera marcharme.
—¿Necesita algo, señor?
La voz del mayordomo se escuchó en el pasillo y Victoria miró hacia la puerta entornada con el ceño fruncido.
—Nada, Ross, retírese.
Las dos esperaron a que Alasdair entrase en la biblioteca, algo que no sucedió. Se miraron interrogadoras, pero ninguna comentó nada al respecto.
—Gracias por contármelo —dijo la niña cogiendo otro bollo de canela—. La señora McFadden me va a convertir en una vaca si sigue haciendo estos dulces.
—Necesitamos hacer ejercicio —respondió Victoria riendo.
—¿Saldrás a montar conmigo?
—Yo no…
—Ya no puedes decir eso. Viniste a buscarme sobre un caballo.
—Eso fue un hecho puntual.
—De eso nada —negó la niña—. Saldrás a montar conmigo y no se hable más.
Victoria no dijo nada y se llevó la taza a los labios. En el fondo había disfrutado muchísimo, pero no iba a confesárselo de ninguna manera.
Aquella noche, durante la cena, Victoria sacó el tema.
—¿Por qué escogiste ese caballo para mí? —le preguntó a Alasdair.
—¿Te refieres al que montaste?
—Sí. ¿Por qué lo elegiste?
—Era el más adecuado de los que hay en estas cuadras.
—Dijiste que es un poco viejo.
Alasdair asintió.
—Era el caballo de la madre de Zinnia.
—¿Hay algún otro que crees que podría montar?
—¿Quieres montar?
—Va a montar conmigo todos los días desde mañana —respondió Zinnia por ella.
—Eso aún no está decidido —puntualizó ella.
Zinnia siguió con la mirada clavada en él.
—Aquí no hay ningún buen caballo para Victoria. Deberíamos ir a Slioscreige a por uno.
—No…
—Estoy de acuerdo —la cortó Alasdair sin dejarla terminar—. Anthony puede encontrar el caballo perfecto para ella.
—Pero…
—¿Crees que debemos avisar antes de ir? —siguió Zinnia.
Victoria los miraba sin dar crédito. Al parecer ella no tenía nada que opinar en esa conversación.
—No será necesario. Podéis ir mañana mismo y pedirle que os ayude. Si Anthony no está, preguntadle a Craig. No hagáis ni caso a Cai, no tiene buen ojo para unir a un jinete y su caballo, pero no se lo digáis, es muy susceptible con eso.
—Eso haremos. —Zinnia sonrió al mirar a Victoria con suficiencia—. Un día de estos.
Después de cenar ellas solían retirarse a la biblioteca y Alasdair desaparecía en el ala este.
Zinnia siempre se acostaba antes que Victoria que se quedaba leyendo hasta que se le cerraban los ojos.
Era el único modo de asegurarse de que caía rendida en la cama y era menos probable que la atacasen las pesadillas.
Seguía teniendo el mismo sueño, pero ahora la figura entre sombras tenía el aspecto de Alasdair y eso la inquietaba aún más que cuando creía que era solo un fantasma.
—¿Podemos hablar un momento?
Estaba acurrucada en la butaca, con una manta sobre las piernas y cerca del fuego. Giró la cabeza para mirarlo somnolienta. Asintió y él se sentó en la butaca de Zinnia.
—He recibido una nota de Ninian Baxter esta mañana. —Su rostro no mostraba ninguna expresión—. Me pregunta si puede visitarte.
—¿Por qué has esperado hasta ahora para decírmelo?
—No tenía intención de hacerlo.
—¿Por qué no?
Él se encogió de hombros.
—¿Y ya está? ¿No vas a justificar tu falta de consideración?
—No veo por qué habría de darte explicaciones.
—¡Alasdair!
Él volvió a encogerse de hombros.
—¿Quieres que te visite o no?
—Ssssí.
—No pareces muy segura. ¿Sabes lo que busca, no?
Ella volvió a arrugar la frente.
—¿Lo que busca?
—Está claro que le gustas.
—¿En serio?
Alasdair soltó una carcajada y Victoria se contagió de su risa.
—No puede ser que no te hayas dado cuenta de cómo te mira.
Ella se ruborizó y la mirada de Alasdair se hizo más intensa.
—De verdad no te has dado cuenta —musitó como si no diera crédito.
Victoria suspiró.
—Quizá sea mejor que le digas que no.
—¿Por qué? ¿No te resulta atractivo?
—No es eso.
—¿Entonces qué es?
—Quizá ahora me resulte atractivo y de pronto ya no.
Ahora fue él el que arrugó el ceño.
—Es lo que me pasó con Owen —dijo ella con timidez.
La mirada de Alasdair la hizo removerse incómoda en el asiento. En cambio él, que había pensado quedarse solo un par de minutos, se recostó en el respaldo y colocó los pies en el escabel más cercano.
—No es eso lo que le has dicho a Zinnia esta tarde —dijo burlón.
—¡Has escuchado nuestra conversación!
—Culpable.
—Qué falta de modales.
Él sonrió abiertamente y Victoria intentó recordar cuánto hacía que no veía esa sonrisa.
—¿Qué piensas del señor Baxter? —preguntó ella.
—¿Me estás pidiendo opinión sobre tu pretendiente?
—No es mi pretendiente.
—Yo creo que sí.
—Solo hemos hablado una vez. Bueno, varias veces, pero solo un día. Una noche. ¡Oh, ya me entiendes!
Él soltó una carcajada y su expresión se suavizó todavía un poco más.
—Es un buen tipo.
—¿Del «buen tipo» al que le dejarías acercarse a tu hermana?
Alasdair asintió y ella se quedó pensativa.
—¿Te gusta? —preguntó él.
—Ya te he dicho que no soy de fiar en eso.
—Imagina que te besa. Mi madre dice que es una prueba infalible.
—¿Eso dice? —se rió ella.
—Sí. Dice que para una mujer es la mejor prueba.
—Para una mujer.
—Cree que nosotros podemos besar a un caballo sin notar la diferencia.
Ahora fue ella la que se rio a carcajadas.
—Tu madre no tiene muy buena opinión de los hombres, por lo que veo. Espero que tu padre no vaya por ahí besando caballos.
—Mi padre no besaría a nadie que no fuese Rowena McEntrie, te lo aseguro. No creo que haya un hombre más enamorado que él de su esposa.
—¿Y qué me dices de Dougal? Yo creo que él es el más enamorado de todos los McEntrie.
—Mmmm… —Alasdair se frotó la barbilla pensativo—. Probablemente tengas razón.
Durante unos segundos ninguno dijo nada. Victoria tenía la mirada en el fuego, mientras que él la analizaba.
—¿Te gusta Ninian? —volvió a preguntar Alasdair.
Ella asintió levemente.
—¿Puedes imaginarte besándolo? —insistió él.
Victoria le sostuvo la mirada durante unos interminables segundos. Bajó de sus ojos hasta su boca y sin darse cuenta contrajo los labios. Después volvió a subir hasta sus ojos y lo que vio en ellos le erizó el vello de la nuca.
—A mí ya me has probado, Rompepromesas.
El frío la atravesó como un puñal, pero en lugar de decir nada le giró la cara dispuesta a no volver a hablarle.
—Le diré que puede venir a visitarte —dijo él poniéndose de pie—. Buenas noches, Rom…
—¡Oh, vete de una vez! —lo cortó furiosa.
Alasdair sonrió burlón y se marchó sin decir nada más. Victoria abrió el libro dispuesta a recuperar la calma que él acababa de quitarle, pero fue incapaz de concentrarse.