El fantasma de las Highlands (Wharton & McEntrie 5) CAPÍTULO 18
25%

CAPÍTULO 18



En cuanto entró en su cuarto se quitó la ropa mojada y se vistió. Un vestido cómodo para viajar. Pensaba pasar por Slioscreige para despedirse, pero después emprendería el viaje a Berksham sin más dilación.

Cuando estuvo vestida comenzó a doblar la ropa sobre la cama antes de meterla en el baúl.

Las manos le temblaban y de vez en cuando se le escapaba un sollozo involuntario.

Había vivido una experiencia aterradora.

En pocas horas había visto a alguien torturado, destrozado, inconsciente, dulce, amable y cruel, todo en el mismo hombre.

Recordó la suavidad de la caricia de su dedo en la mano y se sentó en la cama agotada.

No sabía que estuviese sufriendo tanto. Nunca había visto a nadie padecer un dolor tan agónico como el que él sentía.

Si no hubiese conseguido calmarlo, ella misma le habría dado el láudano.

No es posible ver a alguien padecer así sin tratar de ponerle remedio.

Entendía por qué esos dos pobres criados habían estado contraviniendo las órdenes del médico, pero su acción podía matarlo.

Tendría que contárselo a Rowena, su madre debía saberlo.

Alasdair no estaba seguro allí, la violencia que ejercía contra los que lo rodeaban era imposible de afrontar para alguien que estaba a su servicio.

Cuando ella se marchase, no habría nadie allí para hacerle frente.

¿Qué ocurriría si Zinnia lo veía en esa situación?

A ella la había agarrado del cuello… Se llevó una mano a la garganta y recordó ese momento agónico en el que no podía respirar.

La había soltado por decisión propia. ¿Qué habría pasado de no hacerlo?

La señora Brown no podía con él. ¿Y si era Zinnia la que estaba a su merced?

Se retorció las manos nerviosa. Iba a dejarla sola con él. Pero tenía que irse. No podía seguir tolerando que la tratase como lo hacía.

«El odio es lo único que me mantiene vivo…»

Esas palabras resonaron en su cabeza una y otra vez.

¿Qué había querido decir con eso? ¿Que no la odiaba de verdad, pero que necesitaba ese odio para sobrevivir?

¿Sobrevivir a qué? Sus heridas no eran mortales, ya estaban cicatrizadas.

Frunció el ceño confusa. No sabía a qué se refería con aquello, pero la perturbaba.

Dejó escapar el aire con un bufido y miró su ropa esparcida por la cama. De nuevo regresó a la fiesta y pensó en Ninian Baxter y su amabilidad. No volvería a verlo si se marchaba, no pensaba regresar a Lanerburgh jamás.

Quizá el dolor de Alasdair se agravaba cuando algo lo alteraba.

Podría ser que lo sucedido en el baile, su discusión con ese hombre…

¿De qué hablaban? Apenas había captado algunas palabras dichas en un tono demasiado alto.

Parecía que hubiese una deuda entre ellos.

¿Qué tipo de deuda? Sabía que Alasdair no veía a nadie desde la muerte de Owen.

Y desde que vivía en su casa, solo salía a caminar.

Entornó los ojos como si escudriñase en sus recuerdos.

Siempre estaba preocupado por los gastos.

¿Acaso las finanzas de Owen no estaban saneadas?

¿Era Owen el que debía dinero a ese hombre?

—No es asunto mío —dijo en voz alta para sí misma.

Se puso de pie y continuó doblando su ropa.

Cuando bajó a desayunar estaba tensa, tenía que hablar con Zinnia y sabía que no iba a ser una conversación nada fácil. La niña ya estaba en el comedor cuando entró y la recibió con la alegría de siempre y una enorme sonrisa.

—Voy a salir a dar un paseo con Relámpago —anunció tras darle los buenos días—. Ya sé que a ti no te gusta montar, así que tendré que ir sola…

—No puedes salir a montar sola —negó Victoria sin coger nada para comer.

—Pues ven conmigo.

La inglesa negó con la cabeza y luego se llevó la taza de té a los labios.

—Le pediré al mozo de cuadras que te acompañe.

—¿Murray? Te advierto que le encanta hacer carreras. Es muy probable que acabe teniendo un accidente si me dejas con él.

Victoria enarcó una ceja. Debía pensar que era muy manipulable.

—Después de desayunar tenemos que hablar de algo, Zinnia.

—¿Vas a darme una charla de por qué no debería subirme a un animal que es más alto que yo?

Victoria sonrió y bebió otro sorbo de té.

—Esta mañana quiero ir a Slioscreige . Si sales a montar no podrás venir conmigo.

Zinnia abrió la boca sorprendida. No se esperaba aquel giro de los acontecimientos.

—Está bien. Tú ganas. Tu jugada ha sido mucho mejor que la mía. Ya iré a montar mañana. Quiero revisar la biblioteca de Slioscreige y hacer una lista de los libros que tienen.

—¿De todos? Para eso necesitarás unas cuantas visitas, me temo.

La niña sonrió como si esa fuera una idea maravillosa.

— ¿Qué pasó anoche, señor Ross? —preguntó de pronto—. Escuché pasos en el pasillo por delante de mi puerta. ¿Ocurrió algo?

Victoria sostuvo la taza en alto obligándose a no mirar al mayordomo.

—El señor McEntrie tuvo una mala noche —respondió él.

—Ah. —Pensó un momento—. ¿Le ocurre a menudo?

—De vez en cuando.

Zinnia asintió y finalmente se encogió de hombros y siguió desayunando.

—Ahora cuéntame todo lo que pasó en el baile de los Moncrieff. Verías a los McEntrie. ¿Conociste a alguien interesante?

Victoria casi suspiró aliviada cuando cambió de tema y ese alivio hizo que su relato de la fiesta fuese mucho más animado.

Aunque puso mucho cuidado en no mencionar demasiado a Ninian Baxter.

Zinnia era demasiado perspicaz y no quería darle argumentos para imaginar cosas.

Más aún cuando iba a marcharse de Lanerburgh ese mismo día.

—¿Conoces a Arlene Barclay?