CAPÍTULO 13

A Victoria no le gustaba demasiado hablar.
Normalmente se rodeaba de personas a las que les gustaba llenar los silencios y ella podía disfrutar de la conversación sin la responsabilidad de cargar con el peso de mantenerla viva.
Nunca en su vida había deseado tanto que un viaje acabara.
Alasdair no abrió la boca en la primera media hora.
No hizo el menor comentario respecto a nada y Victoria se encontró deseando que le dijera algo impertinente que le quitara el extraño temor de haberse quedado sorda.
O de que el mundo se hubiese acabado y estuviesen atrapados en un viaje sin fin. Silencioso y eterno.
—¿Has podido ver la biblioteca? —preguntó con timidez.
Alasdair posó sus verdes ojos en ella y Victoria trató de mostrar algo parecido a una sonrisa.
—Está quedando muy bien. Espero que no te moleste que hayamos movido el piano de pared. Hemos tenido mucho cuidado con…
—Todo en esa casa es de Zinnia. Ella puede hacer lo que guste —la cortó tajante haciendo hincapié en el pronombre.
—Cierto —musitó ella desviando la mirada .
Él tenía una expresión que no auguraba nada bueno y se maldijo por haber iniciado la conversación.
—¿Ya sabes cuánto tiempo vas a quedarte en Escocia? —preguntó él.
Victoria comprendió que no tenía sentido intentar esquivarlo en un receptáculo tan pequeño.
—Zinnia quiere que me quede hasta… su mayoría de edad.
Alasdair no movió un músculo.
—Te he preguntado hasta cuándo vas a quedarte, no lo que quiere Zinnia.
—No lo he pensado —mintió.
—¿No tienes una vida a la que volver? —Se recostó apoyando la mano izquierda en el asiento—. ¿No hay ningún candidato esperándote en Berksham?
Ella negó levemente con la cabeza.
—¿Tampoco están a la altura de tus expectativas? ¿No crees que a lo mejor esas expectativas son demasiado altas, Rompepromesas?
Ella apretó los labios y respiró hondo por la nariz antes de responder.
—No es asunto tuyo.
—Cierto, no lo es, pero el viaje es largo y tengo curiosidad. ¿Qué le pides a un candidato?
Se mostró confusa.
—No tengo peticiones.
—¿No? ¿Qué me dices de mí? ¿Yo te serviría?
—¿Qué? ¡No!
—¿No? ¿Por qué?
Ella abrió la boca, pero enseguida volvió a cerrarla.
—¿Qué ocurre? ¿No te atreves a responder?
—Es una pregunta estúpida.
—¿Y qué más da? Responde.
Aquello le sonó a orden y su mirada fría no mostraba la menor afabilidad.
—Responde, Rompepromesas.
Ella respiraba agitada, pero no podía apartar la mirada de aquellos fríos ojos que se habían oscurecido por momentos.
—Hay tantas razones que no sé por dónde empezar.
—Empieza por la primera. Mis manos.
—No —negó rotunda—. Tus manos no serían una razón.
Si esperaba alguna reacción por su parte, él no se inmutó.
—Que me llames Rompepromesas. Que me odies y no me des la menor oportunidad de explicarme. Que seas cruel y vengativo, no solo conmigo.
Se removió en el asiento incómoda. Que a él no pareciese afectarle nada de lo que decía la ponía terriblemente nerviosa. Era como estar hablando con una pared de roca que sabes que puede desplomarse sobre ti en cualquier momento.
—Pero, lo cierto es que solo necesito una razón. Tú no me amas y yo no te amo.
—Owen te amaba.
Ella elevó levemente el mentón, pero sus ojos no pudieron ocultarle la punzada que sintió en el pecho.
—Pero tú no lo amabas a él, ¿verdad, Rompepromesas? —Se inclinó hacia delante con expresión sombría—. ¿Qué fue? ¿Te gustaba la casa? ¿Temías que todas tus primas se casaran y tú te quedases soltera?
Victoria se agarró las manos para que no viese que le temblaban.
—Ya te respondí a eso.
—Pero no te creí.
—No creerás nada de lo que te diga, porque has decidido que soy esa persona.
—¿Qué persona?
Ella trató de retener las palabras, pero al final no pudo sostenerlas, le quemaban la garganta y le estrujaban el corazón.
—La que recibirá tus golpes. La que calmará tu ira. La culpable de todo.
—Jamás he golpeado a una mujer —dijo sereno.
—A mí me golpeas, Alasdair. Cada vez que me llamas Rompepromesas es como si me dieras un puñetazo.
Cada vez que me miras con ese desprecio o me recuerdas que Owen murió por mi culpa.
—Se limpió una lágrima furtiva con rabia—.
Una vez me dijiste que yo era preciosa por dentro y por fuera, ¿lo recuerdas?
Yo sí lo recuerdo. Cada vez que me insultas, que me desprecias o me maltratas recuerdo a aquel Alasdair, bueno, amable y divertido.
Y eso me destroza, porque esto —señaló sus manos— también es culpa mía y tendré que vivir con ello el resto de mi vida.
Por primera vez no aprovechó su debilidad para atacarla. Se recostó y dejó que su mirada escapara por la ventana sin hacer el menor comentario.
Cuando el carruaje se detuvo frente a la entrada de la casa, Alasdair bajó antes que ella y la ayudó a bajar ofreciéndole su mano. Victoria apenas ejerció presión en ella, temerosa de hacerle daño y él apretó los dientes visiblemente molesto por su consideración.
Dejaron los abrigos a un lacayo y se dirigieron al salón del que provenía la música, sin que nadie los interceptara. Victoria miraba a Alasdair con disimulo cuando alguien los saludaba y él respondía con una fría amabilidad.
—Tu familia no ha llegado aún —dijo intentando que no se le notase la ansiedad.
—Tengo que hablar con unas personas —dijo él sin mirarla y se alejó.
Victoria sintió el calor en sus mejillas y carraspeó inquieta. ¿Para qué la había obligado a ir si se iba a comportar así con ella? En cuanto lo pensó se dio cuenta de lo absurdo de su pregunta. Esa era razón más que suficiente para arrastrarla hasta allí .
Se paseó por el salón dedicando una sonrisa a todo aquel con el que se cruzaba.
—Señorita Crawford…
Se detuvo al escuchar la voz masculina a su espalda.
—Señor Baxter —lo saludó también.
—No nos habíamos visto desde su anterior visita. ¿Le apetece comer algo? Iba ahora hacia el comedor.
Ella miró a su alrededor y finalmente aceptó el ofrecimiento.
Había hablado con Ninian Baxter en una ocasión.
Se lo presentó Nuna y le pareció un joven muy amable y agradable, cosa que pudo confirmar después de quince minutos de charla.
No solo tenía una conversación interesante, además era muy divertido y la hacía reír todo el tiempo.
—Tiene que venir a visitarnos —la invitó cuando vaciaron sus platos—. Mi madre no recibe muchas visitas y estoy seguro de que se alegrará de verla. Nuestra casa está a hora y media de Reid House, más o menos como la casa de los Moncrieff, pero en dirección contraria.
—Su abuelo es el conde de Ardbrock —dijo ella contagiada por su sonrisa—. ¿Cómo es que no viven allí?
—Entre usted y yo —dijo inclinándose y bajando el tono—, mi padre y mi abuelo nunca se han llevado bien. Además, al ser el segundo hijo, no está atado al condado.
Ella asintió y caminaron juntos de vuelta al salón. Los bailarines se colocaron para un baile en línea y ellos se situaron en el borde de la sala como espectadores.
—¿Le gusta bailar, señorita Crawford?
Victoria asintió sin disimulo.
—Entonces me gustaría que me concediese un baile. Un vals, a ser posible.
Ella sonrió y volvió a asentir.
Ninian Baxter hizo un gesto a un lacayo que portaba una bandeja con copas de champán y cogió dos entregándole una a ella.
Los ojos de Victoria se cruzaron con los de Alasdair, que la observaba desde el lado opuesto de la sala.
Estaba acompañado por tres caballeros de cierta edad que parecían muy interesados en la conversación.
Elevó ligeramente un lado de su boca y levantó su copa a modo de brindis.
Ninian frunció el ceño y sin el menor disimulo se colocó entre los dos para cortarle la visión.
—Tengo entendido que ha cambiado mucho en el último año —dijo sin mencionar nombres.
Fue como si lo viese por primera vez. Era muy apuesto, aunque no guapo. Tenía el pelo de un suave rojizo y pecas en las mejillas. Sus ojos eran de un azul claro y brillante y su expresión era amable todo el tiempo. Sintió una extraña paz por tenerlo delante y se preguntó si eso significaría algo.
—¿Tiene usted hermanos, señor Baxter?
—Oh, sí —se rio—, y no sabe las veces que he deseado ser hijo único.
Thomas, que es el pequeño, tiene la costumbre de despertarme tirándose sobre mi cama.
Desde que era un niño pequeño hace eso, pero es que ahora que tiene diecisiete años, sigue haciéndolo y no sabe lo duros que tiene los huesos.
Y Malcolm, el segundo, habla tanto que a veces no puedo seguir el hilo de su conversación.
—¿No tiene hermanas?
—No, por desgracia. Estoy seguro de que habría sido una bendición.
En ese momento entraron los McEntrie en el salón.
Victoria se dio cuenta porque todas las miradas se dirigieron hacia la entrada.
No vio a Rowena y Kenneth y tampoco a Elizabeth y Dougal, por lo que supuso que estos últimos se habían quedado en casa para acompañar a los otros.
Sus hijos sí habían acudido y parloteaban en grupos de chicos y chicas cerca de la puerta.
Heather fue la primera en reparar en ella y le dijo algo a Robert antes de acercase a saludarla.
—Buenas noches, Victoria. —Se besaron afectuosamente—. Señor Baxter.
—Señora Wilmot —la saludo cortésmente.
—Habéis tardado mucho —se lamentó Victoria.
—Hemos tenido un poco de lío al distribuirnos en los carruajes —dijo poniendo los ojos en blanco—. Y eso sumado a que Eilidh y Alison han discutido…
—¿Discutido? ¿Por qué?
Heather le dirigió Ninian Baxter una mirada elocuente.
—Oh. —El joven captó enseguida la indirecta—. Veo allí a unos amigos a los que quería saludar. Si me disculpan, las dejo para que hablen de sus cosas. Volveré a por el baile que me ha prometido.
Victoria pensó en puntualizar que ella no había prometido nada, pero en lugar de eso le sonrió con cara de boba. Cuando Baxter se marchó Heather la miró con la boca abierta.
—¿En serio? ¿Ninian Baxter?
—No sé de qué me hablas.
—¡Victoria!
—¿Quieres, por favor, no alzar la voz?
—Buenas noches, Victoria —dijo Clementine junto a ellas—. Estás guapísima.
Su prima la cogió de las manos y le dio un beso en la mejilla.
—Te he echado de menos —dijo Clementine—. ¿Por qué no has venido a visitarnos? Yo no puedo ir a Reid House, hasta que el estúpido Alasdair nos lo permita.
—Luego la interrogas —intervino Heather—, ahora tiene que responderme a mí.
—He olvidado la pregunta —mintió Victoria.
—Cuando hemos llegado estaba muy cómoda hablando con Ninian Baxter.
Clementine frunció el ceño y miró a su alrededor.
—¿Quién es?
—¿No lo conoces? —se extrañó Victoria—. Nos lo presentó Nuna en… Oh, es verdad, tú estabas en Alderwick…
Clementine sigu ió la mirada de Heather y dio con un joven de buen aspecto que hablaba con Liam Fraser. Cuando se giró de nuevo hacia su prima la divertida sonrisa que le bailaba en los labios era de lo más reveladora.
—Ninian, ¿eh? Vaya, vaya, Victoria…
—Heather, de verdad…
—¿Qué? No es nada malo que nos alegremos por ti.
—Apenas hemos hablado unos minutos mientras comíamos una porción de…
—¡Habéis comido juntos! —exclamó Clementine riéndose—. ¿Qué será lo siguiente? ¿Te invitará a su casa para conocer a su familia?
Victoria se sonrojó y las otras abrieron los ojos sorprendidas.
—¿Te ha invitado a su casa? —preguntó Heather.
—Ha mencionado que su madre no recibe muchas visitas…
—Tienes que presentármelo —dijo Clementine—. Ahora. Aprovechemos que está hablando con el señor Fraser y acerquémonos.
—Clementine, por favor —suplicó Victoria buscando la ayuda de Heather.
—Será mejor que esperes un poco —aconsejó esta acudiendo en su auxilio—. Ha dicho no sé qué de un baile. Después de eso, Victoria te lo presentará, ¿verdad, Victoria?
La otra asintió consciente de que no tenía escapatoria.