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-Qué pena me da…
- ¡¿Qué dijiste, simio lampiño?! ¡Tú eres la que morirá y yo me quedaré con mi hermano mayor para siempre! -sus palabras lentamente dejaban de tener sentido y comenzaba a desesperarse, solo se expresaba con dolor y angustia, estaba perdida en la ilusión de que ella aún podía tener una oportunidad-.
¡Soy un ser perfecto, estoy por encima de ti!
Arthur suspiró con un sentimiento parecido a la decepción de saber que su hermana había llegado a eso, a vivir en un laboratorio abandonado entre escombros y recuerdos alterados, clamando ser superior a todos por las condiciones de su nacimiento y no por sus decisiones, cuando en realidad solo era un mal producto de unos laboratorios que no supieron cuando detenerse, era otro de los tantos fracasos de la ciencia que no debería haber explorado esa posibilidad.
-Lo lamento, Ruby, así es como termina…
- ¡No, no te atrevas a sentir lástima por mí! -interrumpió la niña, aún de rodillas mientras lloraba y la electricidad corría por su cuerpo-.
¡Con todo el amor que sentí por ti, no te atrevas a menospreciarme otra vez! ¡Con todo el castigo que le di a los científicos que te torturaron! ¡¿Así es como me pagas?!
-Ruby, guarda silencio…
- ¡No pienso dejar que te vayas! ¡Vine a este mundo para estar contigo, para ser una contigo, antes de mí te sentías vacío y solo, no había nadie más que entendiera lo que es ser como tú! ¡¿Como puedes ser tan egoísta?! ¡Merezco algo mejor que esto!
Entonces Arthur soltó la mano de Charlie, empleó toda su fuerza para igualar la voz de Ruby, y captó su atención al darle una cachetada que hizo que sus lágrimas se resbalaran de su rostro, dejando a la niña completamente anonadada, porque la sensación de su palma contra su mejilla era diferente a cualquier golpe, era como si en el fondo le estuviera hablando a esa niña que nunca supo cómo vivir sin su hermano.
Con su cara enrojecida por la cachetada, ella volvió el rostro hacia el frente para encararlo, parecía una niña rezongando, se mostraba frustrada e irritada por como resultaban las cosas despues de tantos años.
- ¡Ya basta, es hora de dejar esto atrás, Ruby!
- ¡¿Acaso me pides rendirme?!
- ¡Sí, eso pido! -una vez que captó su atención pudo regular su voz, estaba listo para decirle todo lo que alguna vez pensó-.
Ya basta, Ruby.
No más peleas, no más monstruos, no más pesadillas… Solo, deja de escuchar esa voz en tu cabeza que te pide dañar a otros, deja de hacerle caso solo por una vez en tu vida, por amor de Dios; solo por un segundo deja de ver a los demás con odio, deja de pensar que eres superior a todos, ese camino nunca terminará, por favor, hazme caso y tendrás paz, hermana.
Lentamente la ira en la voz de Ruby se convertía en puro dolor y tristeza, lloraba como la niña que aparentaba ser, Arthur solo la había visto derramar lágrimas y llorar de esa forma una vez en su vida, pero eso estaba bien, significaba que estaba siendo sincera, le angustiaba saber que ese sería la última vez que se verían.
- ¿Por qué me haces esto, hermano mayor? -le cuestionó, pasando el dorso de su mano para disipar sus lágrimas-
-Porque… -intentó reunir el coraje para decir lo que guardaba, su relación era demasiado compleja, una llena de abusos, maltratos, persecuciones y daños irreparables, pero había otro sentimiento bien escondido entre toda la oscuridad, algo que creía muerto en su corazón, pero que seguía allí de alguna forma con la intensidad de un único recuerdo-.
Por más que no lo creas, yo sí llegué a amarte; esa ocasión en que nos quedamos en mi cuarto, miramos películas toda la noche, y cuando dormimos me abrazaste, me hiciste sentir protegido, no experimentaste conmigo ni dijiste nada malo… solo vimos películas y dormimos, una parte de mí todavía te amaba, por más irónico que parezca, esa fue mi época más feliz en el laboratorio, hermana menor.
-Lo recuerdo… Es un bonito recuerdo, se siente bien.
-confesó con una pequeña sonrisa, entristecida-.
Es la primera vez que recuerdo algo que no involucra lastimar y se siente bien, es extraño, hermano mayor, ¿Así te sientes siempre? Siento mi corazón, no pensé en armar uno, pero lo tengo.
Ruby se sostuvo el rostro mientras lloraba, cubriendo su mano con sangre, se detuvo solo a pensar que por más que fuera no podía evitar sentir su propia naturaleza maligna devorándola por dentro, no era algo que pudiera evitar, solo podía conocer un alivio temporal.
Lo que escuchaba era su instinto, siempre le había hecho caso, nunca decidió combatir contra sus ansias por devorar y matar todo lo que le rodeaba, el mismo instinto que Arthur solía escuchar cuando le rogaba por hacer cosas malévolas, pero había conseguido callarlo por su voluntad por hacer el bien, por sus deseos de cambiar y ser más de lo que todos pretendían que fuera… Esa era otra diferencia entre ellos.
-Arthur, ve con ella, no creo que el techo aguante mucho, despídete y… hazlo cuando estés listo.
-aconsejó Charlie, dándole un pequeño empujoncito-
El chico asintió y caminó hasta Ruby, inclinándose a su altura.
-Perdóname, hermana menor, de verdad espero que nos encontremos en otra vida, quizás podamos intentarlo de nuevo… Ser otras personas que no tengan que lastimarse.
-dicho eso, él la abrazó y besó su frente, era la primera vez que sentía tranquilidad cerca de ella, tenía la certeza que no le haría nada salvo corresponder débilmente su abrazo, cubriendo su hombro con sus lágrimas-
- ¿Prometes que también conservarás ese único recuerdo lindo que tienes de mí, hermano mayor?
-Lo prometo, hermana menor.
Entonces se alejó, mantuvo su sonrisa y miró a Charlie, su naturaleza le decía que debía despreciarla por su humanidad, pero ese único instante de tranquilidad le ayudó a superar su naturaleza, dejando de pensar a través del desprecio, le ayudó a verla como una chica bastante linda.
-Charlie… Gracias por cuidar de mi hermano mayor, por favor, hazlo feliz.
La chica se limitó a asentir, realmente no podía dejar de ver a Ruby como la asesina despiadada que era, realmente no entendía como podía caber tanta bondad en el corazón de Arthur después de todo lo que había pasado, era un ser sorprendente por esa capacidad innata.
Notó que Ruby le susurró algo al oído, pero no pudo escuchar qué, pero no parecía importar porque en ese instante, habiendo compartido los últimos momentos de su vida inmortal, Arthur deslizó una de sus garras por el brazo de Ruby, fue un corte largo que no dejaría de sangrar y no sería doloroso, sería como quedar dormida lentamente en sus brazos.
Ruby podía sentir como su cuerpo se hacía cada vez más pesado, sus parpados se cerraban por sí mismos, y en cuanto menos lo pensó quedó tendida en los brazos de su hermano mayor, mirando directamente a su rostro fragmentado como el último recuerdo que tendría antes de morir, lo último que vería sería el rostro de la persona a la que más amó por encima de su vida… al menos pudo morir con una sonrisa, aunque sabía que no lo merecía, y estaba lista para descubrir cuál era el misterio después de la muerte para alguien como ella que había pasado toda su vida lastimando y odiando a todos.
Arthur sostuvo el cuerpo de su hermana por varios minutos, la única en todo el universo que entendía lo que era ser como él, porque nunca imaginó ver sin vida a la criatura que le había hecho pasar por un infierno, y, aun así, estaba listo para desaparecer por siempre de ese laboratorio en ruinas… La dejó allí, para que pudiera descansar, concediéndole en sus últimos momentos un hermoso sueño donde ambos eran niños normales en una casa de campo, jugando, persiguiendo a los conejos, siendo felices.
“Este es mi regalo para ti, me diste sufrimiento, soledad, dolor y autodesprecio por muchos años… Pero yo no soy como tú, te daré una pequeña pizca de felicidad, incluso si es más de lo que mereces”
fue lo que le dijo en el sueño cuando ella se recostó en su regazo, brindándole la misma felicidad que él sintió con Cassandra, con Hazel y que aún sentía con Charlie, concediéndole el mejor descanso que podría imaginar, y en el sueño observó la hermosa sonrisa de Ruby sin que su naturaleza la corrompiera, era justo como le habría gustado recordarla.
Una vez fuera del laboratorio observó como todo se caía a pedazos, la entrada quedó sellada por los escombros y la tierra, nadie volvería a entrar, y sintió que finalmente una de sus heridas se cerraba después de tantos años, pudiendo deshacerse de las pesadillas que lo atormentaron.
Fue extraño, como haber logrado algo que nunca imaginó, nunca pensó que llegaría tan lejos en la vida, pero allí estaba, cicatrizando al lado de su amada que cargaba a su hijo en su vientre, los pensamientos y amenazas que llegaban como mensajes a su cabeza se detuvieron, no había nadie más como él en todo el mundo… Se sintió desconectado, como un navío que pierde de vista la luz del faro en la noche, por un momento se sintió esencialmente solitario.
- ¿Ahora qué? -cuestionó Charlie, sosteniendo su mano mientras agradecía que todo hubiera acabado-
-Hay… una persona a la que quiero ver era alguien importante para mí, Ruby me dijo dónde encontrarlo.
“Cada día puedo sentir que me alejo más de todo, que me alejo de ti, tu fotografía es lo único que me queda para recordarte.
Hijo, lamento que tuvieras un mal padre como yo, lo lamento mucho”
pensaba Sean Sullivan en su casa de campo, la última propiedad que le quedaba tras haber vendido todas las demás para invertir dinero en su búsqueda infructífera, el lugar donde esperaba pasar sus últimos años.
El hombre estaba en su sala viendo la televisión, las noticias hablaban de los terremotos en las afueras de la ciudad, en una pequeña zona apartada que casualmente era un lugar de superstición en los últimos años, Sullivan inmediatamente reconoció esa zona por uno de sus tantos trabajos, del que más se arrepentía por haber formado parte del sufrimiento ajeno.