El fantasma carmesí 4 #3
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Ruby yacía de rodillas, su rostro se llenó de una rabia paralizada por la corriente mientras miraba a Arthur con Charlie, ambos tomados de la mano como una certeza de su seguridad, estaban tranquilos al saber que la niña ya no podría lastimarlos, estaba herida y apresada, todo lo que habría deseado hacerles se limitaba a su imaginación, ni siquiera podía volver a cambiar de forma; existir de esa manera, consciente de todo lo que podía hacer para liberarse, pero estar limitada por una herramienta, le hacía sentirse abusada, despojada de su poder, a merced de un mundo que no toleraba su existencia cuando ella lo único que deseaba era ser libre… Entonces comprendió que así era como Arthur se sentía todos los días antes de marcharse del laboratorio.

-Por fin sabes cómo se siente lo que le hiciste pasar a tu hermano, niña.

-suspiró Charlie-

-No…

-Ya no volverás a lastimar a nadie, se acabó, Ruby.

-dejó salir Arthur-

- ¡¿Qué hiciste?! -exclamó Ruby, intimidando a Charlie por el poder de su voz, pero Arthur ni se inmutó.

Las descargas eléctricas se hicieron más agresivas como respuesta a sus intenciones-

Arthur sostuvo las manos de Charlie y luego tomó su rostro con delicadeza, el miedo de que hubiera sido asesinada seguía latente hasta ese momento, pero verla frente a él lo había disipado y podía estar más tranquilo, estaba feliz de que finalmente pudo proteger a la persona que amaba de las garras del mal.

Él se aseguró de apreciar sus facciones, cada característica que componía su rostro, como si fuera el premio de consolación tras una ardua batalla en que los pensamientos y las heridas estuvieron presentes al mismo tiempo.

- ¿Estás bien?

- ¿A quién le importa, torpe? -ella correspondió con gran alivio, suspiró y besó su mejilla-.

¿Tú estás bien?

-Lo estoy, pero a mí me importas tú.

-confesó con una tierna sonrisa, luego miró a Ruby con desprecio mientras ella le regresaba una mirada llena de angustia y dolor-.

Ya no nos lastimará.

Despues, Arthur miró al primogénito jadeando de dolor en el suelo, con un agujero en el pecho que no paraba de sangrar mientras su cuerpo se iba deshaciendo; el chico no sabía cómo lucía la muerte en criaturas como ellos, pero con su hijo indeseado pudo estudiar la forma en que se iba fragmentando igual que una muñeca de porcelana, grandes y alargadas grietas de sangre se resquebrajaban por todo su cuerpo, tenía una figura quebradiza que, despues de consumirse sobre sí mismo, no quedaba absolutamente ningún rastro.

Él se inclinó sobre el suelo, con una mano en el pecho del niño y la otra en su cabeza, no tenía ojos por lo que no podía verlo una primera ni última vez, pero permitió que su toque fuera el consuelo que necesitaba; le dijo que no lo odiaba, le pidió que lo perdonara por haber olvidado su existencia en todos esos años, y que no fue su culpa todo lo que vivió, a veces las buenas personas solo tenían la mala suerte de nacer en el lugar equivocado… Y le dijo que estaba orgulloso, porque a pesar de todo el mal que conoció y el odio que se le implantó eligió enfrentarse a su abusadora, tuvo la fuerza que él nunca tuvo para desafiarla.

“¿Padre…?”

fue lo último que pensó el niño sin nombre, que se sintió como un niño de verdad en el último segundo, compartiendo inconscientemente el mismo deseo de su padre, Arthur lo vio partir cuando exhaló su último respiro a través del dolor que lo había poseído.

No tuvo nombre, no tuvo amor, pero al menos tuvo un momento de tranquilidad antes de abandonar pacíficamente esa tierra, no sentía que tuviera sentido haber estado allí, incluso si hubiera tenido elección habría preferido irse de un mundo que solo le dio dolor.

-Hijo… lo siento.

-suspiró Arthur, derramando sus lágrimas de sangre al ver que la luz carmesí se apagó alrededor de lo que quedaba de su cuerpo fragmentado-

Charlie intentó hacer que se marcharan, ya no tenían nada que hacer allí, el laboratorio amenazaba con derrumbarse a causa de la batalla que había tenido con su familia, aunque Arthur no opinaba igual, una parte de él creía que merecía quedarse allí para ser castigado por lo que le había hecho pasar a su primogénito, merecía ser castigado tanto como Ruby, pero incluso antes de que alguno pudiera hacer algo la niña carmesí volvió a vociferar con su voz entrecortada por la corriente, completamente dominada por el collar eléctrico, sin sentir ni un ápice de interés por la vida arrebatada de su propio hijo, su última víctima.

- ¡No! -su voz hacía eco entre toda la destrucción tras la batalla, el laboratorio comenzaba a derrumbarse, las vigas y columnas deterioradas por el paso del tiempo comenzaron a ceder tras la pelea, dando paso a lo que pronto sería una sepultura-.

¡No dejaré que se vayan a ninguna parte! ¡Aún no he muerto!

Intentó usar sus poderes, pero, nuevamente, el collar la mantuvo prisionera con las descargas eléctricas, haciéndola sucumbir sobre sus rodillas temblorosas.

- ¡¿De verdad me dejarás aquí, hermano mayor?! ¡Aquí es donde perteneces conmigo! -gritaba con dolor, ignorando la forma en que Arthur la miraba sintiendo desdén-.

¡No puedo tolerar la idea de que sea yo la que desaparezca!