El fantasma carmesí 4
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“Quisiera haber sentido esto antes, quisiera que esta fuera mi vida.

Pero el odio que siento no me deja descansar, no puedo extinguir este fuego, ha pasado demasiado tiempo, es tarde para mí, nada me puede ayudar, porque estoy muy dañado… Quizás no sea tarde para ti, hermana”

pensó el niño al mirar directamente al vientre de la humana, en parte sintiendo envidia porque era amada, en parte agradecido porque fue la única criatura que no lo odió ni lo consideró un monstruo.

Fuera de la sala, Arthur y Ruby seguían peleando en forma de bestias, eran tan altos que alcanzaban el techo y tan grandes que removían los escombros como piedrecillas, estaban enfocados en matarse atacando en puntos vitales, ninguno se contenía en absoluto al usar todas sus habilidades.

Pero, así como Ruby podía sacar nuevas extremidades de su cuerpo para atacarlo, parecidas a patas, tentáculos o bocas adicionales, Arthur también hacía lo mismo para contraatacar, el muchacho ya no se limitaba a convertir sus brazos en garras, tenía el suficiente control de cada parte de su cuerpo para alterarlo a su voluntad.

Sus colmillos se clavaban en sus hombros y despedazaban todo lo que podían, arrancando pedazos de carne, destrozando partes de sus extremidades, a Arthur no le importaba porque nada era vital, podía regenerar esas partes, las cicatrices se quedarían, pero al menos sobreviviría, por su parte siempre apuntaba al rostro de la niña, a su cuello o pecho, pero ella conseguía esquivarlo… Ruby se reía y burlaba, lamía sus hombros o besaba sus mejillas para provocarlo.

-Eres tan fuerte, mira el alcance de nuestros poderes, somos tan sorprendentes, tan inigualables.

-confesó Ruby entre los asaltos, clavando vidrio por todo su cuerpo-

Arthur no quiso responder porque nada valía la pena cuando se trataba de Ruby, no quería responder a ninguno de sus intentos por derrumbarlo, no quería seguirle su macabro juego alimentando su ego infernal, porque ella nunca dejaría de ser el monstruo que había sido desde un principio.

Con cada ataque que recibían, tanto el hermano mayor como la hermana menor revivían algunas de sus memorias, experimentaban nuevamente la forma en que esos momentos les hicieron sentir.

Él experimentó los buenos y malos momentos, la primera vez que entró en la habitación blanca sintió temor, no supo cómo reaccionar ante la idea de alguien que se le parecía mucho, pensó que lo maltrataría como todos hasta ese momento, pero también maravillado por su parentesco; recordó la masacre que hizo con los niños imperfectos, como su hijo, que no tenían la culpa de haber nacido condenados a una vida que nunca pidieron, también recordó las veces que ella jugó con él al hacerle creer que lo liberaría del collar, todo porque disfrutaba de verlo rogando como un perro, se halló despreciando casi todos los recuerdos en los que ella aparecía, los únicos buenos recuerdos fueron aquellos en los que dormía despues de una noche de películas.

Ella experimentó su desprecio desde el primer momento, nunca se lo contó a nadie, pero la primera vez que entró en el cuarto blanco pudo percibir su miedo, sus inseguridades y su fascinación por conocer a alguien como él, eso fue lo primero que conoció de su hermano mayor, y quiso hacer todo lo posible por convertir ese dolor en amor, quiso darle todo lo que quisiera incluso si eso significaba extinguir a la humanidad; recordó el modo en que le hizo sentir cuando prefirió a Sullivan, cuando prefirió a Cassandra, cuando prefirió a todos por encima de ella solo porque no tenía una definición clara del amor que debía sentir… Desde siempre él prefirió a los demás y, aun así, siempre deseó poseerlo para sí misma, deseó tenerlo por toda la eternidad, porque todo lo que deseaba era la atención de su hermano mayor.

Ambos eran un par de monstruos, jamás podría negarlo, con el tiempo Arthur había llegado a aceptarlo porque era la realidad, pero al menos él elegía ser un monstruo con corazón, algo que Ruby jamás había podido entender por más que lo intentara, por más que deseara ser una persona diferente en un lugar diferente, jamás podría ser nada más que una criatura abominable porque en su mente las atrocidades tenían sentido; no podían ser otras personas, como habían dicho, su lugar era ese, en un laboratorio en ruinas donde matarse era la única opción que les quedaba, porque ni siquiera sabían qué más podían hacer, entre ellos no habría ni calma ni amor en absoluto, no podía haber alternativas.

“Una vez te dije que eras hermosa, fue la primera y única vez que lo hice, porque de verdad lo creía, fue un día especial para mí porque actuábamos como hermanos normales, éramos felices sin saberlo”

pensó Arthur, sabía que Ruby escuchaba sus pensamientos en medio de la pelea, la hermosa niña carmesí con un rostro angelical se había convertido en un monstruo de múltiples caras, brazos y piernas, una criatura inefable cuyo cuerpo ya no parecía carne, ni escama ni ninguna otra superficie que hubiera conocido.

El muchacho a veces se lamentaba por la forma en que la vida evolucionó para ellos, si tan solo hubieran sido más parecidos, si tan solo Ruby se hubiera desprendido de ese odio irracional hacia otras especies por verlas como inferiores, incluso podrían haber explorado la tierra juntos.

“¿Como es un atardecer, hermano mayor? Hace años que no veo el cielo por mí misma, hace mucho que no sé cómo se siente caminar por la tierra, como se siente tocar un árbol o ver un nido de conejos.

No he jugado con la nieve desde ese invierno en que te fuiste, era navidad cuando sucedió, los humanos suelen estar en familia, pero yo me quedé sola… Estoy cansada de estarlo”

respondió la niña entre sus pensamientos, tenían una conversación consciente mientras sus cuerpos seguían peleando por instinto, esquivando los ataques del otro, distrayéndose con escombros, atacándose con su poder devastador.

En cierto momento, tan burlona y sádica como acostumbraba a ser, Ruby le dio un beso en los labios, dejando al chico asqueado mientras ella se ruborizaba y se reía como una chiquilla, porque en el fondo ambos sabían que esa sería la última vez que podrían estar tan cerca uno del otro, no volvería a tener la oportunidad de expresarle su amor enfermizo.

- ¡¿Por qué Cassandra?! ¡¿Por qué Hazel?! -le cuestionaba entre cada ataque, fortaleciéndose con la ira y el dolor, golpeándola, azotándola y desgarrándola a un ritmo que ella no podía seguir-.

¡¿Por qué el señor Sullivan?!

- ¿Esa es la razón para esta ira que sientes por mí? ¿Por unos cuantos obstáculos en el camino? Ellos te habrían apartado de mí, te habrían hecho creer que soy una mala influencia, te habrían dado ilusiones de amor para ahogarte con su fría realidad, porque solo conociste el amor de unos días, pero los humanos se cansan con los años, su vida es tan efímera y fugaz que en una década ya no serían los mismos que conociste… Sullivan no te vería como hijo y Cassandra comenzaría sentirse insatisfecha y buscaría otro amante en cualquier momento por la razón más estúpida, esa es la verdad del amor humano, no es incondicional y flaquea ante el más mínimo problema.

-contestó la chica, comenzando a levantarse a pesar de las heridas que sangraban y no se regeneraban, las que Arthur había logrado asestar en ella por todo su pecho-.

¿Y Hazel? Ella solo era una herramienta, algo que creamos para servir, y cuando me falló solo me deshice de ella, hermano mayor.

Podía sentir la ira creciendo, pero también el pesar por ver que esa era la forma en que Ruby veía a todos, no hallaba valor en nadie más que en él, pero ese era un punto en que jamás podrían ponerse de acuerdo… En parte comenzó a considerar que matarla ya no era un acto de venganza, ni mucho menos de libertad, sino también un acto de misericordia para sacarla de ese horrible trance de odio por todas las criaturas vivas, significaba ayudarla a deshacerse de su propia naturaleza abominable, liberarse a sí mismo y a ella de la maldición de su existencia.

-Sí, es cierto… Nos liberaremos de nuestra existencia, vamos a despedirnos de este plano juntos.

-confesó la niña al asestarle otro ataque que dejó más cicatrices en su torso, dejando a Arthur momentáneamente paralizado-

Ambos temblaban, pero en ese momento ella tenía una ventaja considerable por lo que podía mantenerse de pie frente a él, acercándose mientras se sostenía el pecho con una mano y con la otra se preparaba para asestarle un golpe letal… y lloraba al hacerlo.

Arthur pudo ver con mucho esfuerzo que Ruby sonreía victoriosa, pero también lloraba, podía sentir que ella nunca imaginó llegar a ese extremo, acabar con la vida de la única persona que la comprendía, el único con el que conectaba genuinamente a un nivel que ni los humanos podían soñar, allí estaba, miserable y preparada para acabar con su vida antes de quitarse la suya, ya había aceptado el hecho de que la muerte de su hermano mayor significaba su propia muerte.

En cierto momento pudo descubrir que entre la satisfacción de la victoria y la tristeza de lo que significaba para ellos había espacio para el miedo, ella temía por lo que podrían encarar en el más allá si es que algo así existía, las reglas universales no aplicaban para ellos como sí lo hacían para el resto de las criaturas… pero al menos estarían juntos en el olvido.

-Sé que podríamos haber sido felices, pero eso ya no importa, ahora vamos a morir juntos.

-clamó la niña, levantando su mano para atacarlo-.

Siempre quisiste ser un niño de verdad, ya experimentaste la vida como uno, ahora vamos a experimentar la muerte, por fin seremos libres del dolor y la soledad, hermano mayor.

Arthur cerró los ojos, intentaba usar cada parte de su cuerpo para atacar, pero ya no le obedecía, estaba cansado, Ruby tenía tanto poder como él, había logrado debilitarlo; ni siquiera podía cambiar y se mantuvo en su forma humana, listo para recibir el ataque final después de todo por lo que había pasado, solo esperaba que Charlie y su bebé pudieran escapar a tiempo.