El fantasma carmesí 3 #3
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“Arthur, por favor, si algo me pasa, no dejes que esto te afecte…”

pensó la chica, aceptando cualquier posibilidad acercándose, no quería hacerse falsas esperanzas ni ser tan pesimista, pero cualquier posibilidad estaba siempre presente por más que intentara creer lo contrario.

De pronto, conforme el monstruo se iba acercando, Charlie comenzó a sentir un hormigueo en su vientre, no era una sensación normal considerando su estado actual, y al levantar su suéter para mirarse notó algo que la dejó sin palabras, un brillo carmesí que emanaba en interior, algo que sucedía por la naturaleza del bebé creciendo dentro de ella… Y ese brillo comenzó a delatar su posición, provocando que la criatura se detuviera en seco intentando percibir las sensaciones, levantando la horrida forma de su rostro ciego asomándose por la esquina más cercana en busca de la muchacha, siempre portando la misma agresividad que había demostrado hasta ese momento, enseñando sus dientes afilados con navajas amenazando con arrancarle la piel en cualquier instante.

Charlie ahogó el grito por el miedo y se quedó inmóvil, el brillo carmesí de su vientre era tal que si la criatura hubiera tenido ojos la habría atrapado instantáneamente; lo tenía de frente, podía percibir el hedor a sangre de su hocico, ver las dos cuencas vacías por debajo del trapo que cubría su ceguera y sentir el fuego de su sangre hirviendo en su piel… Pero él no se abalanzó sobre ella, el brillo cubrió su rostro y fue como si tuviera algún efecto sobre él, se detuvo en seco y no se atrevió a acercarse ni un paso más; parecía atrapado en una reflexión primitiva, la chica no podía entender a qué se debía, estaba tan desconcertada que solo pudo pensar en la loca idea de que su bebé, que apenas debía ser un feto de dos semanas para ese momento, usaba sus poderes heredados para salvarla, aunque ni siquiera debía ser un pensamiento tan alocado después de todo lo que había conocido, debía ser más normal de lo que imaginaba.

“Es cálido, da comezón, se siente bien, ¿Qué es esto? Es diferente a los golpes, no es algo que haya experimentado antes… Es suave, delicioso, ni siquiera sé cómo se llama esta sensación”

pensó el primogénito, sintiendo muchas cosas positivas gracias al brillo carmesí, por primera vez el odioso color de su naturaleza le resultaba un consuelo antes que un dolor interminable, por primera vez vio la luz del amor, de las caricias, de aquello que una madre debería transmitirle a su hijo… Pero sabía que ni su padre o madre le habían brindado esa sensación, solo fue la ilusión de alguien que sabía lo que era ser como ellos, le entregó solo una misera parte de lo que podría experimentar si alguien realmente lo amara.

Aun así, fue mejor que cualquier otra cosa, fue mejor que seguir vagando por los mismos laboratorios atormentado por quien le había dado la vida, ese pequeño instante fue parte de un hermoso sueño, el regalo de la luz carmesí de alguien que compartía sus habilidades, le hizo sentir que no estaba sólo como había imaginado… Y que no tenía enemigos, tan solo tuvo mala suerte, esa migaja de amor fue todo lo que necesitó para sentirse mejor.

Cuando el brillo se apagó, la criatura parecía reflexiva, se había entregado a lo que fuera que le hubiera sucedido, luego volvió a cambiar su forma, la metamorfosis del dolor consiguió que su titánica figura se desvaneciera para dar paso a su verdadero ser, el que Ruby había forzado a ocultar: un niño pequeño.

No era ningún monstruo, ni una araña o un ciempiés, solo fue aquel niño desnutrido, con mechones de cabello colgando de su cabeza como una muñeca desgastada, se notaba cansado y herido al punto de que difícilmente podía mantenerse en pie, quería tanto descansar del dolor que nunca consideró la idea de que estaba cansado de su propia existencia, esa era la razón para desplomarse en el suelo.

Charlie se quedó sin palabras, no imaginaba que el monstruo tendría tanto dolor acumulado, era igual a un niño pequeño profundamente herido por sus traumas, no poseía ni una pizca de malicia, era más como un cachorro al que intentaron ahogar en el río, lo que le hizo sentir mucha pena por él.

Aunque aún sentía miedo, logró reunir el valor para acercarse, al igual que un animal sedado se dejó acariciar por la gentileza de su mano, el niño monstruo soltó un pequeño jadeo de tranquilidad, pensó que tenía que temerle, pero fue un alma amable.

-Eres un buen chico, has pasado por mucho, igual que tu papá… -suspiró Charlie, indagando en el triste destino de ese niño atrapado en un bucle de dolor-

El mundo y la naturaleza que lo componía siempre serían extraños, jamás podría tener todas las respuestas para saber por qué actuaban de la manera en que lo hacían, incluso las criaturas artificiales como ellos, pero el único parecido que podía percibir era que todos estaban igualmente dañados por las circunstancias que los habían moldeado, estaban destinados a que el dolor hiciera de todos los seres vivos estuvieran conectados… Aunque a veces era ese mismo dolor el que usaban para distanciarse de los demás.