El fantasma carmesí 3 #2
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Normalmente nunca pensaba en el verdadero tamaño de las bestias, pero al verlos transformándose, mutando constantemente en distintas formas, podía ver cuan pequeños eran los humanos comparados con ellos, comparados con criaturas que superaban cualquier arma e instrumento que hubieran creado; la forma más aterradora que llegó a presenciar fue la de enormes ciempiés que cubrían gran parte de la habitación, mordisqueándose, arrojándose grandes escombros y contra los muros, llegando a lastimarse brutalmente con sus formas compuestas por vertebras, carne y sangre, como enormes monstruos hechos con los cadáveres de sus víctimas.

En cierto momento, siendo tan grandes que no podían notar a nadie más entre sus batallas, el padre y la madre apartaron a su hijo con un fuerte azote, no fue intencional, pero la letalidad de su batalla les hizo olvidar a cualquiera que no fuera ellos mismos; Charlie pensó en un par de leones cuando peleaban, soltando rugidos aterrados, levantándose en sus patas traseras mientras con sus garras y hocicos se atacaban con brutalidad, esa era la imagen más acertada para describir la lucha entre los progenitores del niño monstruoso, era algo tan nefasto que incluso esa tercera criatura quedó desconcertada y lo único que pudo hacer fue apartarse hacia un lado para admirar lo que sucedía, la terrible escena que representaba la batalla entre sus propios deseos de libertad y control.

Entonces, como si el hedor a sangre humana circulando lo llamara, seduciéndolo con la voz que solo ellos podían captar, el monstruo producto del enfermizo amor de Ruby por su hermano giró sobre sus pasos, regresó a su forma original de gran masa, y miró en la dirección de la habitación donde Charlie se hallaba, pudiendo captar la presencia de la chica.

Inmediatamente ella fue presa del pánico, tomó uno de los escombros entre sus manos que simulaba ser un cuchillo y se retiró para esconderse antes de acelerar la búsqueda del collar eléctrico.

No tenía sentido llamar a Arthur, él debía enfocarse en Ruby o perdería su otro ojo, por lo que la chica optó por esconderse entre los escombros, esperando que el monstruo no pudiera encontrarla, aprovechándose de su ceguera para ocultarse, rezando en silencio para no delatar su posición.

Arthur notó por sí mismo que el primogénito avanzaban hasta una de las habitaciones donde se hallaba Charlie, en ese momento su forma era mucho más grande la de esa criatura, por lo que fácilmente podría detenerlo con un pisotón, un solo movimiento salvaría la vida de la chica… Pero Ruby pudo ver sus intenciones, por lo que se arrojó sobre él para presionarlo contra el muro, rasgando su cuello dejando otra marca imborrable mientras él levantaba la mirada encarando su sonrisa maliciosa.

- ¡No, no lo detendrás! -clamó con una expresión enloquecida, a pesar de sus formas de quilópodos podía distinguir el mismo rostro malvado de siempre-.

¡No nos hemos visto en dos décadas, lo menos que podemos hacer es compensar el tiempo perdido!

Aunque seguía peleando por liberarse estaban muy igualados, Ruby también podía someterlo ocasionalmente, aprovechaba cada ventaja solo para burlarse cuando podía, lamiéndolo o besando algunas partes de su cuerpo con el único propósito de molestarlo, se acercaba lo suficiente para que pudiera oler su sangre o lo forzaba a observar todo a su alrededor, recriminándole por haberla abandonado en un lugar tan miserable como ese; le recriminaba que podrían haber tenido una vida feliz juntos, ni siquiera se habría atrevido a tocarlo si le hubiera obedecido, porque al lastimarlo sentía que se lastimaba a sí misma.

Arthur no escuchaba, pensaba que el tiempo de dialogar se había acabado hacía mucho, la única verdad que debía escuchar era la que la violencia susurraba, solo debía dejar de pensar con tanta racionalidad para embarcarse en las crudas posibilidades que esa parte de sí mismo siempre susurraba.

Cuando cambiaron de forma para convertirse en bestias antropomórficas, como licántropos, continuaron la batalla con la misma letalidad, Arthur tomó a Ruby de espaldas y mordisqueó su cabeza repetidas veces, forzando a la bestia a rugir contra su brazo y a arañarlo mientras él devoraba gran parte de su cabeza, y la batalla continuaba arrancándose pedazos del cuerpo.

El primogénito iba avanzando, removiendo escombros con su fuerza, a veces tropezándose con ellos, sin desistir de su búsqueda, sabiendo que había una humana cerca, era igual que un zorro torpe, solo se comunicaba con gruñidos a pesar de sus capacidades, la niña había sido tan cruel como para mantenerlo ignorante.

Charlie se cubrió la boca, pero seguía temblando desde su escondite, estaba demasiado aterrada como para pensar con claridad, lo único que podía hacer era sostener el fragmento más afilado que pudo encontrar para defenderse en caso de que la criatura la encontrara, de ese modo todo lo que quedaba era esperar y orar para que sus sentidos mejorados no fueran suficientes para atraparla.