2 #4
Finalmente se encontraron, cara a cara, ambos hermanos nacidos de la sangre de lo que la humanidad conocía como un ser celestial, y sintieron la misma punzada en su corazón como una certeza de que se complementaban, como si en el fondo supieran que debían regresar a dónde pertenecían.
Ruby sonreía, Arthur mantenía la misma serenidad, imperturbable e indiferente a ella a pesar de los sentimientos encontrados que estaban experimentando, Charlie se sintió como una tercera rueda, no tenía nada que hacer allí realmente salvo darle a Arthur la fuerza y valor necesarios para enfrentar a ese demonio.
-Te ves bien, hermano mayor, como una carcasa que debo reparar… Una bella carcasa roja.
-confesó la niña, intentando acariciar sus mejillas, pero el chico se apartó instintivamente-.
Es una pena que ya no tengo tu ojo, te lo podría regresar, pero fue lo único que me quedó de ti por tanto tiempo.
Arthur se mostró asqueado, Ruby carcajeó y luego dirigió la mirada a Charlie, su expresión pasó de júbilo a desagrado en un instante.
-Oh, una nueva amante, vaya que te tardaste para superar a Cassandra y Hazel, pero esta nueva se parece a la primera… -destacó la niña al mirar de cerca de Charlie, estudiando sus facciones y luego su vientre, ahí fue cuando su desagrado ocultó su ira-.
Y parece que no escatimaron en su apareamiento, ¿Acaso te olvidaste de que tu semilla me pertenece?
-No te atrevas a hacerle algo, no me puedes controlar, no dejaré que toques a mi familia.
Ruby parecía sorprendida al escucharlo, los miró a ambos con desdén por primera vez antes de hablar.
-No puedes elegir a cualquier simio lampiño, embarazarla y pretender que es tu familia, tu familia soy yo, somos nosotros.
-contradijo Ruby, teniendo que morderse las garras para esconder su desprecio, tenía que controlarse para no desatar la pelea antes de lo planeado-
- ¿Nosotros? -cuestionó el chico confundido-
En ese momento Ruby vio la oportunidad para revelar su secreto, el que Arthur parecía haber olvidado después de tantos años, y con la amante presente sabía que podría lastimarlos a ambos a la vez.
Silbó como lo haría con un cachorro, aunque se parecía más a un ulular, entonces el piso comenzó a temblar, los escombros retumbaron ante los pasos tremebundos de una bestia irreconocible; Arthur no podía percibir a ninguna de las creaciones de su hermana, no era un merodeador ni un titan como el de Japón, se cuestionó qué abominación habría creado que ni siquiera él podía sentir su presencia.
Charlie fue la primera en presenciar la forma que se fue arrastrando por el alargado pasillo en el que años atrás la niña carmesí portó el rostro del primer amor de Arthur, pero ahora, en el presente, ella era quien presenciaba a la criatura del abismo que caminaba a cuatro patas por el lugar.
Al principio pensó que era un niño gateando por la forma en que se acercaba, pero conforme se iba acercando entendió que no era más que otra de las víctimas de Ruby, era algo más parecido a Arthur de lo que le habría gustado admitir, era algo abominable por la naturaleza que lo rodeaba… la misma que le daba una fuerza arrolladora a pesar de la palidez de su figura.
-Hermano mayor, mira, es nuestro primogénito… -lo presentó con gran orgullo, inclinándose para recibir al niño monstruoso en sus brazos-.
Es hermoso, ¿No crees?
No, era todo lo contrario a hermoso, la criatura de dos metros y medio era más parecida a un bestia de Cronenberg, su piel se caía a pedazos en ciertas zonas, la sangre creaba escamas como las de un dragón de Komodo, su cuerpo estaba constantemente en metamorfosis cambiando involuntariamente, quemándose por dentro.
Tenía el cabello rojo bastante crecido solo en ciertos sectores de su cabeza lampiña, parecía enfermo, consumido por un malestar terrible, uno que parecía incrementar su masa muscular al contacto con Ruby, como si ella empeorara el sufrimiento del pobre monstruo… Pero lo peor eran sus ojos, pues ni siquiera tenía.
La niña le había arrancado los ojos a su primogénito para asegurarse de que no buscaría una salida, una venda sucia llena de sangre cubría ese espacio en su rostro, era una criatura lamentable que ni siquiera había aprendido a hablar, Ruby se había asegurado de convertirlo en una fiera domada para tenerlo a su merced.
Arthur no pudo evitar compadecerse, pero también lo odiaba por la forma en que fue concebido, la criatura era un vil reflejo de lo que pudo haber sido de él si se hubiera quedado a su lado, una criatura sin voluntad forzada a servir sus caprichos macabros.
Aunque era un monstruo, Arthur podía detectar que seguía siendo un niño, Ruby se había asegurado de conservarlo su estado mental de tal manera que solo era un niño mutado por las aberrantes acciones de su procreadora, aquella criatura que andaba a cuatro patas, con los nudillos contra el suelo como un gorila, sufría la condena de haber nacido en el lugar erróneo y con la peor madre posible.
A juzgar por las marcas de zarpazos y mordiscos en todo su poderoso cuerpo, Ruby solía maltratarlo y abusarlo entre sus tantos años de aburrimiento, había perdido un zángano, pero había obtenido un juguete para sus malicias.
-Te lo dije, pequeño, papá iba a regresar para conocerte.
-susurró la niña con una sonrisa inhumana, sosteniendo al monstruo mientras ella se frotaba contra él, demostrando aún más el alcance de sus perversiones, pero la criatura ni siquiera parecía reaccionar, actuaba como si estuviera muerto en vida dentro de los harapos que solían ser una bata de laboratorio-.
Aunque, debo admitir que este primogénito fue una decepción, no salió tan perfecto como nosotros… Lo bueno es que estás aquí, y podemos hacer otros.
-Siento nauseas solo por escucharte.
-confesó Charlie por el comportamiento tan disparejo de los gemelos-
-Siento un Déjà vu, creo que Cassandra dijo lo mismo, y creo que ya sabemos bien como acabó eso.
-se burló Ruby con una risa, con una mano en su cintura y la otra en la cabeza de la criatura-.
Oh, ¿Por qué te escondes, simio lampiño? ¿Asustada porque me voy a comer a tu feto frente a tus ojos? Te dejaré vivir lo suficiente para que veas como reclamo la semilla del hermano mayor.
Charlie sintió una mezcla nauseabunda de miedo y rabia por Ruby, era la clase de sentimiento que solo podría sentir cuando algo tan despiadado existía sin consecuencias, Ruby era malvada y se jactaba de que ningún arma podía matarla, se jactaba de que si nada se le impedía ella seguiría dañando a todos los seres vivos, naturales o artificiales, porque todos estaban por debajo en su retorcida versión de la cadena alimenticia.
Arthur hirvió de rabia, pero supo controlarse, Ruby solo intentaba provocarlo y él ya había madurado lo suficiente para saber cómo actuar en una situación así, ya había experimentado la misma impotencia cientos de veces… entonces le mostró la misma sonrisa despiadada que ella solía esbozar, indiferente a su dolor, incapaz de sentir algo que no fuera odio por la niña que le había arrebatado toda su felicidad, fue la primera vez en toda su vida que pudo sentir las palabras que se había guardado especialmente para Ruby, estaban atoradas en su corazón, pero habían escalado hasta su lengua y las soltó como balazos a su hermana.
-Ruby, eres tan aburrida, sigues viviendo en el pasado… -señaló a todas partes entre las ruinas del laboratorio-.
Sola, viviendo a través de tu único logro en la vida, como si estuvieras estancada, realmente se ve que no sirves para nada, y me pregunto: ¿Para qué te crearon? Te quedaste aquí atrapada, odias a la humanidad, pero te convertiste en su esclava.
La niña se quedó helada, nunca había imaginado que tales palabras saldrían de la boca de su hermano mayor, y menos con una expresión tan fría, había aprendido mucho en sus viajes, el miedo que alguna vez lo dominó, las dudas y el terror por la presencia de su hermana, se convirtieron en odio puro, le desagradaba, y si alguna vez existió un ápice de aprecio o esperanza por ella se había esfumado para siempre, ahora solo quedaba la malicia que compartían como el genoma principal.
“Sé lo que sientes, esa impotencia por escuchar tus verdades es intolerable, pero así es como me he sentido por mucho tiempo… Pero tú sí te lo mereces, ¿Te crees muy mala? Hay humanos peores que tú, y tú no eres más que una imitación”
confesó Arthur con un pensamiento, dándole más razones para sentir rabia, para sucumbir a la idea de que la conocía muy bien a pesar del tiempo y el desprecio, la conocía lo suficiente para presionar donde más le dolía, justo en ese orgullo que se creía invulnerable y en realidad era exactamente igual al de los cobardes.
Ruby pensó mucho en la posibilidad de dominarlo nuevamente, consideró retenerlo como lo hacía con su hijo y así convertirse en una familia, como siempre lo había deseado, pero ya no era el mismo chico tímido de antes, no era esa criatura avergonzada de su existencia que dudaba ser merecedor de la vida… Arthur era valiente, estaba motivado por una fuerza que ni siquiera ella parecía entender, y supo que no sería sencillo pelear con él, no podría dominarlo ni las palabras de sus seres queridos podrían hacer que su alma se marchitara.
Entonces su sonrisa se esfumó por completo, por primera vez se sintió repugnada de compartir sangre con él, no le gustó la idea de que tuvieran parentesco porque no creía que se parecieran en nada absolutamente.
Por primera vez notó cuan alto y fuerte, cuan robusto y maduro era en verdad, tenía que mirar hacia arriba para cruzar miradas con él, tenía que pararse de puntillas para alcanzarlo, en parte se sintió intimidado por Arthur porque ya no era un niño, no se parecía en nada a lo que solía ser.
-Tú no eres mi hermano mayor…