El fantasma carmesí 2 #3
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Las ruinas ya no parecían tristes, irónicamente, porque albergaban un rastro de la vida exterior; había insectos, arácnidos y hierbas, el verdor crecían a su alrededor, ni siquiera podía reconocerlo como el primer piso de los voluntarios, donde la gente pobre era engañada con falsas promesas de ayuda económica, porque ahora ese lugar estaba teñido de verde, con la vida que una niña despreciaba con tanto fervor y que él amaba con tanta dedicación… Todas esas víctimas de un piso malévolo no habrían vivido lo suficiente para conocer la belleza con la que estarían rodeados, era triste pensarlo porque no había forma de saber algo de sus familiares, ¿Como habrían reaccionado al aceptar que nunca volverían a casa?

Se sintió terrible al saberlo, todo era hermoso, pero no todos podían ver la belleza conforme avanzaban; Charlie estaba tranquila, le gustaba la sensación, era relajante a pesar de todo, podía ver en ciertas partes las inscripciones de los distintos cuartos de experimentación, como la sala de vacunación contra el sarampión que realmente era un disfraz para las jeringas con muestras de la sangre del muchacho, cuyos efectos fueron ignorados por los científicos crueles.

Entonces alcanzaron el elevador que los llevaba al resto de los pisos, la ventilación aún funcionaba por lo que no había ninguna preocupación por asfixiarse; cuando las puertas se abrieron dejando paso a la luz del ascensor era como presenciar un portal hacia otro lugar, esa pequeña caja rectangular iluminada por luces amarillas se convirtió en su boleto hacia su verdadero tormento.

-Nueve pisos, ¿Y en todos experimentaban contigo? -cuestionó la chica-

Arthur asintió, a excepción del primer piso que era dónde guiaban a las nuevas víctimas, él había estado en los otros pisos en algún momento para ser sujeto de experimentos crueles, craneotomías o procesos aberrantes, casi siempre los drones se lo llevaban cubriendo sus ojos para impedir que encontrara una posible escapatoria.

El segundo piso era dónde lo quemaban, el tercero dónde lo congelaban, en el cuarto probaron distintas torturas para medir sus capacidades regenerativas, en el quinto tenía interacciones con materia muerta para ver cómo le afectaba, entre ellos cadáveres de animales, en el sexto lo forzaban a ver imágenes y videos horripilantes que lo traumatizaron para ver cómo funcionaba su psique, en el séptimo probó su fuerza al sostener cientos de toneladas por varias horas, consiguiendo romperle los brazos en más de una ocasión, y le aplicaron varios procesos que solo había conocido en los documentos del proyecto MK ultra.

El octavo y noveno piso eran donde sus recuerdos se intensificaban, porque fue dónde peleó contra Ruby en medio de un infierno y dónde vivió como prisionero en las habitaciones blancas, respectivamente, concediéndole el pesar con el que había vivido tantos años.

No creía estar listo, pero recordó las palabras de Charlie y dejó atrás las dudas con un profundo suspiro, nunca estaría listo si se ponía a pensar demasiado en ello, lo único que debía hacer era aceptar el riesgo de la vida y simplemente dar ese salto de Fe, debía tomar el elevador al infierno para arriesgarse en el abismo… Solo así podría saber si de verdad podría ser libre como tanto ansiaba.

“Estoy cansado de este sueño, ¿Terminará alguna vez para mí? No tengo la voluntad de saber ¿Puedes ayudarme a ver?”

pensó el chico al cerrarse las puertas del elevador, encerrándose en esa caja amarillenta en compañía de su amada, recordando todo lo que había vivido en ese lugar, se sentía como un horrible sueño del que agradecía despertar, pero la peor parte era reconocer que siempre fue su realidad.

-Bueno, aquí estamos… ¿Quieres presionar el botón? -cuestionó Charlie, sosteniendo su mano temblorosa-

Arthur negó con la cabeza, seguía temiendo por lo que podía suceder, no tanto por sí mismo, sino por ella y el bebé que cargaba en su vientre, le preocupaba volver a pasar por la pérdida que lo había proclamado en el pasado.

-Bien, presionemos el botón juntos, no se moverá a menos que tú lo decidas, lo prometo.

-confesó la chica con una sonrisa, dándole ánimos para continuar, no pensaba que llegaría a ser fácil para ninguno de ellos, pero al menos lo enfrentarían juntos, Arthur no volvería a vagar solo por la tierra en un sueño eterno-

“Deja que mi cuerpo te dé calor, que mi esencia sea tu brisa, ¿Puedes oírme llamarte? Estoy velando por ti”

la escuchó susurrar, compartiendo sus deseos con la misma intensidad que guardaba en su corazón, pues sentía mucho más de lo que podía admitir, tenía tanto que decirle si llegaba a ser su única oportunidad, en cambio, no dijo nada porque no quería que fuera la última vez en absoluto.

Cuando finalmente reunió el valor para avanzar, aunque guardaba el miedo al riesgo, aceptó presionar el penúltimo botón del elevador junto a ella, entrelazaron sus manos y lo presionaron sintiendo el mismo temor que tendrían por un tomacorriente, como si ese mecanismo les fuera a arrancar los dedos; pero no importaba lo que sucediera al presionarlo, ellos lo harían juntos y enfrentarían cualquiera que fuera el mal interior que les esperaba, aquel mal con un rostro parecido al chico.

“¿Puedes liberarme? ¿Te llevarás mi alma? Arrojándome al frío, enterrándome entre los huesos para descansar eternamente…”

susurró Ruby desde su trono al escuchar el mecanismo del ascensor moviéndose, los cables de acero rechinaron al encenderse, moviendo la caja por todos los pisos como una premonición.

Ruby había hecho mantenimiento al elevador en todos esos años, era la única cosa del laboratorio que se había asegurado de conservar para cuando llegara el día en que Arthur volviera a casa, se alegró mucho al saber que había valido la pena; tampoco sabía lo que ocurriría, pero a diferencia de su hermano ella no tenía miedo de experimentar la incertidumbre de su destino compartido.

El lazo carmesí que los unía se acortaba, finalmente volverían a estar más cerca de lo que jamás había soñado, ni siquiera le importaba volver a tener una conexión tan íntima con él, lo único que le importaba era tener una conclusión, dar un fin a esos sentimientos que la venían acosando desde hacía tanto tiempo, las dudas de sus propias decisiones; quería volver a verlo con la misma alegría de antes, estaba atrapada en la alegría que la nostalgia le proporcionaba cuando estaba tan alejada de todo lo que llegó a amar.

Ruby gritaba por libertad, quería salir de ese laboratorio, muerta o con él, quería desaparecer después de haber experimentado una soledad tan abismal, irónicamente, la misma que Arthur había experimentado en todos esos años lejos de la tierra que lo vio nacer; en todas partes, al final de los tiempos, eran gemelos en cada aspecto de sus vidas, incluso si alguno quería negarlo, eran el reflejo del otro, incluso el mismo Arthur llegó a pensar, observando cada piso abandonado que iban pasando a través de los vidrios del elevador, que Ruby no había vivido mejor que él a pesar de su malicia.

No tuvo un reino que gobernar, ni sirvientes que la obedecieran ciegamente, tampoco vivió con lujo o en dicha absoluta, al final, el bien y el mal vivían en la miseria más absoluta cuando no tenían a nadie más, no podían subsistir sin los demás, ni siquiera los poderosos inmortales podían llegar a vivir sin que otros les dieran sentido a sus vidas.

“¿Me llevarás a casa? ¿Veremos la Luna otra vez? Bailando en la oscuridad hasta que nos desarmemos… No puedo terminar este sueño por mi cuenta”

fue el último pensamiento de Ruby antes de que las puertas del elevador se abrieran, y las luces amarillas la cegaron por un momento, brindándole la ilusión de que el final se acercaba anunciado por aquella fuerza imparable… Jamás pensó que se volvería realidad, ese momento con el que tanto había soñado estaba frente a ella, y de alguna manera estaba nerviosa.

Hubo silencio por un largo periodo, los ojos carmesíes de Ruby se cruzaron con el rostro cicatrizado de Arthur, no recordaba haberle dejado tantas marcas, las cicatrices avanzaban por su cuello, su mentón y parte de su labio, para luego cruzar por uno de sus parpados que siempre mantenía cerrado porque le faltaba un ojo, pero aún conservaba el otro dónde el brillo carmesí también persistía.

Consideró que así se vería si él consiguiera lastimarla, le pareció una pena haber tenido que marcarlo de esa manera tantos años atrás, pero fue necesario porque se había atrevido a desafiarla, aun así, no podía dejar de amarlo.

Él correspondió la mirada para estudiarla, no había cambiado en absoluto a pesar del tiempo, otra característica que compartían; ella aún conservaba el vestido negro con el que intentó seducirlo, su largo cabello caía como una cascada de sangre por su espalda, se cruzaba de piernas y ponía las manos en su regazo, era como ver a una reina carmesí, tenía un trono hecho de escombros y huesos como un reflejo de la ruina a la que se había sumido, lo único que realmente podía componer su mundo fragmentado.

A pesar de todo, seguía siendo una criatura hermosa, incluso Charlie abrió los ojos con sorpresa, Arthur había omitido contarle que su hermana fuera una criatura tan perfecta como él.

-Que hermosa… -no pudo evitar suspirar la chica, impresionada por su forma tan femenina como la de una reina-

-No te dejes engañar, es todo lo contrario.

-recordó el muchacho al dar el paso fuera del elevador-

Ruby mostró una sonrisa mientras ellos se acercaban, y después de tanto tiempo se levantó de su trono para andar por su cuenta, llegando al punto de encuentro entre los escombros y huesos del lugar.

Charlie no dejó de avanzar junto a su amado, tenía miedo, en cuanto la chica dejó su asiento pudo percibir el lúgubre sentimiento que exhalaba la niña carmesí, como si le estuviera apuntando con un arma o como si estuviera frente a una fiera, era el mismo sentimiento de peligro a pesar de su belleza, porque era una bestia indomable.