El fantasma carmesí 2 #2
94%

2 #2

Avanzaron sobre un mar de sangre y huesos hasta alcanzar la entrada a la tierra maldita, el lugar que había concebido al chico carmesí, pero incluso él quedó desconcertado al ver la forma en que todo había cambiado, y estaba seguro de que era por decisión de Ruby.

La entrada solía ser un secreto, un elevador escondido por debajo de la tierra que descendía hasta las instalaciones, pero ahora una decoración macabra rodeaba todo el lugar, anunciando el principio del fin para los gemelos carmesí.

El muchacho ignoró la compañía de Charlie por un momento para concentrarse en el horrido desfile que se cernía frente a él, de pronto fue como volver a ese fatídico invierno en que el fuego consumía todo a su alrededor mientras se llevaba a Sullivan a un lugar seguro, nunca se sintió más miserable que en ese día.

El lugar ahora estaba cubierto por los huesos de las víctimas, las ramas sostenían los cráneos y cuero animal, eran como tótems hechos para alejar a los intrusos, como los que haría una tribu salvaje y agresiva con los extraños.

Aquellas figuras armadas eran un mal presagio, le hacían ver cuán creativa y sádica se había hecho Ruby con el paso de los años, había aprendido otros métodos para intimidar a los seres vivos; había antorchas con llamas que nunca se apagaban, manos que salían de la tierra intentando escapar, y en lugar de un elevador había unas escaleras de concreto construidas con los restos de las ruinas ahora despejadas… Tanto tiempo preparando el lugar para cuando él decidiera volver, Ruby sabía que él vería esas escaleras con gran terror por lo que significaban.

-No se ve nada… -confesó Charlie al asomar la cabeza por al agujero en la tierra, disipando el miedo que los tótems evocaban sobre ella, observando que cerca de la entrada había un letrero de bienvenida escrito con las mismas letras que una niña pequeña haría-

“Abandonad toda esperanza, vosotros que entráis aquí”

pensó el muchacho en la inscripción grabada en la entrada al infierno, sabía lo que encontraría en su interior, todos los pisos de Genexis Sciences eran los círculos de su infierno personal, cada recuerdo sobre los crueles experimentos que ocurrieron tantos años atrás se cernía sobre él; las amputaciones, los cuartos de gas, la incineración, congelación, todas las torturas existentes para probar su resistencia y regeneración, las víctimas de los engaños con los que el laboratorio obtenía nuevos voluntarios, en ese lugar vivían las almas en pena de los pobres desafortunados que nunca conocieron la paz.

Volver a casa, para muchos, representaba una victoria, tras un largo recorrido que les permitía redescubrirse para ser algo más de lo que pudieron llegar a ser en su tierra natal, así era la vida para aquellos que exploraban y regresaban como nuevas personas transformadas totalmente.

No obstante, para Arthur se convertía en un sendero infernal, en un amargo recuerdo de las cosas que se perdieron en un profundo abismo con el rostro de una niña, volver a casa no era sinónimo de alegría, sino de pesar, era todo lo que podría salir mal en su vida reflejado en aquella entrada hacia la oscuridad.

- ¿Estás bien? -cuestionó Charlie con intriga, dejando su observación para dirigir la mirada a Arthur-

Miró al abismo por tanto tiempo que el abismo le devolvió la mirada, y tenía ojos carmesíes, le dijo en silencio que jamás volvería a salir, se preparó mucho para encarar a Ruby al regresar, pero nunca se imaginó que la sola idea de bajar al fondo de la tierra podría atormentarlo, ni siquiera el encuentro con el orfanato embrujado causaba tanta inquietud como su lugar de origen.

Fue como ver en la boca del demonio, y tenía una cara parecida a la suya, le hacía creer que nada valía la pena porque el final era inevitable, quedaría ciego por toda la eternidad solo para aceptar que nunca vio por sí mismo, sino a través de lo que Ruby quería que él viera.

- ¡Oye, espabila, torpe! -exclamó Charlie al abofetearlo, sacándolo del trance en el que se había sumido-

Arthur meneó la cabeza repetidas veces, como si hubiera despertado de un mal sueño, lo único fuera de lugar eran los tótems macabros, la entrada parecía sacada de un cuento de terror ilustrado, pero solo eran ellos dos contra la oscuridad… No había ningún demonio, al menos no fuera del abismo.

-Tranquilo, es como tú dijiste, solo son trucos, ¿Cierto?

-No, lo que hay adentro no es ningún truco, recuerdo todo lo que me hicieron, lo que les hicieron a sus víctimas.

-suspiró amargamente, llevando una mano a la marca que le había quitado uno de sus ojos-.

Ruby no fue lo único malo de ese lugar, el hombre me creó solo para lastimarme, hay demasiadas cosas que mi memoria ha intentado bloquear, más de lo que podría desear.

Charlie se compadeció, se entristeció por escucharlo, sabía que no le había contado ni la mitad de las cosas que le hicieron en ese lugar, no era fácil regresar dónde alguna vez fue abusado por todo el mundo, era como si la víctima decidiera regresar al lugar de los hechos.

-No eres ninguna de esas cosas malas, no eres lo que te pasó, eres mejor que eso.

-ella se acercó y tomó sus mejillas, había aprendido que a él le gustaban las caricias como un cachorro, se hacía vulnerable ante su tacto y era más fácil que la escuchara como tanto quería-.

Es cierto que no has tenido una vida fácil, y sé que es una tortura tener que volver a este lugar para ti, pero eso no significa que vivirás como solías hacerlo, nada volverá a ser igual… Hiciste la promesa de cuidarme, pero yo también te cuidaré, porque eres lo más importante que tengo, todo sea por nosotros.

Cuando habló no lo hizo solo por ambos, ella tomó su mano y la llevó con delicadeza hasta su vientre, permitiéndole sentir la vida que estaba creciendo en su interior, sabía que Arthur podía sentir con mayor detalle cosas que los humanos normales no podían, por eso su expresión era tan jovial y feliz cuando percibía el pequeño feto desarrollándose, tenía la certeza de que sería el bebé más especial de todos, no porque fuera a heredar sus poderes, sino porque lo amaría y le daría toda la felicidad del mundo, tendría personas que lo querrían para toda la vida.

“Hola, bebé, sé que eres consciente de tu existencia como yo lo fui cuando tenía tu tamaño, soy tu padre, es un gusto conocerte… Y prometo que te cuidaré toda la vida, te daré toda la felicidad que siempre quise conocer”

le envió un pequeño mensaje a la criatura que crecía dentro de su amada, esa hermosa creación producto de su amor que vería la luz de un nuevo mundo.

-Vamos a ser tres, Arthur, y le daremos a este bebé todo el amor que siempre quisimos tener, todo el apoyo.

Tal vez no puedas corregir lo que te sucedió, pero debes romper el ciclo de dolor, debes ser mejor, incluso si el principio no fue nada feliz, el resto de tu vida sí lo será… Te lo prometo.

-confesó la chica, besando sus labios por un momento-

Sintió como se perdía en la sensación de sus labios sobre los suyos, ella sabía qué decir para ayudarlo, le había dado la alegría que escaseaba en su vida, le hizo sentir que no estaría solo nunca más, y sin importar lo que era o lo que podía llegar a ser, ella lo seguiría amando… Casi le hacía compadecerse de sí mismo por todo lo que pudo haber experimentado antes si tan solo la hubiera conocido en su momento, cuando aún estaba demasiado solo como para siquiera creer que llegaría a ser feliz, y se alivió mucho de que sus intentos de suicidios hubieran fracasado, porque así pudo vivir hasta ese momento para estar con su amor.

Asintió y esbozó la misma sonrisa serena de siempre, estuvo feliz porque ella era la razón, entonces reunió la fuerza suficiente para concentrarse en el presente, que era lo mejor que tenía, y dejar de pensar en el terrible pasado que lo perseguía, luego se corrigió a sí mismo: el pasado no perseguía a nadie, eran ellos quienes elegían voltear la mirada para torturarse con todo, elegían autoflagelarse como si lo merecieran, culpándose por el mal que les asechaba.

“No fue mi culpa, nunca pedí ser una víctima…”

pensó con detenimiento, aceptando que esa era la realidad, a veces las personas sufrían más por sus propios pensamientos que por la misma realidad.

Suspiró con profundidad, dejó de pensar en todo lo que vivió en el interior, y entonces desvió la mirada a las escaleras, tomando la mano de su amada se preparó para descender al fondo de la tierra donde enfrentaría a su demonio personal.

Ruby finalmente había conocido su límite, estaba cansada de esperar tanto en el penúltimo piso del laboratorio, el que iba antes de los pasillos blancos donde ellos solían vagar tras haber aniquilado a los niños imperfectos.

Podía sentir como descendían por las escaleras que había construido, Arthur estaba al tanto de cada detalle a su alrededor en caso de que hubiera alguna trampa programada, pero solo hallaban el estado deteriorado del primer piso, donde antes hubo una sala de espera para los voluntarios ahora quedaban los restos de escombros donde el moho, los hongos y las hierbas crecían sin límite alguno.

La luz entraba por orificios que habían quedado del incendio y las explosiones, la vida crecía allí, Arthur consideró que las arañas eran las únicas criaturas que Ruby no aborrecía porque las telarañas se extendían por el techo, las esquinas y cada diferencia de espacio donde las pequeñas criaturas podrían anidar; había un mundo abandonado allí abajo, como la cabaña donde acampó con Hazel o el orfanato, memorias fantasmas se alzaban para recrear las escenas de todo lo que sucedió cuando sus habitantes aún vivían.