El fantasma carmesí 2
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¿Te molestaría si llego a escribir algo sobre ti?

-Adelante, y yo seré el primero en leer lo que hagas, querida.

Charlie se ruborizó con su apoyo y le sonrió, le alegraba saber que él sí creía en sus sueños, confiaba en lo que haría con sus historias; se sintió afortunada de tenerlo a su lado, y con el calor creciendo en su rostro no pudo evitar acercarse para besarlo, lo sostenía entre sus brazos para luego llevarlo suavemente al suelo y presionarlo contra su cuerpo.

A pesar de su fuerza superior a él le gustaba ser dominado, tras una vida entera manteniendo control sobre sí mismo, huyendo y peleando contra monstruos horribles, que por una vez tuviera a alguien más haciéndose cargo de él hacía que se sintiera dichoso y amado, era como si pudiera confiar plenamente en que alguien más lo cuidaría.

“Siempre serás mío”

le susurró al oído antes de morder su oreja, tenía un efecto en ella que le hacía actuar como un animal, ambos estaban fascinados por su encuentro en medio del bosque.

Él gemía su nombre, a ella le encantaba, hacía todo lo que quisiera con gentileza como si fuera su primera vez, estaba feliz de tener intimidad con él y que ambos lo disfrutaran de verdad.

Arthur no pudo evitar compararlo con la época en que Ruby lo usaba, la diferencia más notable era que Charlie realmente lo amaba, para ella el placer no estaba en su propia satisfacción, sino en el entendimiento mutuo, cuando se conectaban se aseguraba de que él se sintiera bien, a veces era como un niño, su lado más inocente volvía a flote y ella debía guiarlo… Amaba eso de él.

Al igual que la primera vez, Arthur percibía la profundidad de su conexión, le permitía explorar cada rincón de su cuerpo y mente al punto en que sentían que todos los problemas se disolvían solo con tener un encuentro tan romántico.

Tras su encuentro ambos se quedaron a descansar en ese sitio, la compañía hacía que todos esos años en soledad se fueran quedando atrás lentamente, el dolor de una época tan triste y oscura poco a poco se convertía en un mero recuerdo del que no podía hacer nada más que aprender.

Cuando llegó el momento de volver a caminar la cargó en su espalda mientras ella descansaba sus piernas, se propuso a llegar ese mismo día al laboratorio, no haría esperar más al demonio carmesí, y mientras avanzaban pensaba en qué podría hacer la chica para ayudarlo o ponerse a salvo, pensaba en todo de lo que serían capaces juntos… y tuvo un plan que le explicó a detalle en secreto, hablando en su mente.

-…Entiendo, es un buen plan, ella no lo verá venir.

-confesó la chica en voz alta-

Ruby se hallaba en las ruinas de Genexis Sciences, ya había estudiado todos los experimentos, cada habitación secreta y cada informe del exterior antes de que dejaran de llegar, conocía todo como la palma de su mano que ya ni siquiera los restos esqueléticos de sus víctimas le traían ninguna inspiración.

Cuando se aburría creaba nuevas aberraciones con los restos de carne y muestras de su sangre, pero luego acababa con ellos, ya no quedaba ni uno de los merodeadores, su propósito había expirado, los monstruos tampoco existían, incluso sus creaciones habían pasado a mejor vida para descansar y Ruby solo tenía la compañía de los esqueletos.

Cada vez que pensaba en todo eso la revelación de estar atrapada en su propio cuerpo, condenada a un exilio que ella misma eligió, se hacía latente y ardía en su pecho, provocando un dolor que ningún experimento y ningún poder podía sanar, entendía así que estaba igual de rota que su hermano; la chica incluso llegó a considerar que la muerte era la única liberación verdadera de esos sentimientos, así como sus víctimas de las cuales no tenía ningún poder tras asesinarlas, morir la liberaría de sí misma… Y no dudó en creer que dejar que su hermano mayor le ganara era una buena alternativa.

- ¡Oh, señor Crane, mi hermano mayor pronto regresará! -exclamó con entusiasmo y éxtasis, frotando su vientre mientras sostenía el cráneo en su mano-.

Apuesto a que él se olvidó de su primogénito, pero le recordaré su existencia y revelaré su destino… No sé, quizás una lobotomía le ayudaría a pensar con claridad, o quien sabe cómo reaccionará cuando mate a su nueva novia frente a él, la última vez casi enloquece, tal vez lo conseguiré en esta ocasión.

Entonces frotó el cráneo contra sus mejillas, en su mente una orquesta anunciaba el final, un coro angelical le daba la bienvenida a un nuevo mundo, y así comenzó a bailar sobre el laboratorio en ruinas, sentía como se aceleraba su corazón mientras llevaba aquella calavera con ella donde fuera en su danza macabra.

-O quizás no tenga sentido seguir peleando, quizás sea mejor morir en los brazos de mi hermano, ¡Quien sabe, quizás olvidar todo esto sea mi destino antes de partir al infinito! -clamaba con la misma emoción, dejando que el cráneo se hiciera cenizas en su palma, finalmente deshaciéndose de lo último que quedaba del director-.

¡Quiero ser libre, y así lo seré!

El muchacho era lo único que le daba sentido a su vida, ni siquiera la idea de volver a donde pertenecía le atraía, ni los ángeles o viajar más allá de las estrellas, todo lo que anhelaba era volver a estar con su hermano mayor, aunque él la odiaba, una vida sin él era una vida sin sentido.

Cuando Phantom procuró que su encuentro fuera lo más pronto posible ella no pudo contener la emoción, siguió bailando por varias horas, por varios días, hasta que el suceso que marcaría una diferencia en sus vidas finalmente se presentara, y cuando las dudas de su corazón se disiparan para dar forma a lo que tenía que suceder ella sería la niña más feliz del mundo, y al bailar también permitió a su voz cantar.

“Este cuarto guarda silencio, las paredes gritan tu nombre.

El vacío que dejaste es un hachazo en mi costado.

¡Qué noble, qué fuerte! Dicen los que no entienden mi sentir. ¿De qué sirve esta lucha si en mi pecho sólo hay una cicatriz con tu forma? Ansío el abismo, el frío que calma el dolor. También tengo cadenas, son las memorias que me ahogan. Un paso al vacío, un último encuentro nos espera... Y adivina quién no volverá a fingir que sigue viva”

Esperó por lo que pareció una eternidad, tuvo tiempo para despejar la entrada del laboratorio, adornarla para la ocasión y bañarse, preparándose con el mismo vestido negro que resaltaba su figura, tristemente la piel que usaba como máscara ya se había podrido demasiado, pero por todo lo demás mantenía la misma forma con la que solía aterrorizarlo por las noches.

Cuando el crepúsculo se acentuaba sobre el cielo, anunciando el final de otro día, Ruby se mantuvo ansiosa al escuchar los pasos en el exterior; había espantado a todos los animales y personas en el pasado, había convertido la zona en el nido de la superstición, asegurándose de que nada ni nadie volviera a caminar por su territorio, igual que un animal posesivo, se aseguró de que nadie más quisiera andar por esos lados… Así fue como supo que solo una persona sería capaz de cruzar la barrera del miedo que había creado, su hermano era la única criatura viva que podría atreverse a caminar por el territorio que olía a su propia sangre.

No venía solo, la chica humana lo acompañaba, Ruby no sabía qué pretendía si la conocía tan bien como para saber que ella lastimaría a su acompañante, era un riesgo tenerla cerca… Luego pudo ver el vientre de la chica, ella llevaba un nuevo descendiente de su hermano, algo que hizo hervir la sangre de Ruby, pero se controlaría hasta que estuvieran dentro del laboratorio para hacer todo lo que tenía en mente.

En el exterior, Arthur y Charlie alcanzaron la entrada al laboratorio tras un largo día de caminatas, la chica estaba inquieta por el mismo sentimiento que mantenía alejados a los humanos y animales de la zona, no sabía que era la primera en muchos años que ponía un pie sobre ese territorio.

El ambiente le recordaba mucho a las leyendas urbanas de internet, las historias hablaban de monstruos extraños rondando los bosques, seres sin rostro y trajes elegantes, hombres con sonrisas talladas con cuchillo y payasos con globos de todos los colores esperando para llevarse a los niños perdidos; sentía que cualquier cosa podía salir detrás de los árboles, cualquier cosa podía suceder cuando menos lo esperaba, o un circo misterioso aparecería de la nada donde los fenómenos eran personas secuestradas y alteradas para ser monstruos.

Charlie sentía que ya habían cruzado el mismo árbol sin hojas una y otra vez, estaban caminando en círculos, ya había visto a la misma titanoboa asechando entre los matorrales con sus ojos rojos asfixiándola con el pensamiento; ya se había cruzado con los monstruos con patas de cabra que se escondían detrás de los árboles al vigilarla intensamente con las mismas ansias de un demonio hambriento, todo lo que le rodeaba le concedía la certeza de que se estaban acercando al nido dónde todas las criaturas convivían.

Arthur tomó su mano y fue como si todos esos pensamientos se desvanecieran, la incertidumbre, el miedo a lo desconocido, todo quedó sepultado por el raciocinio, solo era un bosque común y corriente dónde los animales habían dejado de transitar, la humanidad parecía un sueño alejado por la frontera con la realidad.

El muchacho le ayudó a enfocarse, era lo que más necesitaba en ese momento, entonces comprendió que no eran más que sensaciones, emociones creadas a partir de las formas inhumanas de los monstruos abandonados por Ruby, una emoción que nacía a partir del valle inquietante, el mismo sentimiento parecido al que hubo en su corazón al conocer al muchacho.

-No temas, solo son trucos, no te pasará nada.

-confirmó el chico, sabiendo por experiencia que esas criaturas solo existían en sus cabezas.

Los verdaderos monstruos no asechaban, ellos actuaban, cometían atrocidades; los verdaderos demonios tenían rostros hermosos, actuaban como niños, eran carismáticos y sociables, porque el mal no se esconde, el mal actúa a plena vista, y sus cómplices actuaban como si todo estuviera en orden-. No lo permitiré.