El fantasma carmesí IV En el estómago de la ballena #3
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IV En el estómago de la ballena #3

En otra vida, habrían sido más felices.

-Sí, sería hermoso ser otras personas, que no tuvieran que hacer las cosas que hacemos, ser hermanos que no tengan que matarse.

-confesó la niña alzando la mirada al cielo, era más que consciente de todo el mal que había hecho, pero su naturaleza le hacía creer que era lo correcto, que todo fue por una buena razón-

-Me habría gustado mucho ser otra clase de hermano.

-suspiró con melancolía, un tanto disgustado y un tanto resentido-.

Sabes que eso significa que uno de nosotros morirá, ¿Verdad?

-Lo sé, si tú me matas seguirás con tu vida, tendrás a ese bebé con tu humana, seguramente buscarás al señor Sullivan; si yo te mato, entonces me suicidaré, porque la vida sin ti me parece peor que cualquier cosa, y no toleraré existir en un mundo sin mi hermano mayor.

-confesó la niña, mostrando nuevamente su expresión retorcida, nuevamente consumida por su naturaleza-

Arthur simplemente asintió, tal y como ella misma lo había dicho, no podían ganarle a su propia naturaleza, lo único que tenía sentido en ese mundo era obedecer sus propias leyes, vivir según lo que creían y existir con las consecuencias de sus propios actos sin importar cuan inmorales fueran.

El chico supo que esa sería la última vez que conversarían de esa manera, en adelante solo podían esperar a su encuentro con la certeza de que uno de los dos iba a morir, uno por encontrar su libertad y la otra porque no podía contener su propia crueldad, ambos vivían en polos opuestos a pesar de pertenecerse.

-Estoy muy cansada, he vivido en estas ruinas dos décadas que hasta yo misma soy una ruina, siento que me quedé estancada en el tiempo: nunca salí, no me enamoré, no conocí el mundo ni hice amigos como tú, ahora entiendo que soy yo la del problema, y solo me tomó veinte años descubrirlo.

-confesó con un tono jocoso, burlándose de sí misma con su risa malvada, pero Arthur no se reía con ella porque le parecía una confesión muy triste-

-Lo sé… lo lamento.

Ruby negó con la cabeza antes de dirigir la mirada al cielo.

-No, sé que no lo lamentas porque te quité mucho, en el fondo me odias con la misma fuerza con la que yo te amo, sientes que me lo merezco.

Arthur guardó silencio antes de que ella volviera a hablar.

-Sabes, en mi mente así era el mundo perfecto, solo tú y yo, descansando por la noche, explorando todo lo que quisiéramos, sin que ningún humano nos molestase, rodeados por ángeles que ahora ya no existen, acompañados por un dios que nunca se molestó en presentarse.

Volveríamos a ser uno solo, como antes de que nos separaran, nos comeríamos algún humano como aperitivo, y cuando nos aburriéramos decidiríamos dejar de ser hermanos para ser algo más íntimo, justo como esos científicos quisieron que fuéramos, pero no porque alguien lo pidiera, sino porque en verdad nos amábamos.

-contó la niña con la misma alegría y brillo que una niña cuenta sus sueños-

Arthur pensó mucho en lo que le dijo, ya había tenido oportunidad de considerar como habría sido su vida si hubiera decidido aceptar su visión, si hubiera decidido compartir el sueño de un mundo solo para ellos habría sido muy infeliz porque ella lo veía como una pareja enfermiza, algo que poseer y de lo cual debía adueñarse sin importar cuanto le costara.

Ya no dudaba de sus decisiones en la vida, a pesar de las cicatrices que ella había dejado o el ojo que le había arrancado, no dudaba de todo el camino porque ahora tenía una familia que quería cuidar, personas con las cuales regresar, el demonio con rostro de niña ya no tenía influencia alguna en sus decisiones, no había nada que pudiera hacer para hacerle cambiar de opinión o arrepentirse… Arthur ya no era su marioneta.

-Tienes razón, no lamento nada de lo que te pase, y sé que te mereces el infierno… Voy a ir a encontrarte y asegurarme de que te arrepientas de haber sido creada, Ruby.

La chica respondió con una pequeña sonrisa y un asentimiento, no dudaba que eso era lo que él sentía después de todo, ese breve instante de benevolencia que había sentido no fue más que una ilusión, su naturaleza, tal y como había dicho, era ser cruel y despiadada sin importar como afectara a los demás.

Ruby se desvaneció dejando a su hermano con la incertidumbre de lo que sería de sus vidas si hubieran sido otras personas, era algo triste tener que recurrir a la ilusión de un mundo que no existía para consolarse por los horrores que conoció de la niña carmesí.

Arthur suspiró, supo que esa había sido la última conversación pacifica que tendría con ella, la próxima vez que se encontraran sería como animales, actuarían con violencia, lucharían por lo que más anhelaban sin importar que eso pudiera romperles el corazón.

Cuando miró al cielo observó la luna, era brillante, redonda, cargaba con los sueños de los humanos, reflejaba todo lo que podían llegar a ser a pesar de sus límites mortales, todos los que dormían en ese momento alrededor del mundo estaban en paz, tuvieron buenos sueños sobre sus deseos hechos realidad, mundos distintos en que todo lo bueno realmente sucedía… Todos dormían, pero solo Arthur soñaba despierto con unirse a ellos, soñaba con ser tan humano como los demás.

Luego miró a Charlie descansando a su lado, ella estaba soñando con él, en su sueño vivían en una hermosa casa fuera de la ciudad, ya no estaban en medio del bullicio, no cargaban con los problemas que habían arrastrado desde hacía tantos años, por primera vez las cicatrices se limitaron a sus cuerpos, el dolor se había reducido a un amargo recuerdo al que solo volteaban a ver para recordar el aprendizaje.

Ella era feliz por tener un bebé, pensaba en lo impredecible que podía ser la vida, siempre soñó con ser una gran escritora, se fue de casa con la ilusión de cumplir su sueño en la gran ciudad, en su lugar enfrentó una época difícil de su vida antes de encontrar al amor de su vida… Todo fue tan impredecible que no se imaginó agradeciendo por como resultaban las cosas.

Era perfecto, a pesar de todo, la vida era más bella de lo que podía imaginar, era una montaña rusa de emociones, pero al final del día no era más que un paseo que inevitablemente conocía su final.

Él se recostó a su lado y la abrazó, se quedó junto a ella por toda la noche, soñando con alcanzarla en ese lugar al que no podía ingresar, acompañándola por todo el tiempo que le quedara, porque para ella compartirle un poco de su tiempo inmortal era el mejor regalo que le podía dar, quedarse a pesar de que ella envejecería algún día era lo mejor que podía llegar a hacer.

Así, Arthur descansó con el corazón tranquilo, con su mente alcanzaba lugares increíbles que se asemejaban mucho a los sueños humanos.

-Tiene razón… Ya no lamento nada.

-se dijo a sí mismo con alegría-

Arthur cerró los ojos y vagó por los confines del pensamiento, amando cada detalle del sueño que compartieron, cada segundo se apartaba más de la niña carmesí y de los males a los que ella lo había sometido, estaba viviendo una alegría indescriptible que solo había imaginado a través de las películas… Ahora finalmente toda esa felicidad se había hecho realidad.

“Ya soy más viejo, no sé cuánto tiempo me quede en este mundo, temo tanto no volver a verte una última vez para que me perdones, lamento tanto todo esto por lo que has tenido que pasar, lamento tanto que no hayas tenido una vida normal…”

eran los pensamientos de un hombre al que Ruby solía espiar de vez en cuando, fue la última vez que pudo disfrutar de su desesperación antes de deshacerse de esa conexión, ya no tenía interés en hacerlo miserable, con el nuevo amanecer sabía que también significaba una nueva oportunidad para que su soñado reencuentro finalmente sucediera.

Los tiempos habían cambiado, los humanos seguían evolucionando y con ellos la sociedad, pero los niños carmesí permanecían igual, se consideraban los herederos de la tierra y se quedaron estancados en el tiempo, fue de ese modo que Ruby comprendió su propia vida, todos los caminos conducían a ese final por más que lo evitaran; el hombre se lamentaba momentáneamente, pero ellos se lamentaban por toda la eternidad, Ruby esperó sentada en su trono de esqueletos por muchos años, y cuanto más se acercaba al reencuentro más podía entender que lo hacía su final.

Arthur se despertó antes que Charlie para traerle el desayuno, tuvieron tiempo para conversar un poco sobre sus poderes, ella tenía curiosidad de como funcionaban, él intentó explicarlo de una forma que pudiera entenderle.

-Es difícil de decir, porque siempre lo he tenido… Pero es algo así como si pudiera ver la sangre en las personas como una luz, se aparece frente a mí y me cuenta todo sobre esa persona, puedo ver las enfermedades como manchas negras que puedo remover si lo deseo.

Puedo moldear su genoma como si fueran tuercas y tornillos, con códigos que yo mismo puedo alterar.

-contó el chico, buscando las palabras correctas-. Y cuando me veo a mí mismo solo debo imaginar lo que quiero ser, quien deseo ser, pero no me gusta mucho cambiar mi propia anatomía porque siento que a veces me pierdo.

-Fascinante… -Charlie parecía sumamente emocionada por escucharlo, le gustaba tanto conocer sus habilidades a fondo que incluso consideraba la loca idea de escribir una historia inspirada en él y sus viajes, algo que pudiera reflejar una parte de lo que había hecho-.