El fantasma carmesí IV En el estómago de la ballena
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IV En el estómago de la ballena

“Lo único que hace que la vida humana tenga valor y significado es que es breve y finita”

-Pinocho

El padre es Dios en los ojos de un hijo, pero al crecer, el niño entiende que ni siquiera él tiene todas las respuestas, explora el mundo por su cuenta porque se dice a sí mismo que debe haber mucho más, debe haber cosas que ni siquiera él sabe que necesita en su vida.

Así llegan a esa tediosa etapa de la adolescencia cuando buscan las respuestas en el amor, cualquier muestra de afecto que les dé un sentido de pertenencia, buscan la aceptación en los amigos, en las parejas, en todo aquello de lo que se les advierte cuando son pequeños y nunca obedecen; luego, tras una vida de errores, deciden volver a casa buscando consuelo, buscando ayuda y perdón, solo para descubrir que ya es muy tarde para obtenerlo.

Obedecer ciegamente lastima, desobedecer todo el tiempo también, la verdadera fuerza estaba en hallar el equilibrio que trajera paz a sus corazones, por lo que al final no importaba cuál camino tomaran, todos los niños imperfectos saldrían lastimados a lo largo de su vida, esa era la condición de disfrutar de los buenos momentos, de las alegrías, correr con el riesgo del dolor y la soledad, del abandono y el rencor, para que al final de sus vidas volvieran al único lugar dónde fueron felices.

Arthur se pasó toda la vida queriendo ser un niño de verdad, era tal su deseo que habría dado cada uno de sus poderes, habría vagado hasta el último rincón del planeta para dejar atrás su naturaleza violenta y volver a nacer como un chico normal, un ser humano sin expectativas por convertirse en un arma ni en un salvador para los enfermos.

Se saltó muchas etapas que lo harían normal, pasó por muchas cosas que terminaron afectándolo, pero el amor por el padre que no lo quería, el amor por la chica que portaba a su hijo, eran las únicas cosas en su vida que le hicieron sentirse que era un chico normal… Sentía que eran las únicas cosas que le daban un motivo para regresar con vida.

Antes de que Charlie le diera la noticia de su embarazo él ya se había resignado a morir peleando con Ruby, no tenía muchas esperanzas de regresar realmente, incluso si eso significaba romperle el corazón a la chica, porque de todos modos no tenía a dónde ni con quien ir; se habían divertido mucho, eso era lo único que importaba, sus citas y sus encuentros fueron su última probada de vida para sentirse normal, un par de semanas sin usar sus poderes ni pensar en las enfermedades del mundo… Fueron las mejores semanas de toda su vida, podía sonreír con sinceridad e incluso Ruby parecía estar de acuerdo con eso, no conocían el resultado de su encuentro, un último contacto con el lado gentil de la humanidad era la perfecta despedida que alguien como él podría obtener.

“Desearía volver a tu lado, desearía poder decirte con toda certeza que regresaré a tu lado y te entregaré una porción de mi vida a cambio de la totalidad de la tuya, pero eso es algo que ni yo sé.

No puedo garantizar el futuro, ni garantizar mi propia supervivencia contra el demonio que me asecha… Pero yo te pensaré hasta el último segundo, serás mi primer pensamiento al despertar y el último al dormir”

ya tenía las palabras preparadas, había ensayado toda una semana en eso, mientras ella le tomaba fotografías para su álbum o escribía poemas basados en lo que sentía por él, Arthur ya tenía las palabras perfectas para despedirse cuando se reunieron.

Entonces Charlie interrumpió sus planes con esa noticia, y consiguió despertar en Arthur el deseo de volver con vida, le hizo replantearse todo lo que podría hacer si aceptaba que aún le quedaba mucho más por conocer, no todo tenía que acabar en las ruinas del laboratorio matándose mutuamente con su hermana.

El muchacho se alegró con la noticia de la chica, la cubrió con besos y abrazos, sumamente feliz por escuchar que estaba llevando a su hijo en su vientre, sumamente convencido de que sería niña cuando analizaba su cuerpo y miraba en su interior, una pequeña que heredaría sus genes, alguien a quien enseñarle la felicidad del mundo y compartir las cosas buenas que le habría gustado saber desde antes.

Fue así como sus pensamientos llenos de incertidumbre cambiaron, pasando de abrazar la probabilidad de morir a manos de Ruby a desarrollar la fuerza que le faltaba:

“Volveré, aunque mis brazos y piernas sean arrancados, aunque el monstruo quiera usar mi piel, volveré por ti y por el obsequio de la vida que llevas en tu vientre… Siempre he escuchado a los hombres hablar de ángeles y demonios como si fueran algo diferente, como si fueran algo que nunca conocieron; pero ahora lo entiendo, tú eres ese ángel, y tú traes el milagro por el que siempre pedí al cielo”

Charlie se negó a dejarlo ir sin compañía al laboratorio, sabía que era peligroso, era consciente de que si Ruby se parecía tanto a Arthur entonces debía representar una amenaza, pero tampoco le dejaría marcharse porque ella estaba tan metida en ese problema como él, además, no había mejor lugar que a su lado si quería estar a salvo sabiendo lo posesiva y celosa que era la niña carmesí.

Así, aunque un tanto angustiado por llevarla con él, concluyó que tenía razón y la mejor opción era mantenerla a su lado, a ella y al feto en su vientre.

-Bien, entonces solo para aclarar, ella ya no te puede poseer como lo hizo con tu ex.

No vas a actuar como un zombi loco y comerme, ¿Verdad, torpe?

Arthur admiraba sus facciones, y la determinación que esbozaba cuando hablaba con ese tono, era la primera vez que, con miedo a la posibilidad de morir, apreciaba cada minúsculo detalle de la vida; sus ojos, el color de su cabello, la forma de su rostro y su expresión tenía la precisión de grabar cada detalle en su memoria gracias a sus habilidades, pero era la primera vez que realmente se dedicaba a apreciar la belleza del ser humano.

Era natural, era justo como debería ser, el molde con el que fue diseñada, no para cumplir un objetivo corporativo como lo fue él para ser un arma viviente, sino porque ella estaba creada naturalmente de esa manera.

Su rostro era la culminación de generaciones pasadas que se amaron, que experimentaron largas vidas, tantas experiencias, amores, pérdidas y superaciones se reflejaban en su hermoso rostro; Arthur no la amó porque fuera bella, lo hizo porque en su memoria genética podía ver todas esas cualidades resaltando como un arcoíris de sensaciones, un faro que lo guiaba hacia tierra firme, y él dedicó una sonrisa mientras ella seguía explicando por qué no lo dejaría solo y todo lo que quería hacer con él cuando naciera su bebé.

Él seguía admirándola, la misma incertidumbre de lo que podría suceder en el laboratorio le hacía apreciarla mucho más, apreciaba su compañía, permitiéndose soñar despierto con todo lo que habían hecho juntos, pues nunca se sabía cuánto tiempo tenía con las personas hasta que ya no estaban; el simple hecho de estar con alguien que lo amaba ya era un privilegio para él, ya era razón suficiente para amar y agradecer por la vida.

-Oye, torpe, espabila, ¿Sí me estás escuchando? -reclamó la chica, cruzándose de brazos-

-Sí, te estoy escuchando, es solo que… -confesó el chico, saliendo de sus pensamientos para mirarla a los ojos-.

Te amo mucho, solo quería recordártelo.

Charlie se ruborizó al escucharlo, para ella el amarse era incluso más íntimo que tener relaciones, porque todo el mundo podía tener sexo, pero no todos sabían realmente lo que era amar.

Para Arthur, recostar su cabeza sobre su hombro era mucho más significativo que nada, abrazarla y sostenerla con fuerza como si se fuera a desvanecer era más importante que otra cosa, quería tenerla cerca para recordar la forma de su rostro y el color de sus ojos; el muchacho nunca aborreció su compañía, e incluso si el tiempo avanzaba sus sentimientos por ella jamás cambiarían, fue así como deseó recordarlo en todo momento incluso en la distancia.

“Tuve una vida maravillosa contigo, porque pude enamorarme todos los días de ti, como si fuera la primera vez”

pensaría pasado algún tiempo, cuando tomara su mano y le transmitiera sus pensamientos, compartiendo hasta el último segundo aquella intimidad que habían establecido cuando el mundo carecía de sentido.

Cuando acordaron que ella lo acompañaría en su último viaje decidió que lo mejor era evitar caminar tanto, en su estado actual era algo sobreprotector, por lo que optó por pagar un autobús para ambos fuera de la ciudad; no fue difícil pagar el pasaje, lo único complejo era crear excusas cuando tuvieron que descender en medio de la nada, en una zona que con los años se llenó de superstición por el misterioso incendio que tuvo lugar en pleno invierno, un incendio salido de las entrañas de la tierra.

Por supuesto, los humanos locales pensaban que se trataba de alguna mala broma que acabó terriblemente, algún experimento que el gobierno se rehusaba a admitir o la intervención de los ángeles, solo unos pocos como Arthur sabían realmente que se trataba del incendio que ocurrió en Genexis Sciences.

Resultaba un poco complejo recordar el camino de vuelta a las ruinas fuera del invierno, probablemente tendrían que descansar en algún momento mientras ingresaban en el bosque, Charlie nunca imaginó que un laboratorio como ese estaría en un lugar tan apartado y, al mismo tiempo, tan cerca de todo.

Era como si pensaran expandirse a todos los rincones en algún momento, y consideró por sí misma la posibilidad de que ni Arthur o Ruby fueron los únicos casos exitosos, como todo gran laboratorio, debían contar con sedes en todas partes donde continuarían con sus experimentos a pesar del caos de los cuarteles en el Reino Unido.

-Oye, siento curiosidad.

Si estos cuarteles eran tan secretos y conducían tantos experimentos como dices, ¿Quiénes estaban realmente financiando todo esto? Quiero decir, al final los científicos que te torturaron y el director que mencionaste solo eran peones.