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Pasearon, comieron helados, alimentaron a los patos y gansos del parque, anduvieron juntos de la mano mientras admiraban el paisaje y disfrutaban de una cita agradable sin mucha ostentación.
Ocasionalmente se recostaban en la grama, hablaban de las cosas que les gustaban, él disfrutaba mucho de escucharla hablar de sus libros y todo lo que había escrito, no entendía del todo, pero escucharla y pasar el rato ya era suficiente para hacerla feliz, a lo que él contestaba con preguntas ocasionales demostrando su interés; ella hacía lo mismo cuando él hablaba de sus viejas películas de VHS, le gustaba el formato de poner una cinta dentro de la videocasetera, tener las ediciones limitadas con comentarios del director o curiosidades de las películas, no siempre llegaban a un acuerdo como cuando Arthur mencionó que las películas solían ser más interesantes que los libros, a lo que Charlie intentó refutar mencionando las grandes diferencias cuando una adaptación no es fiel al material de origen.
No obstante, a pesar de esa y otras diferencias, seguían disfrutando de debatirlo y compartir sus puntos de vista acerca de cuál formato llegaba a ser más interesante, después de todo, eso significaba que podían seguir aprendiendo uno del otro.
-Ha sido una cita magnifica, no recuerdo la última vez que me divertí tanto con una persona.
-confesó, aunque era una pequeña mentira, siempre recordaba a personas como Cassandra, Hazel o el señor Sullivan-
-Yo tampoco, por primera vez siento que estoy donde pertenezco, no me quiero alejar de ti, mi dulce torpe.
-agregó con alegría, inhalando su aroma-
Podía sentir dentro de ella el anhelo de quedarse a su lado, no se imaginaba como una relación pasajera, sino como la certeza de tener estabilidad por primera vez en su vida, era algo satisfactorio e indescriptible, como si todos sus problemas se vieran opacados por sus deseos, tenía la seguridad de que él cuidaría de ella; Arthur conocía esa sensación, ella lo amaba como él amó a Cassandra, quería pasar el resto de su vida humana con él, aunque era consciente de los peligros de su vida y sus poderes, ella quería entregarse plenamente.
- ¿De verdad estás dispuesta a pasar el resto de tu vida conmigo sabiendo que solo puedo entregarte una fracción de la mía? -le cuestionó, esas eran las únicas condiciones de las que ella debía ser consciente.
No quería mentirle, ni darle falsas esperanzas de una vida normal, con todo lo que le había contado de sus viajes debía saber que su vida no solo estaba plagada de tristezas, sino del descubrimiento de su propia longevidad-.
Sé que es injusto, pero prometo que estaré contigo en cada momento de nuestras vidas, podemos estar juntos.
Charlie lo meditó por un instante, no era una situación fácil, no era ordinario en absoluto, pero le gustaba mucho la idea de estar a su lado, vivir en la memoria de un inmortal significaba, en parte, volverse inmortal; pensó que era lo más romántico que había escuchado en su vida, él se había visto reflejado en ella, encontró el consuelo que le había faltado, y se sintió sumamente encantada por la idea de pasar el resto de su vida mortal con él, con alguien que la amaba, la escuchaba, la apreciaba y le juraría su amor eterno, y con Arthur la eternidad era una certeza.
-Podré estar roto, pero no importa qué, tú me mantendrás en una sola pieza, tú siempre me amarás como yo te amaré… Mi Charlie.
-confesó, abriendo sus brazos para recibirla en su pecho, dispuesto a sostenerla por siempre-
Su respuesta fue sencilla, directa y honesta: ella se acercó y lo abrazó, aceptó el riesgo del amor con tal de tenerlo en su vida, no importaba si solo tenían un par de años, una década u ochenta años, Charlie lo deseaba en su vida.
“Te protegeré con mi vida, lo prometo, no fallaré esta vez…”
pensó el muchacho al recibirla con un abrazo, bajo el claroscuro del atardecer, declarando su amor con un beso eterno.
Arthur la llevaría en su corazón y se encargaría de cuidarla, le daría una buena vida y se quedarían juntos, así como prometió acabar con el mal que lo asechaba para por fin tener una vida normal.
Arthur sabía que debía luchar por esa felicidad, solo existía alguien que amenazaba con arrebatárselo todo por tercera vez, y él no lo permitiría, había dominado el don de su concepción, tenía el poder y el valor, y desde que conoció a Charlie tenía el motivo para regresar… Nada le hacía falta en absoluto, salvo saber su opinión cuando tuviera que marcharse, había practicado toda la semana para decírselo, las palabras que usaría y cuándo lo diría, así transcurrieron los días hasta que una tarde, habiendo paseado por el parque por sugerencia de la chica, decidió captar su atención frente al estanque de los patos.
-Charlie, necesito decirte algo.
-Espera, yo también debo decirte algo, te invité al parque porque tengo noticias y quería estar aquí contigo para eso.
-interrumpió, inhalando un gran trago de aire-
-Escucha, lo que sea, puede esperar, lo que diré es importante… -pero, nuevamente, Charlie lo interrumpió sujetando sus hombros con fuerza-
-Escúchame, torpe, estoy embarazada.