El fantasma carmesí 6
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suspiró con amor, pensando en todo lo que compartieron, en todo aquello que le hizo sentir, y nunca olvidaría ninguno de esos momentos, más allá de lo que la sangre le ayudaba a recordar, conservaba en su interior lo más importante, aquello que Ruby nunca podría quitarle.

Cuando se despidió, guardó su anillo y liberó su mano del peso al que se aferraba, abrió su ojo solo para descubrir que estaba besando a Charlie… El espectro de Cassandra desapareció, finalmente había conseguido la paz cuando él pudo dejarla ir.

Al amanecer del día siguiente, Charlie despertó en su cama con resaca, estaba algo desorientada y no recordaba mucho al momento de levantarse, pero casi inmediatamente llegó a su mente el muchacho al que había robado y que luego vino a ella, pensó que era un sueño al considerar todas las historias que le había compartido, pensó que sería un buen cuento si se dedicaba a escribirlo con los detalles que recordaba.

No había ningún chico acostado a su lado, nada que le hiciera creer que había sido real, o tal vez sí hubo alguien, pero ya se había marchado como en un encuentro casual.

-Ah, mi cabeza me mata… -refunfuñó mientras se sentaba, y de pronto un dulce aroma vino de la cocina, era el olor de huevos revueltos-

Como salido de un sueño, el chico vino a ella con un plato de comida, cabello carmesí, sin su gorro ni su chaqueta, mantenía su sonrisa serena, pero su expresión era más suave como si se deshiciera de todas sus cargas.

Charlie se sorprendió al verlo nuevamente, durante el día su naturaleza resaltaba, pensaba que ya se habría ido a cumplir su lúgubre objetivo o que la habría abandonado, no obstante, seguía con ella, brindándole alegría.

-Buenos días, te hice el desayuno y un poco de café.

-saludó, acercándose a ella-

-Buenos… -correspondió tras beber el café-.

Está bueno, pensé que ya te habrías ido.

-No podía dejarte sola, sé lo que debo hacer, pero… Tal vez me pueda quedar contigo unos días, asegurarme de que estarás bien.

-confesó el chico con la misma sonrisa de antes-

Charlie se echó hacia atrás, un tanto ruborizada por su declaración, y tras aceptar el desayuno intentó ofrecerle un poco, pero él aseguró que estaba bien, no le hacía falta desayunar, a lo que la chica suspiró.

-Aún si no lo necesitas no significa que no puedas comer conmigo, torpe, ambos podemos disfrutarlo.

-dicho eso, Arthur no dudó y aceptó la oferta de Charlie, así comieron juntos-

El sabor era bastante bueno, tenía una buena sazón, no acostumbraba a cocinar, pero al hacerlo sus platillos quedaban deliciosos.

Disfrutaron, aprovecharon del tiempo para conversar de cosas un poco más triviales como música o películas.

- ¿Has escuchado a Queen o Bowie?

-Muy poco, es la clase de música que mi abuelo escucharía, pero no me disgusta en absoluto.

-compartió con una sonrisa-

Claro, ya había pasado más de medio siglo desde que esa música estuvo en su auge, Cassandra fue una de esas excepciones para su generación, no podía culpar a Charlie por pensar que eran algo anticuados, solo era el paso natural del tiempo viéndose reflejado en la juventud.

Arthur no le dio importancia y en su lugar se tomó un tiempo para escuchar la misma música que ella, ver las mismas películas y leer los mismos libros, compartió todo lo que podía solo para comprenderla, quería saber lo que le apasionaba, quería experimentar la misma pasión solo para tener un segundo más junto a ella.

Cuando ya no hubo necesidad de quedarse allí, Arthur la invitó a pasear, no quiso decir que era una cita en voz alta, pero sin duda se sintió como tal: comieron helado, caminaron por el parque, aprovecharon que era invierno y jugaron a guerra con bolas de nieve, era una de esas ocasiones en las que podían olvidar por un instante todos sus problemas solo para concentrarse en disfrutar del momento, Arthur no estaba postergando su destino, solo se estaba llenando del valor necesario para enfrentar lo que le causaba tanto miedo.

Charlie no sabía qué esperar, pero le gustaba mucho tenerlo cerca, era parte de ese pequeño colectivo de personas que, solo con su presencia, hacía que los demás se sintieran bien, fue suficiente para que la chica pudiera reír por sus bromas, ruborizarse con sus gestos como colocarle una flor en su cabello o emocionarse cuando le contaba una historia entretenida; ella lo llamaba torpe no como un insulto, sino porque así era como le gustaba referirse a él, era el apodo que se había ganado desde que se toparon por mera casualidad, y al chico le gustaba mucho porque solo ella se lo podía decir.

A pesar de su serenidad, y de que sabía muy bien cómo controlar sus emociones, eso no le impedía expresar su alegría, con sonrisas apagadas, expresiones tranquilas y un tono calmado lograba demostrar que a él también le gustaba tenerla cerca.

Ocasionalmente notaba que ella buscaba excusas para tocarlo; una mano en el hombro, un pequeño tropezón, una caricia en su brazo o al sujetarlo mientras caminaban, no era muy buena ocultando su atracción por él, aunque también le correspondía le preocupaba un poco que pudiera espantarla cuando ella viera que sus cicatrices no solo estaban en su rostro y cuello, le preocupaba que al ser la primera en muchos años terminaría por rechazar su cuerpo, ¿Y si no le gustaba? ¿Y si se marchaba cuando llegara el momento? Tenía algunas inseguridades sobre su propia figura, si amaba su alma, pero no su cuerpo, era algo que molestaba un poco al muchacho cuando pensaba en ello.

Sin embargo, intentó no pensar demasiado, no quiso considerar que algo como eso podría sucederle, nunca había tenido inseguridades sobre su cuerpo porque podía alterar su físico a voluntad, pero las cicatrices eran algo que no podía cambiar, así como nunca pudo regenerar un nuevo ojo tampoco pudo disipar las marcas que lo definían.

Una vez que regresaron a su apartamento se dirigió a la cama para sentarse, se frotó el cuello mientras se estiraba, notó que Charlie lo admiraba mientras iba a la nevera por una cerveza, la chica no era nada buena escondiendo lo que sentía en absoluto, a lo que él sonrió antes de hablar.

-Gracias por hacerme compañía, fue bastante divertido.

-destacó, permaneciendo sentado con la misma sonrisa agridulce-

-Ni lo menciones, también me divertí, llevaba muchos años sin pasar un buen rato con alguien.

-contestó la chica, sentándose a su lado en la cama, notando que el rubor se le estaba saliendo de control, el atardecer hacía resaltar sus pómulos enrojecidos.

El muchacho, por su parte, mantenía la misma expresión serena y la sonrisa comprensiva como la de un padre-

Él se acercó un poco, sus piernas se tocaban mientras la miraba con suavidad.

-Pero… eres consciente de que soy un alma desgastada, y mi cuerpo solo ofrece calor fugaz, ¿Verdad?

Charlie sintió escalofríos cuando él se levantó frente a ella, su mirada fragmentada de pronto se le hizo imponente, parecía seguro de sí mismo y de lo que ambos querían, la chica no podía negar que comenzaba a sentir el calor de su vientre propagándose por todo su cuerpo, si continuaban por esa senda no sería capaz de controlarse, era como si él supiera el efecto que tenía sobre ella y estaba dándole el empujón que necesitaba.

-No digas eso… -suspiró, intentando contener el murmullo de su voz-.

No estás desgastado, y me gustas, no me importan tus heridas.

Arthur enseñó los dientes detrás de su sonrisa gentil, y tras escucharla comenzó a desvestirse, primero se quitó su chaqueta, luego el cuello de tortuga, y enseñó su torso marcado por las cicatrices, los zarpazos, las quemaduras y heridas que Ruby había dejado en él cuando aún era un niño.

Los ojos de Charlie exploraron cada marca, cada fracción de su torso invadido por aquellas heridas que nunca podían sanar, sintió el calor de su propio cuerpo deteniéndose en seco para mirar con detalle todas esas cicatrices, pensó que eran bastante peculiares; la historia de todo por lo que había pasado resaltaba en su cabeza, le hacía pensar en todo lo que no se atrevía a contar, como aquello que se había guardado para sí mismo por el dolor de perder a las personas que amaba.

Podía percibir que ella se contenía, estaba tentada a tocarle el abdomen y explorar su cuerpo, esa era una buena señal, le ayudaba a entender que lo deseaba a pesar de sus heridas, pero su inseguridad seguía presente, no le dejaba pensar con claridad en el placer del momento.

-Esto es lo que querías, pasarla bien conmigo, con alguien dañado… -suspiró con un toque de travesura en su voz, poniendo a prueba a la chica, consiguiendo ver que, en lugar de espantarse o asquearse, el calor en su vientre solo seguía creciendo, deseando tocarlo y sentirlo de cerca-.

¿Aun así me quieres? Eres muy extraña, tu cara lo pide a gritos.

“¿Por qué me dice eso? ¿No cree que de verdad me gusta?”

pensó Charlie, esa fue la única vez que Arthur leyó sus pensamientos, no quiso saber demasiado para no acabar herido, pero le alivió mucho saber que eso era lo que creía, no estaba disgustada en absoluto.

Lentamente, con la misma sensualidad del momento, comenzó a inclinarse sobre ella en la cama, guiándola por debajo sí mismo, sabía cuánto deseaba ese momento, podía percibir sus deseos por aparearse como un animal en celo.

Arthur besó su cuello para ayudarla a soltar sus gemidos, se había estado conteniendo en gran parte, y si el futuro podía ser tan incierto como había reflexionado en los últimos días entonces no era un pecado dejarse llevarse por sus deseos… Por una vez, también quería ser tan egoísta como para hacer lo que más quería en la vida, quería volver a saber lo que era amar a alguien más.

-Pero cometiste un pequeño error… -levantó la cabeza, enseñando las lágrimas de sangre que caían de su único ojo con vida, aunque lloraba su expresión seguía siendo de calma, estaba tranquilo porque las palabras explicaron muy bien su razón para llorar-: me hiciste sentir como si todavía me quisieran, así que toma responsabilidad y no me dejes, por favor, haz lo que quieras conmigo.