5 #2
Dudó un poco en contarle el resto de su relato, acerca de Ruby y su relación con la niña carmesí, pero sabía que negar su pasado y relación con el mal era negar una parte de sí mismo, significaba negar que hacía muchos años había probado el sabor de la sangre y quedó maravillado, eligiendo nunca volver a hacerlo por el terrible recuerdo que también representaba.
-Solo te diré que vine a acabar con lo que empezó todo esto… -al decirle señaló su propio rostro fragmentado-.
Con lo único que me impide volver a ser feliz, vine a matar a mi hermana.
Esa última frase hizo que Charlie se quedara en silencio, solo el sonido de la bebida burbujeante interrumpía el silencio del lúgubre ambiente que perduraba, luego la chica tomó un largo trago para procesar lo que había escuchado… No era como si pudiera acusarlo con la policía o alguna clínica, ya había visto que el chico le decía la verdad sobre sus poderes, pero tampoco sabía cómo reaccionar al respecto, hablaba con alguien que podía curar enfermedades como si fueran costras y que podía alterar su genoma como la cosa de John Carpenter, solo que la cosa era un ser malévolo, y el chico frente a ella intentaba ser bueno a pesar de que el mundo le exigía ser algo diferente.
-Eso está jodido… -fue lo único que pudo suspirar, pero luego mostró una sonrisa atrevida-.
Cosas que pasan, supongo, así que espero que le des una patada en el culo a ese monstruo.
Arthur quedo perplejo ante el lenguaje vulgar de Charlie, no era como Cassandra o Hazel, que mantenían la compostura y un léxico más tranquilo, aunque estuviesen alteradas, la chica a su lado era más atrevida y sobresaliente por su experiencia con los males de la calle.
Era un cambio extraño sin dudas, algo diferente a lo que esperaba de una chica linda, pero sumamente interesante para su comprensión, y Charlie pareció notar ese interés inmediatamente a lo que respondió al ponerse en pie frente a él, aún con la cerveza en mano.
- ¿Qué pasa, torpe? ¿Nunca escuchaste a una chica linda hablar como camionero? -dedujo con la misma sonrisa traviesa, llevando ambas manos a su cabeza para simular unos cuernos-.
¡Vas a pelear con el diablo en el cerro, no puedes esperar que hable como una princesa!
Ella se reía de sus propios gestos y palabras, estaba algo ebria por lo que no tenía mucho sentido, en ese estado cualquier cosa era hilarante para Charlie mientras simulaba bailar para un ritual con sus dedos como cuernos.
Pero Arthur no estaba ebrio, y en ese instante, con el amargo sabor del alcohol en su paladar, notó cuán enérgica y alegre se veía la chica, a pesar de las cosas por las que había pasado, solo unos tragos la ayudaban a olvidar sus problemas momentáneamente… Esa vibra de alegría y torpeza infantil, con el toque de su risa impregnando el aire, le recordaba a Cassandra, a los momentos que habían compartido en su habitación cuando ella le enseñaba su música y le dio sus primeras prendas humanas, se parecía un poco a su amada, como si volviera a cruzarse con ella en otra vida, en otras circunstancias, pero conservando el calor que los había caracterizado como pareja.
También tenía un parecido con Hazel, tenía la misma emoción y creatividad que la bella criatura le había enseñado, tenía rasgos de una belleza que nunca imaginó conocer y le transmitió una paz indescriptible, poseía aquello que creía perdido tras una serie ininterrumpida de infortunios.
La hermosa chica lo miraba como si fuera el milagro por el que la tierra había clamado, era el ángel más bondadoso a pesar de las adversidades a las que se había enfrentado, fue Cassandra y Hazel a la vez, ambos amores perdidos en una misma vida.
“Y baila lento, flor morada, que me recuerdas a mi amada”
pensó Arthur, observándola con amor y fascinación, su único ojo expresaba tanto en ese breve instante, derramando la primera lágrima en mucho tiempo al sentir como se reflejaba el espectro de su amada en los movimientos de Charlie, por un momento, viendo en ella todo lo que había perdido… Y después de mucho, sintió como se ruborizaba una vez más.
Charlie sonrió al verlo sonrojado, era un chico atractivo cuando se dejaba llevar, entonces colocó una mano por debajo de su mentón, sosteniéndolo con firmeza, pero suavemente.
- ¿Te gusta lo que ves, torpe?
-Sí, eso creo, y puedo decir lo mismo de ti cuando me ves.
-contestó, correspondiendo su sonrisa, pero sus acciones se limitaron a eso sin escalar a nada, aunque podía percibir que ella sí quería hacer algo más íntimo-
La noche avanzó, comieron pizza y bebieron más cervezas, para el final Charlie no resistió y cayó rendida en su cama, profundamente dormida mientras Arthur seguía en pie, admirando a la chica a su lado.
Estaba vulnerable e indefensa, fue lo primero que pensó, pero todos los humanos eran vulnerables e indefensos para él, por lo que no hizo nada más que arroparla con sus sábanas; era una noche fría, los gemidos de una ciudad cambiante no interrumpían la ensoñación, todo lo que podía esperar al dormir era convertirse en uno con el mundo que Ruby quería construir, nunca había soñado con lo que podría hacer después de acabar con su objetivo, sentía tanta intriga por el día después que realmente no se imaginaba libre de su hermana, ¿Y si eso era lo que ella pretendía?
Pensó en la posibilidad de que fuera su voz susurrándole desde las sombras, plantándole la semilla de la duda, que quizás no era tan buena idea desafiarla, no porque no pudiera ganar, sino porque al hacerlo carecería de propósito; no habría de qué huir, ni qué enfrentar, no habría cazador y la presa perdería su significado, ¿Podía imaginarse a sí mismo encontrando una familia adoptiva con su apariencia? ¿Construyendo una familia? O, como realmente deseaba, ¿Encontraría a Sullivan solo para verlo una última vez?
Esos pensamientos no le permitían dormir con tranquilidad, porque en la oscura posibilidad de perder lo único que le había dado sentido en todos esos años haría de su vida algo más triste y solitaria, más de lo que ya había sido.
Pero no quiso pensarlo demasiado, ya había pasado por mucho, y la voz del hombre extraño hacía eco cuando se sentía de esa manera, también de Hazel cuando le hacía compañía, concediéndole el consuelo que le hacía falta; la presencia de Charlie también le ayudaba, aunque no la conociera por tanto tiempo, porque en su soledad se hicieron compañía cuando más lo necesitaba.
Se recostó en la cama al lado de su nueva amiga, le dedicó una pequeña sonrisa… y miró al espectro de su amada que yacía sentada en el marco de la ventana abierta, admirando la luna, hasta que giró la cabeza y correspondió su mirada.
Arthur no estaba listo para despedirse, pero realmente nunca lo estaría, jamás era fácil despedirse de los seres amados, el muchacho se había aferrado tanto al pasado y a cada uno de ellos porque temía quedarse solo, no sabía cómo vivir sin el recuerdo de aquellos que lo amaron por ser lo que era.
-No estoy listo, Cassandra, en todos estos años, nunca me preparé para esto… Es lo más difícil que he tenido que hacer.
-confesó el muchacho con tristeza en su voz, acariciando el anillo de compromiso que había perdido el brillo con el paso del tiempo-
Y, por primera vez en toda su vida, el espectro le mostró una sonrisa antes de hablar:
-Veinte años… Esperé que lo dijeras por veinte años y, aun así, me sorprende tanto que lo admitas, mi amor.
Cassandra se levantó de su puesto y se acercó a la cama, miró con atención a Charlie que respiraba y roncaba, con el hedor del alcohol emanando de su boca.
Era una chica linda, aunque algo tosca, pero aun así lograba conectar con el alma del muchacho, podía ver el brillo de su ser vibrando a su lado, ansiando tanto quedarse junto a él, no lo sabía por sí misma todavía, pero ella comenzaba a desarrollar sentimientos por Arthur.
-Ella te quiere, es curioso, quizás porque no se siente sola a tu lado o porque de verdad te amará… Como todos con los que te cruzas.
-agregó el espectro, sonriendo con felicidad-.
Sé lo que dirás, ella no es como nosotras, y tú temes que algo le pase.
-Sé que algo malo va a pasar si la dejo entrar en mi vida.
-respondió el chico, acariciando el cabello de Charlie, viéndola respirar con tranquilidad-
-Eso no lo sabes, sigues levantando un muro entre tu corazón y el resto de las personas, pero nadie puede vivir solo por siempre… Pero sé que ese no es el problema, mi amor.
Cassandra se recostó en la cama y lo miró con atención, estaba fascinada con su rostro a pesar del daño y las cicatrices, seguía tan enamorada de él como lo había estado en vida.
-No me estás reemplazando, sé que nunca me olvidarás, te amo, Arthur Sullivan, y quiero que vuelvas a ser feliz con ella.
-confesó la chica, sonriendo con ternura mientras él se acercaba-
-Yo también te amo, Cassandra.
Con sus palabras, ella le dio su último beso, Arthur cerró los ojos y rememoró el sentimiento, el alivio de tener la oportunidad de despedirse de su amada le ayudó a ver más allá de sus sentimientos, le ayudó a entender que él también merecía una segunda oportunidad para amar.
“Siempre estarás en mi corazón”