III El hada azul #3
lo llamó una voz, y en ese instante habría jurado que se trataba de la voz de Hazel, era reconocible e inigualable, no podría haberla imaginado de la nada, sobre todo porque nunca había sucedido; no obstante, no tuvo tiempo para ponerse a pensar en ello cuando el local fue destruido.
Sus instintos le advirtieron y su cuerpo actuó antes que su mente: era un monstruo, como los merodeadores que Ruby controlaba, por sí mismo tenía la fuerza de una estampida que había cargado contra el local de una forma violenta, pero estaba lejos de parecerse a esas criaturas que ya conocía, porque la que había destrozado la entrada era más grande y violenta, era una bestia formada casi en su totalidad por músculos, más grande que un autobús y más fuerte que cualquier monstruo al que hubiera conocido.
La bestia había embestido contra la entrada, destrozando todo a su paso sin importarle que estuviera lleno de estudiantes inocentes, mentes jóvenes que no habían tenido tiempo de equivocarse en la vida, su único crimen había sido venir al lugar solo para estar cerca del muchacho carmesí, eso fue más que suficiente para decidir actuar con velocidad para salvarlos antes de que alguno se percatara de la situación; Arthur escondió a Nakamura detrás del mostrador, saltó hasta los camareros y los lanzó con facilidad para cubrirlos, luego a cada uno de los estudiantes, moldeó su cuerpo para tener más fuerza y cargarlos a todos a la vez, logrando cubrirlos a tiempo en medio de las mesas y sillas que sobrevolaban por el ambiente, pero él se movió tan rápido que, al momento de parpadear, todos se hallaban a salvo.
El local era un desastre, todas las mesas yacían destrozadas y los vidrios esparcidos por el suelo, era como si un tornado hubiera entrado en el local, pero en lugar de una fuerza de la naturaleza se trataba de un monstruo colosal; una bestia hecha de músculos, reensamblada con huesos y partes de otras criaturas que lo convirtieron en esa amalgama hecha con el propósito de matar, Arthur yacía en medio, impidiendo que la criatura se acercara a los humanos, y con una breve mirada hacia atrás correspondió sus ojos aterrados.
- ¡Huyan por la puerta de atrás, rápido!
Y así lo hicieron, dejando al muchacho para enfrentarse a ese monstruo, con algunos transeúntes quedándose afuera para grabar la demostración de fuerza entre ambos seres, un muchacho que era más de lo que aparentaba contra un monstruo que destrozaba todo con solo dar un paso; algunos lo vieron aparecer, había aterrizado en la calle dejando un enorme cráter que los transeúntes habían confundido con una especie de espectáculo o cosplay demasiado exagerado, pero luego entendieron que, así como los ángeles, esa bestia había venido para sacudir la forma en que entendían al mundo, y solo aquel muchacho era la única cosa que se interponía para no convertirse en la comida del monstruo.
“¿Te gusta mi nueva creación, hermano mayor? Me tomó tiempo fabricarlo, pero no se parece a los otros, a este no lo puedes controlar.
Es que tú vales el esfuerzo”
confesó la voz de Ruby en su mente, un mensaje traído por la bestia, y eso enfureció a Arthur por recordarle que ella seguía persiguiéndolo sin importar cuanto tiempo pasara.
El muchacho continuó forcejeando, tuvo que admitir que esa criatura era más complicada de domar que cualquier otra, ella podía mantenerlo contra el suelo y lastimarlo bastante, no le dejaba heridas ni corría riesgo alguno, pero sí lograba hacerlo forcejear bajo sus poderosas manos, si lograba dominarlo por más tiempo fácilmente podría llevárselo a Ruby.
La bestia lo azotó sin piedad, una criatura forzada a evolucionar por la mano de Ruby, por unos instantes consiguió dominarlo hasta enterrarlo en el suelo solo con el poder de sus golpes.
Cuando entendió que no podría seguir conteniéndolo, y que probablemente luego iría a atacar a los transeúntes, Arthur decidió convertir todo su cuerpo en una amalgama de poder; sus brazos eran grandes y fuertes, sus piernas torcidas como las de un fauno le dieron más agilidad y poder, todo su cuerpo mutó para convertirse en algo diferente, algo tan letal que con un simple movimiento podía arrancar las extremidades del monstruo… y con el pensamiento forzó a la bestia a inclinarse ante él, aunque fuera solo por unos segundos y le resultaba doloroso al hacerlo, aprovechando esa ventaja para sujetar la cabeza de la criatura con todas sus fuerzas.
El monstruo rugió una vez más al recuperar el control, se levantó sobre sus cuatro extremidades y comenzó a saltar como un corcel silvestre, intentando quitarse al muchacho de encima que se mantenía aferrado a su cabeza.
De un momento a otro la criatura salió del local ante los rostros perplejos y espantados de los transeúntes al verlo saltar por el cielo, moviéndose de techo en techo como si las distancias no significaran nada para ellos, mientras Arthur se mantenía aferrado a él iba dirigiendo al monstruo a zonas no tan transitadas, todo con el fin de no volver a poner en peligro más vidas.
Cuando estuvo seguro de que no lastimaría a nadie más, decidió usar toda su fuerza para acabar con la amenaza: clavó sus garras en ambos lados de la cabeza, la torció hasta escuchar el crujido de su espina, y la arrancó de su cuerpo musculoso hasta decapitarlo separando cada nervio y cartílago que las conectaba.
El cadáver cayó en un callejón oscuro de Tokio, este comenzó a pulverizarse ante sus ojos tras desplomarse, el muchacho quedó agotado, aun así, saltó sobre los edificios para evitar a la multitud que había seguido la batalla de cerca.
-Maldición… -jadeó al recostarse en el techo, dejando que sus heridas se regeneraran-.
Ese monstruo no era igual a los demás, si ella manda otros no podré escaparme.
Quiso regresar a la cafetería para asegurarse de que no hubo heridos… pero, conforme recordaba que la bestia había ido tras él, y que podía lastimar a cualquiera que se entrometiera en su camino, supo que lo mejor era mantenerse al margen, a pesar de que se halló muy cerca de los estudiantes que entablaban conversación con él, y con ellos los amables representantes de las compañías que querían contratarlo, pero no tuvo el valor para acercarse.
Resultaba bastante agridulce ver desde la distancia como las personas atestiguaban las ruinas del local, algunos siendo revisados por heridas superficiales, y miraba al señor Nakamura como esa sombra entristecida que observaba lo que había sido su negocio ahora convertido en pura destrucción, años de trabajo y esfuerzo reducidos a montones de concreto, estaba vivo y lo agradecía, pero había perdido algo que le daba significado a esa vida.
Arthur seguía jadeando y recuperándose, pero estaba lo suficientemente consciente de sí mismo como para admitir que si no estuviera cerca todos los demás estarían mejor sin él, a pesar de que ese trabajo llegó a darle muchos días de alegría tuvo que despertar del hermoso sueño que había sido para recordar que no era la clase de vida que merecía, sus manos estaban demasiado manchadas de sangre como para creer que podía actuar como una persona más entre la multitud sin que hubiera consecuencias.
Cerró su ojo y meditó, pensó en Sullivan, Cassandra y Hazel, las personas a las que amó y con los que conectó a un nivel tan íntimo… Haber creído que podía quedarse a su lado por siempre fue su sentencia de muerte, lo único que realmente valía la pena era irse cuando podía, esa era la única decisión sobre la que tenía poder para no volver a lastimar a nadie.
Nakamura, los estudiantes, todas las personas en sí mismas tenían más elecciones, sabían qué hacer para sobrevivir a aquello que los atormentaba, quizás podían morir a diferencia de él, pero incluso eso reflejaba la libertad de la que él carecía, incapaz de quedarse en un solo lugar como siempre.
Ya había ido a otros sitios, había conocido mucho, pero esa constante que lo perseguía jamás se detenía, y esos momentos eran como un recuerdo de que por más que lo quisiera nunca podría quedarse con los demás, ni el día ni la noche eran seguros para él ni para aquellos que lo rodeaban… Lo más sensato era marcharse en silencio de un lugar en el que podría haber sido feliz, pero que sabía que no podía aceptarlo.
“Perdí esta nueva vida, perdí amigos; pero nadie salió herido, eso es lo único que importa realmente”
se dijo a sí mismo mientras daba marcha atrás, caminando hasta perderse en el camino, escondiendo las ganas de llorar detrás de su rostro sereno; él tomó la vida de un vagabundo, sonrió, y simplemente caminó hacia donde la carretera lo llevara lejos de todo, apartándose de todos… una vez más.
Aunque algunos lo podían considerar un héroe él nunca se sintió como uno, solo era un muchacho que seguía su propio camino, un fantasma para aquellos con los que se topaba, una memoria sin descanso ni propósito salvo seguir vagando por la tierra.
La vida de Arthur era siempre igual, y aunque ya no podía llorar de la misma manera seguía doliendo, porque al final nada dejaba de doler dentro de lo que quedaba de su corazón.
Ruby seguía dentro de Genexis Sciences, su forma de pensar le había concedido la mentalidad de un zorro armando su nido en un lugar abandonado, para ella no había nada de valor en el exterior, había recobrado la esperanza de que Arthur regresaría tarde o temprano, después de todo, le había quitado todo lo que le podría interesar en el mundo y se había asegurado de aniquilar toda esperanza de tener una vida lejos de ella, solo debía esperar a que él decidiera regresar; cuando se tenía inmortalidad como ella el tiempo no era un obstáculo, podía entretenerse con nuevos experimentos o explorando todo el laboratorio… Por supuesto, en algún punto llegaba a sentirse vacía y olvidada, elegir quedarse en ese laboratorio bajo tierra tenía el costo de pasar sus años en cautiverio como un dragón custodiando su tesoro, llena de melancolía y sentimientos encontrados.