3 #13
Hazel miró el lago donde la luz era reflejada, era como ver la frontera entre dos mundos, se sintió envuelta por la dicha de haber presenciado algo tan hermoso por última vez; Arthur le concedió la alegría de toda una vida en un instante, eso era todo lo que había pedido en silencio, mientras cerraba los ojos podía ver todo aquello que tanto anhelaba, una vida tranquila con él y un bebé en brazos, en la luz de la luna observó todos sus sueños hechos realidad.
“Esto es lo que has soñado, y lo que he compartido contigo, una vida juntos fue lo que deseaste, y aunque no pude dártela al menos podemos soñar juntos una última vez… Te amo, Hazel, y siempre estarás en mis pensamientos”
le susurró, brindándole paso a una paz inexplicable con la hermosa visión que le concedió.
-Es… hermoso.
-confesó antes de cerrar los ojos-
Cuando reunió el valor, aún con lágrimas brotando de su único ojo, convirtió su brazo en una lanza, el arma se revelaba como el alivio por el que Hazel tanto había rogado, y aún con la tristeza grabada en su rostro Arthur cerró su ojo y lo hizo, poniéndole un fin al sufrimiento… Liberó a Hazel de la tortura en la que su hermana la había puesto, y pronto los chillidos se detuvieron dejando detrás un silencio abrumador, el mismo silencio que quedaba cuando tenía que decirle adiós a un ser amado, y tras eso la tormenta comenzó.
No había ruido, ni llanto o sollozos, solo había silencio, pero en esa perpetua falta de sonidos no había calma, solo un ininterrumpido sentimiento de soledad… Arthur observó como el cuerpo de su amiga perdía color hasta convertirse en una masa sin vida, y lo que quedó ante él fue un despojo de lo que solía ser; el muchacho se quedó observándola con su mirada muerta anclada en el lago brillante, y eso fue suficiente para que él entendiera que jamás había conocido una paz igual, ella fue feliz en sus últimos momentos a pesar del dolor por el que pasaba.
De pronto se vio abandonado por el espectro de Cassandra, su mente empezó a divagar en todo el dolor que Ruby le había causado hasta ahora, y como eso desencadenaba en que se sintiera miserablemente solo en un mundo que ni siquiera sabía que existía, ¿Cuál era el punto de vagar sin rumbo? ¿Cuál era el punto de vivir si estaba condenado a la soledad? Arthur se vio considerando una vez más, después de tanto tiempo, la idea de acabar con su vida… Pero ni siquiera eso tenía sentido porque sabía que no podía morir, y esa maldición seguiría presente sin importar cuanto deseara acabar con todo.
El pensamiento y el dolor se mezclaron, formando una extraña sensación que nunca había considerado, y ni siquiera creía que hubiera nombre para lo que sentía, esa sensación de impotencia, a pesar de todo lo que era capaz de hacer, y eso desembocó en algo muy inesperado: revivir su niñez.
Arthur comenzó a llorar como un niño pequeño, una mano apoyada en el suelo y la otra sosteniendo su cabeza, podía escuchar sus propios pensamientos conviviendo con el sonido de sus sollozos, todo estaba tan mezclado que al final terminaba por carecer de sentido, solo quería llorar y reírse de todo aquello.
Pero las lágrimas también brotaban de su ojo, estaba delirando por el dolor y casi podía sentir que su hermana se estaba acercando, ella estaba captando el sufrimiento como una señal que la llamaba, Ruby se apareció ante Arthur con la forma de un espectro debido a la distancia, y él ni siquiera sucumbió como había pensado que lo haría cuando la volviera a ver… Simplemente se quedó allí, llorando y riendo, mientras la niña carmesí colocó una mano en su cabeza.
-Hola, hermano mayor, ha pasado tiempo, ya perdí la cuenta después del primer año.
-confesó la niña, a pesar de que Arthur ni siquiera le prestaba atención-.
Yo aún te amo, lo sabes ¿Verdad? Pero no puedo entender por qué te sigues alejando.
Arthur seguía sollozando y riendo, espuma roja salía de su boca, su ojo comenzó a tornarse totalmente carmesí por la sangre, sostuvo su propia cabeza mientras el espectro seguía acosándolo.
-La vida era mejor en el laboratorio, más divertida; tú, yo, esos pequeños drones y los cuartos blancos, todo era simple… Hasta que decidiste sentir amor por los humanos.
-confesó la niña, lamiendo sus labios, enseñando que entre sus dientes había restos de carne cruda-.
¿Por qué tienes que complicar las cosas? Mira lo que le pasó a esta criatura por tu culpa, no tienes remedio.
Con la fuerza que tenía para arrancarse la lengua con los dientes y soportar el dolor, luchó por contenerse y volver a controlarse, esa parte de su mente que seguía delirando por todo lo que sentía fue sofocada para callar a la niña.
El espectro no se molestó, después de todo, sabía que tarde o temprano Arthur regresaría a ella voluntariamente, él tendría que enfrentarla… El muchacho se levantó y cerró su ojo para hacerla desaparecer, podría seguir hablando, pero él no quería verla todavía, no estaba listo para hacerla pagar por todo lo que le había hecho.
“Sullivan hizo bien en abandonarte”
confesó antes de desaparecer, dejándolo con esa herida abierta antes de irse por otro tiempo, sabiendo que a pesar de cuán apartado estaba de su padre Arthur seguía amándolo con sinceridad.
Cuando volvió a abrir su ojo ella no estaba, pero el frío aire que dejaba por su paso seguía presente, dejándolo a solas con el cadáver de su amiga… Tuvo tiempo para llorar un poco más, quería tener el tiempo de procesar su pérdida sin miedo a Ruby, Hazel merecía tener paz, su cuerpo terrenal era lo único que le quedaba, pero en su corazón hubo una calidez excepcional, algo que jamás pensó que volvería a sentir.
-No sé lo que somos ni para qué fuimos creados, he traído más dolor que salvación, pero tú sí me salvaste y me ayudaste a sobrellevar lo que siento, Hazel, te prometo no cambiar como pediste.
-dicho eso, besó su frente antes de darle sepultura frente al lago, si podía descansar en la naturaleza, donde más amó y fue feliz, entonces le daría eso que él deseaba y no podía tener-.
Buenas noches, mi ángel.
Y así el muchacho partió hacia la noche, abrazándose, amándose un poco más, dejando atrás una parte de sí mismo, pero tal y como Hazel le había dicho, ella nunca lo dejó solo, se sintió acompañado por el resto de su existencia por la chica que le había enseñado a resistir un segundo más; miró al cielo nocturno donde las estrellas brillaban, caminó tan lejos como deseó y nunca dejó de pensar en aquellos a los que amaba, porque siempre estarían en su memoria incluso si no estaban en su presente, llevándolos dentro de su corazón.