3 #9
Arthur asentía mientras la muchacha le contaba los secretos, y en ese instante no pudo evitar mirar a Hazel; llena de gracia, con su delicada figura con ropa de campesina, su hermoso cabello blanco cayendo en las trenzas que los pobladores le habían hecho, y sus ojos carmesíes maravillándose con todo lo que le rodeaba, le dedicaba una hermosa sonrisa cada vez que cruzaban miradas en medio de su baile… Ella amaba aprender tanto como él, todavía le fascinaba conocer del mundo, como la niña que seguía siendo dentro de su mente, lucía un brillo encantador que nadie más había tenido en su vida, un brillo que solo se comparaba con el de su amada Cassandra.
Apenas en un instante Arthur se percató de que había estado soñando despierto, se había enfocado tanto en la belleza de su compañera que sus mejillas se ruborizaron, entendió que sus sentimientos eran más profundos de lo que le hubiese gustado admitir.
Llegada la noche comenzaron a preparar la cena, en las mesas del exterior, bajo las luces que los niños habían colgado, todo estaba organizado para una cena con música moderna; los más pequeños jugaban, los adultos se sentaban y todos platicaban temas más tranquilos, no había razón para seguir hablando de sus problemas ni de todo lo que estaba por venir, porque no hacía falta hacerlo.
Arthur y Hazel se sentaron juntos y en el centro como invitados, rodeados por los pobladores que mantuvieron conversaciones sanas, disfrutando de una cena agradable que Arthur agradecía por el sabor tan familiar, era igual a una cena con los Fiore; la comida, la compañía, el ambiente y las luces, todo resultaba como una de sus cintas de VHS sobre una navidad en familia, con el eterno invierno que caracterizaba al país era difícil no confundirla con la noche de navidad, eso le produjo la misma sonrisa serena de siempre.
-Esto es divertido, mira, las niñas me hicieron estas trenzas y me pusieron flores, ¿No son lindas? -resaltó Hazel a su lado-
-Sí, las noté cuando bailabas.
-el chico dejó salir un suspiró de alegría al verla siendo tan hermosa, luego procedió a acariciar su mejilla-.
Y tú siempre eres linda.
Hazel se ruborizó y le devolvió la sonrisa, entonces ambos siguieron disfrutando de la cena mientras la música proseguía, hubo un instante en que las bocinas, que desprendían aquellas melodías modernas, guardaron silencio para dar paso a la siguiente canción, dejando a los presentes llenos de curiosidad.
Arthur vio a una catarina que había aterrizado en su mano, el pequeño insecto rojo de manchas negras le transmitía una paz indescriptible en ese momento, era tan frágil y aun así decidió acercársele como si no representara ningún peligro para ella; Hazel acercó su mano con curiosidad y admiró a la criatura, luego voló hasta su mano y se quedó allí, compartiendo el mismo sentimiento con la chica, a quien alabó en silencio por su belleza angelical y la bendijo por ser lo que era mientras yacía en su palma, conectando con Hazel, recordándole que todos los seres compartían un lazo invisible que les hacía especiales.
Cuando el insecto voló lejos de ellos Hazel se sintió ligeramente triste, era como si una parte de sí misma se hubiese marchado con él, y entonces recostó la cabeza en el hombro de Arthur porque se sentía bien a su lado, era la única manera en que podría reconfortarse después de haber presenciado esa parte que se marchaba hacia el cielo nocturno.
Con el paso de los minutos la música regresó, pero esta vez como algo melancólico, se trataba de algo más profundo que había marcado una parte importante en la vida de Arthur, era esa vieja canción que su amada le había enseñado cuando pasaron el tiempo en su habitación.
“¿No podemos darnos una oportunidad más? ¿Por qué no podemos darle al amor esa oportunidad más? ¿Por qué no podemos dar amor?”
sonaba con una maravillosa intensidad, lo suficiente para que todos pudieran disfrutar, las voces de Queen y David Bowie, era la esperanzadora canción que hablaba del amor como la solución a todas las cosas horrorosas que vivían las personas.
Para Arthur fue más que solo otra canción popular, fue un recordatorio de lo que había compartido con su amada, llevaba mucho tiempo sin escucharla y le fue imposible no sentirse arrastrado a ese punto del tiempo en que su mente se perdía, se vio divagando entre tantos recuerdos donde la mansión de los Fiore era el punto de encuentro de todas sus memorias; esa vieja puerta tras la cual se hallaba la composición se abrió e hizo que él entrara en shock, no podía moverse ni hacer nada más que mirar directamente a la mesa.
Hazel notó esto y pudo suponer que se debía a esa canción, por ello decidió hacer algo al respecto.
- ¡Oigan todos, vamos a cantar, esta es mi favorita! -exclamó con entusiasmo, invitando a todos a unírsele-
Arthur levantó la mirada en el momento en que todos cantaron el coro, se unieron para darle sentido a esa hermosa composición, y sus voces se convirtieron en una a la vez; Hazel se levantó en la mesa frente a él, demostrando agilidad al bailar con elegancia y pudor, uniéndosele a ella todos aquellos que sentían la conexión que la chica les inspiraba, era algo indescriptible verla conviviendo y dirigiendo aquellos sentimientos hasta convertirlo en un pequeño concierto improvisado.
- ¡Únete! -llamó Hazel, extendiendo su mano a Arthur-.
¡Todos están dando sus mejores pasos!
Miró en derredor, era cierto, no había persona del pueblo que no estuviera bailando y cantando, no importaba si no eran los mejores, todos se estaban divirtiendo y creando memorias, y eso era más que suficiente para que Hazel decidiera invitarlo.
- ¿De verdad eso quieres? -le cuestionó, algo dudoso al principio-
- ¡Por supuesto, cada paso cuenta!
“¿No podemos darnos una oportunidad más? ¿Por qué no podemos darle al amor esa oportunidad más? ¿Por qué no podemos dar amor?”
el verso resonó en su mente al mirar los ojos carmesíes de Hazel, considerando que encajaba perfectamente con lo que le transmitía, ella era la definición de una segunda oportunidad para amar, y su hermosa sonrisa reafirmó ese pensamiento conforme extendía su mano para tomar la suya, uniéndosele al baile como todos los demás.
Arthur y Hazel bailaron juntos, por primera vez todos sus problemas fueron ignorados para convertirse en pura alegría, todas sus preocupaciones se vieron opacadas por la oportunidad de un amor que sacudía sus corazones.
Fueron uno solo, con tal elegancia y belleza que les hacía perdurar en la longevidad del tiempo, se convirtieron en algo más que dos seres creados en un laboratorio, por primera vez fueron dos almas danzando sobre la tierra como todos los humanos.
“Porque el amor es una palabra tan anticuada, y el amor nos desafía a preocuparnos por las personas al borde de la noche.
El amor nos desafía a cambiar nuestra manera de preocuparnos por nosotros mismos.
Este es nuestro último baile. Esto somos nosotros, bajo presión”
llegaba el final de la canción y todos los pobladores aplaudían, se felicitaban entre ellos por haber participado en una actividad tan improvisada, pero tan entretenida, mientras Arthur y Hazel intercambiaban miradas con rubor en sus rostros.
Ella era especial, había nacido de su sangre, pero a diferencia de Ruby, Hazel había venido para traerle alegría y consuelo donde otros solo le dejaron tristeza y cicatrices, ella nunca le temió ni intentó controlarlo, ella era todo lo que alguna vez pudo desear de una persona… Sentía amor por Hazel, apenas lo descubría, pero le avergonzaba mucho decirlo en voz alta, sobre todo porque la memoria del espectro de su amada seguía presente, no quería reemplazar a Cassandra sin importar cuanto tiempo pasara, ¿Como podía aceptar que amaba a alguien cuando la memoria de su viejo amor aún lo perseguía? Era un momento en que el corazón se quebrantaba por dos emociones tan intensas y longevas como el tiempo.
-Eres un buen bailarín.
-confesó la chica, acariciando su mejilla-
-Y tú… me haces feliz.
-respondió con una sonrisa profunda-
Sin previo aviso, Hazel le dio un beso en los labios, con la misma inocencia que un amor de infancia, algo dulce y tierno, no había nada más que un cariño sincero por aquel que le había enseñado tantas maravillas.
Ella seguía ruborizada y sonreía, a pesar de que había hecho un movimiento bastante atrevido al besarlo, pero Arthur no hizo más que corresponder el gesto con otro beso, demasiado confundido como para reaccionar apropiadamente, y en su lugar siguió abrazándola mientras la noche avanzaba… Mañana sería un largo día, por lo que lo mejor sería descansar, y como no les extrañaba hacerlo ellos tuvieron que dormir juntos una vez más.
Hazel dormía en los brazos de Arthur, pero en cierto momento de la noche no podía descansar, sentía náuseas y mareo, era una sensación única que solo se comparaba a lo que sintió durante su reunión con Ruby, y no era la primera vez que dicha sensación se presentaba.
Se levantó con cuidado de no despertar a su compañero, se deslizó por la cama y salió de la cabaña que los pobladores les habían prestado para su descanso, era muy tarde por la noche, por ello no hubo absolutamente nadie que pudiera atestiguar cuando ella se dirigió a las afueras del bosque para inclinarse y dejar salir el mal en su interior.
Vomitó su propia sangre, y en ella había litros de podredumbre que le recordaban que esa era la marca personal de Ruby, el mal que ella le había plantado comenzaba a surgir, y entre todas las cosas que expulsaba pudo notar algo horroroso que resaltaba por encima de cualquier otro elemento: cientos de huevecillos, como los que pondría un pez, que se quedaron incrustados en la tierra brindando un resplandor carmesí inusual.