El fantasma carmesí 3 #7
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Con el silencio del ambiente Hazel tuvo la ventaja para seguir hablando, Arthur se mantenía de brazos cruzados mirando en derredor a la multitud, por primera vez todos notaron cuan frío era, a pesar de seguir siendo su salvador, pudieron entender por qué le habían temido tanto; a diferencia de la chica, él era más tranquilo, pero al mismo tiempo más peligroso que cualquier otra criatura, despertaba una superstición aterradora en todos, una que se había convertido en una realidad.

-Nosotros no podemos quedarnos para siempre, por eso, para asegurarnos de que no vuelvan a atacarlos les daremos un buen motivo para que jamás regresen aquí.

-continuó Hazel, recibiendo el apoyo de Arthur en cuanto se acercó a su lado para hablar junto a ella-

- ¿Como pretenden lograr eso? Si es que se puede saber.

-pronunció un hombre prepotente, del lado de quienes habían cuestionado los actos de sus salvadores-

Esta vez fue Arthur quien tomó la palabra, habiendo disipado la confusión de antes y el miedo por estar entre una multitud, se aseguró de modular con una voz mucho más profunda y segura, una voz adulta que le concedía una madurez irrefutable producto de todo lo que había vivido hasta ese momento.

Incluso los ingratos dieron un paso atrás, porque su presencia compasiva también podía ser cruel e intimidante con un solo gesto, el muchacho se convirtió en el centro de atención en cuanto empezó a hablar.

-Porque los malvados son cobardes y temerosos, los opresores saben que cuando los oprimidos se rebelan es cuando pierden todo su poder… Por eso son tan cobardes como para atacar de lejos.

-confesó Arthur, y mientras lo decía no podía evitar considerar que se estaba proyectando demasiado, estaba pensando mucho en Ruby al decirlo porque sabía en su corazón que ella no lo buscaba personalmente porque tenía miedo por el muchacho en el que se había convertido-.

Ellos necesitan algo a lo que temerle, algo que les haga desear nunca haber venido aquí.

Hazel entendía perfectamente a lo que se refería, porque el miedo era el sentimiento más antiguo de la humanidad, y el miedo más antiguo era a lo desconocido, tenían la ventaja de que ambos eran seres desconocidos hasta para sí mismos por el alcance de sus habilidades.

Los humanos no conocían su origen, ni siquiera sabían si venían de las estrellas o de las cavernas, y eso era un concepto que podrían usar a su favor en contra de los agresores; la multitud guardó silencio, el anciano y los más inquietos no volvieron a decir nada al respecto porque en el fondo sabían que tenían razón, Arthur y Hazel eran su única oportunidad para asegurarse de que ningún grupo armado volvería a pisar sus tierras para lastimarlos, después de todo, incluso con el paso de los años las supersticiones perdurarían.

-Y además… -agregó Hazel, alcanzando a ver que aún tenían mucho tiempo antes de la noche, que era cuando Ruby podría aparecérsele y hacerle otras cosas, debía aprovechar al máximo el tiempo que le quedaba-: ¡Vamos a ir a rescatar a los que se llevaron!

Las personas no querían ilusionarse demasiado, pero al escucharlos a ambos hablar con tanta determinación y valor era inevitable que se vieran dominadas por una esperanza renovada, fue inevitable para todos que su presencia se convirtiera en motivo de alegría, y en el futuro se convertiría en motivo suficiente para compartir su encuentro en internet donde las historias ya circulaban.

Arthur miró a Hazel un tanto intrigado, no podía garantizar que las víctimas de secuestro seguían vivas para ese punto, le preocupaba desilusionarlos, pero ya era tarde para corregir a su compañera, debían marchar por insistencia de la chica que parecía querer pasar juntos tanto tiempo como pudiesen.

En ese instante ella tomó su mano y se dirigieron al bosque donde los agresores se habían desvanecido, los pobladores se quedarían para tomar las armas que dejaron atrás y protegerse en caso de un segundo ataque; en el camino, tuvieron tiempo para conversar mientras se dirigían al campamento de la guerrilla.

- ¿De verdad crees que los mantuvieron vivos hasta ahora? Si ya están muertos les habremos dado falsas esperanzas a sus familiares… -Arthur quería resaltar la seriedad del asunto porque él solo pensaba a través del pesimismo confundiéndolo con realismo-

-Por favor, solo hay que intentarlo, sería igualmente malo asumir que fueron asesinados.

-confesó la chica, apartando las ramas y arbustos del camino-.

No soy ingenua, Arthur, sé que pueden estar muertos… Pero sus familiares se merecen saber qué fue de ellos, se merecen darle un cierre al dolor.

El chico guardó silencio por un momento, no era su intención insinuar que Hazel fuera ingenua por todo lo que dijo, en realidad solo se preocupaba porque para él era un concepto extraño darle un final al dolor, era algo que jamás habría imaginado porque estaba acostumbrado a pensar que todos vivían constantemente con la idea de que nada parecía tener fin.

Mientras más avanzaban, en ciertos interludios del sendero, iba notando que Hazel tosía o se detenía a descansar, se tomaba el tiempo para recuperar el aliento y beber del agua que su compañero recolectaba, Arthur percibía que algo no estaba bien, una inquietud crepitante azotaba su espalda; pero Hazel insistía que estaba bien, respondía que no hacía falta que se preocupara demasiado porque ambos eran especiales, y le sonreía al decirlo.

“No quieres que me preocupe, pero es inevitable cuando se trata de ti”

pensó por ella cada vez que se detenían, y él se quedaba a su lado hasta que se recuperara.

Despues de un rato caminando lograron hallar el campamento de la guerrilla, bien adentrado en el bosque, confundiéndose con las ruinas de un pueblo lleno de trampas de osos, minas explosivas y una pequeña granja de cerdos como sustento; la guerrilla en todos los países tenía fama de vivir en zonas aisladas, era más fácil vivir a expensas del gobierno, dominando su propio pedazo de infierno al que llamaban hogar, era su base, prisión y santuario al mismo tiempo, un lugar de oscuridad en que los invasores se convertían en sus esclavos.

No hizo falta de mucho para que ambos se percataran de la presencia de unas personas enjauladas, dedujeron que se trataban de las víctimas de secuestro, los familiares estarían tan aliviados como ellos al descubrir que todos se hallaban con vida, lo único que necesitaban era hallar un modo para rescatarlos sin que la guerrilla matara ni a uno de ellos.

Hazel notó que estaban reunidos, a los jóvenes reclutas, forzados y voluntarios, menores de quince años en su mayoría, se les instruía en la maldición que representaba manejar armas de fuego y granadas de fragmentación; en los ojos inocentes se podía percibir el miedo, no estaban conformes con esa vida, algunos lloraban por sus padres antes de ser golpeados por los adultos agresores, arrebataban la inocencia con crueldad, además de abusarlos también los forzaban a actuar de cierto modo… Hazel se sintió asqueada por todo lo que veía, pero sabía que debía controlarse, de nada serviría abalanzarse sobre ellos como una bestia, la mejor opción era ubicar al resto de las víctimas.

La chica transmutó su forma para convertirse en la sustancia, su metamorfosis viscosa lograba escabullirse entre las hierbas como una víbora, mientras ella se encargaba de ubicar y liberar a los prisioneros Arthur se aseguraría de distraer a los agresores.

Poco despues se topó con uno de ellos, estaba dormido en una hamaca, un pequeño sector que descansaba, por lo que tomó la oportunidad para inducirles varias pesadillas, se movían inquietud mientras él traía a la vida a sus peores pesadillas; osos, tormentas, insectos, arácnidos gigantes, el miedo de los humanos tenía muchas formas, todos los horrores y fobias que podía conocer ya las había experimentado en los laboratorios, y esos hombres no sabían lo que era el verdadero poder hasta que un niño de cabello carmesí les mostraba todo eso en sus sueños.

Sus manos se movieron con gracia sobre sus rostros, y finalmente, tras haber huido en sueños de sus propias almas, se despertaron con pánico absoluto, sumidos en la histeria porque aún en el mundo real las pesadillas persistían; veían cosas que no estaban allí, sentían cosas que ellos no podían tocar, era como si sus sentidos los traicionaran, y en lugar de ver a un chico carmesí que se adentró lentamente en el bosque vieron a un monstruo, la criatura más espantosa que podrían haber imaginado, porque para cada uno esa criatura variaba, la única constante era que se parecía a su peor miedo.

Los gritos alertaron a sus camaradas, tomaron sus armas y dejaron el entrenamiento de los niños para despues, ellos estaban confundidos porque lo único que podían escuchar eran los gritos de horror, las súplicas para que todo acabase y la histeria con la que disparaban hacia el vacío del bosque como si hubiera algo asechándolos, aunque no había nada más que oscuridad absoluta.

- ¡Quítenmelas, se meten en mis ojos, ayuda! -suplicaba uno de los hombres, arañándose los parpados y las mejillas, quitándose de encima los insectos que nadie más podía ver-.

¡¿Acaso no las ven?! ¡Quítenmelas!

Pero nadie entendía de qué hablaba, nadie podía ver las cucarachas que trepaban por su rostro, así como nadie podía ver al enorme oso que se abalanzaba sobre otro de sus compañeros, y así con todos los que hace unos minutos dormían tan plácidamente en las hamacas.

El hombre que juraba tener cucarachas encima estaba tan desesperado que comenzó a arrancarse la piel con arañazos, tomó su cuchillo de combate e intentó quitarse los insectos, solo consiguiendo apuñalarse a sí mismo hasta la muerte; y así, los que veían otros horrores dispararon a todas partes, hiriendo a algunos de sus compañeros que no tuvieron más remedio que ponerse a cubierta.