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Ante esto, y al ver que aún se movía en cuatro patas como una bestia, los hombres quedaron estupefactos, incapaces de siquiera reaccionar o pensar en su siguiente movimiento, no fue sino hasta que Arthur decidió actuar que comenzaron a temer y a desear nunca haber ido a ese pueblo.
El muchacho se movió con la misma velocidad, sus brazos se convirtieron en cuchillas que perforaban sus cuerpos con el más pequeño roce, los gritos se reanudaron, pero en esa ocasión eran los perpetradores quienes comenzaron a gritar consumidos por el miedo que sentían por la bestia carmesí.
Se movía como un animal, atacaba como un hombre, pero aun así nunca se permitió caer en la fría tentación de la sangre, nunca permitió que su sed lo convirtiera en un monstruo… Con una garra en el cuello del líder miró sobre su hombro, Hazel había curado a los heridos, las fracturas y los cortes se cerraron ante los ojos asombrados de los pobladores, las hemorragias se detuvieron y dejaron de sufrir.
Cuando ellos le devolvieron la mirada, por un instante compartieron el mismo terror de sus agresores, vieron en Arthur a una bestia dispuesta a hacerles daño con su gran poder, le tuvieron miedo de la misma manera que él lo había sentido por Ruby, y eso había sido más que suficiente para que eligiera no matarlos, a pesar de que resultaría muy fácil para él.
Porque incluso Hazel había demostrado un miedo más grande que cualquiera, era la primera vez que ella miraba a Arthur y hallaba una criatura abominable, eso le preocupó, no le gustó nada lo que ella veía en él… Entonces, reuniendo todo el valor necesario para no tomar sangre, dejó caer al líder al suelo junto con el resto de su banda atemorizada, ya estaban desarmados, por lo que sabía que no tenían nada con qué lastimarlos.
“Ahora huyen, se espantan con el rostro de Ruby, estoy usando el mismo rostro que tanto me aterra a mí”
pensó para sí mismo, apenas notando para ese instante que él estaba sonriendo de la misma forma en que su hermana lo hacía, podía verlo en el reflejo de sus ojos y eso lo asustó.
Cuando dejó escapar al líder del grupo armado ellos juraron regresar con más gente y más armas, pero a él no le importó nada de eso, lo único que le preocupaba era regresar con Hazel y seguir por su camino cuanto antes, todo mientras los humanos seguían mirándolos con la misma ingenuidad que los caracterizaba cada vez que se encontraban con el chico carmesí; volvió sus extremidades a la normalidad y con la misma calma se fue acercando a su amiga.
Los humanos le abrieron paso, demasiado impresionados como para decir algo, y Hazel notó que no había miedo en sus rostros en cuanto Arthur se acercó: había gratitud, temieron a lo desconocido, pero reconocieron que ese extraño de apariencia peculiar había sido su salvador y lo veían como tal, así como a la chica la consideraron una santa por haber sanado sus heridas solo con el tacto de sus palmas… Y ellos fueron un par de ángeles para el pensamiento colectivo.
- ¡Sí, bravo! -clamó uno entre la multitud, invitándolos a unirse, alabándolos por sus hazañas-
Al escuchar al primer hombre, luego al coro, Arthur levantó la cabeza como un suricato buscando al depredador que lo asechaba, estaba confundido por aquel sonido.
- ¡Bien hecho, increíble! -otras voces, alertando al muchacho, se unieron al coro-
Arthur quedó desconcertado ante ese sonido, no tenía ni idea de qué era lo que hacían chocando sus manos, luego recordó haber visto ese gesto en las películas de VHS: ellos les estaban aplaudiendo.
La multitud clamaba por su valentía, los ancianos del pueblo les estrecharon las manos, los niños repetían una y otra vez sobre lo rápido e increíble que era Arthur, los médicos halagaron a Hazel por sus poderes curativos, todos en general lograron reconocerlos como seres especiales que se habían tomado las molestias de salvarlos, a pesar de ser desconocidos.
“Ellos… ¿No me temen?”
se cuestionó, totalmente desconcertado por ser confundido con un héroe, teniendo que luchar para que su mente aceptara el concepto como algo a lo que él podía aspirar, Hazel estaba allí y ella parecía conectar mejor con lo que las personas decían a diferencia de él.
-No… yo solo hice lo correcto y eso.
-refutaba Arthur con modestia, limitándose a estrechar sus manos y a sonreír con serenidad por los gestos de los niños que lo imitaban-
- ¡Te dije que podíamos hacerlo, tonto! -interrumpió Hazel al arrojarse sobre él para abrazarlo-
Arthur correspondió con una mano en su cintura, pero su atención seguía presente en los pobladores, le confundía mucho que le dijeran tantas cosas positivas, eran la clase de estímulos que escasearon en el laboratorio, y al ser algo de lo que careció en toda su vida resultaba demasiado confuso por una realidad que le hacía entender cuan herido estaba: debía aprender a recibir elogios.
La multitud seguía alabándolos, brindándoles obsequios como canastas con frutas y muñecas matryoshka, todo aquello que les sirviera como recordatorio del pueblo que acababan de salvar; aunque Hazel parecía encantada por la atención que recibía, para Arthur resultaba algo asfixiante y lo demostró con su expresión algo incomoda por todas las personas que le rodearon de un momento a otro, algunos preguntando si era un ángel, otros halagando su aspecto tan llamativo y algunos pocos preguntando como se había hecho las cicatrices en un lado de su cara que lo hacían ver como un gran guerrero.
- ¿Ves cómo pueden quererte por ser quién eres? -le susurró Hazel en el oído, con una tierna sonrisa, mientras dejaba caer su cabeza sobre su hombro-.
No te van a morder, solo te están diciendo lo evidente: eres increíble.
-Ellos… me dicen cosas lindas.
-confesó Arthur, mostrando una mejor sonrisa mientras aceptaba todas las palabras que le dedicaban-
En cierto punto, cuando los halagos parecían no tener fin, observaron en el cielo un fuego artificial que se elevó hasta lo más alto, proveniente de entre el bosque, el cohete estalló dejando en el cielo una nube blanca como un llamado a la muerte, era una señal bastante clara para los pobladores que empalidecieron.
Arthur no entendía el significado, pero Hazel empezó a conversar con ellos cuando mostraron indicios de pánico, los ayudó a calmarse propagando un sentimiento de calma en sus corazones, y luego empezaron a explicar lentamente el significado de la nube blanca que se había quedado grabada en sus mentes con la claridad del horror que estaba porvenir, supieron entonces que la bendición de su presencia no podía sosegar la intranquilidad de la realidad que ya vivían desde hacía mucho tiempo.
-La guerrilla, eso es lo que significa.
-pronunció el más viejo del pueblo, un hombre con ushanka y un gran abrigo de piel que lo hacían resaltar de entre la multitud-.
Desde que tenemos a ese nefasto presidente, todos los inconformes con su mandato se levantaron con armas intentando derrocarlo, pero los bastardos llevan su guerra a nosotros como si estuviéramos en el fuego cruzado, van de un lado a otro aterrorizando a nuestras comunidades como si esto hiciera un cambio; nos expropian de nuestras tierras para sus cultivos ilícitos y lo llaman una lucha contra la tiranía.
Las personas murmuraban sobre lo que podría representar para ellos, Arthur y Hazel intercambiaron miradas consternadas antes de que el viejo siguiera hablando.
-Ellos solo vienen a nuestros pueblos, toman lo que quieren y nunca vuelven, pero ahora, gracias a estos dos desconocidos.
-al mencionarlo apuntó con sus arrugados dedos hacia los dos muchachos como si los amenazara, Hazel se escondió detrás del aura protectora de Arthur-.
Ahora la guerrilla se lo tomará personal con nosotros, vendrán de nuevo y esta vez nadie vivirá para contarlo.
- ¿Acaso sugiere que ellos debieron dejarnos morir? La guerrilla no se habría detenido, estaríamos muertos de no ser por estos niños.
-contradijo una mujer presente, velando por ellos-.
Debe mostrar algo más de gratitud, anciano.
-Pero el anciano tiene razón, todos vieron la nube blanca, y saben que eso significa que volverán y esta vez arrasarán con todo… ¡Ya se han llevado a muchos de los nuestros, no es justo que a nosotros también nos pase!
Las personas comenzaron a debatir como si ellos no estuvieran presentes, Arthur suspiró un tanto desalentado por verlos discutir, porque algunos hubieran preferido que otros murieran, mientras que otros mantenían su gratitud por sus salvadores, reflejando así la misma clase de contradicciones que los llevaban al conflicto y a la pérdida.
Él entendía que ese deseo egoísta que algunos expresaban, de dejar morir a unos pocos para salvar al resto, solo era un pensamiento motivado por el miedo, solo eran personas asustadas por lo que sus semejantes podían hacerles cuando no había ninguna restricción moral, aun así, no pudo evitar sentirse decepcionado porque el dolor era lo único que sabían compartir con facilidad, porque lastimar siempre resultaría más fácil que dialogar y comprender a los demás, sus inclinaciones políticas habían pasado de ser una opinión a ser un arma, y las consecuencias estaban frente a sus ojos.
A pesar de todo, él no se arrepintió de haber actuado junto a Hazel, esa había sido la mejor decisión, no todos eran agradecidos con el regalo que se les daba, e incluso con el paso de los eones todos llegaban a ser desagradecidos con la vida, no podía culparlos por ello, y en su miedo a una posibilidad los miraban con recelo.
Hazel soltó su mano y dio un paso al frente, se aseguró de que todos le regresaran la mirada para captar su atención, el mismo Arthur estaba al tanto de lo que ella iba a decir, aunque no estaba del todo seguro le permitió hablar por ambos.
- ¡Escuchen todos, por favor! -llamó la chica, modulando con fuerza y determinación, en su voz se podía percibir su voluntad por ayudarlos con todo lo que pudieran-.
¡Nosotros no los vamos a abandonar, nosotros les ayudaremos a defenderse!