3 #2
“Cassandra, mi amor, jamás podría olvidarte ni a nuestro último baile, sé que si estuvieras viva para este punto ya serías mi esposa.
Cuando veo al espectro que me asecha entiendo que no se trata de ti, se trata de la culpa que siento por no haber podido salvarte, aunque logre perdonarme te juro que yo nunca dejaré de amarte”
confesó, acariciando el anillo en su dedo, pudiendo recordar con precisión como era besarla, recordando cada detalle cuando tuvieron su primera vez.
Algo de lo que él siempre fue consciente, pero que hasta ese momento permanecía apagado en su mente, era el hecho de que cada vez que tenía contacto con la sangre de un ser vivo la memoria genética de esa criatura se almacenaba dentro de él; tenía acceso a sus conocimientos, sus memorias y sus emociones, podía preservar una parte de dicho ser, una parte de Cassandra siempre estaba conectada a él… Aunque el espectro le dedicó una sonrisa gentil, como solía hacerlo cuando estaba viva, él no pudo recordar realmente ese hecho.
Ambos caminaban por el bosque, no tenían idea de dónde se hallaban, solo sabían que el clima era más frío y el país más grande que ningún otro, pero para Arthur todo resultaba igual: una larga caminata donde se topaban con varios animales, una extensa planicie donde los vientos acariciaban los campos grisáceos, y un mundo en distopía por las distancias que separaban a todas las personas.
No obstante, a Arthur nunca le había importado demasiado meterse en los problemas de los humanos, pensaba que ellos ya tenían suficiente lidiando con sus cotidianidades y con los ángeles que los relegaban a una especie inferior.
Se hallaban en una tierra sombría bastante peculiar, una que había sido la perdición de los Nazis hacía muchas décadas atrás por el frío extremo, lo suficiente para enloquecer y matar a los humanos, pero no lo suficiente para representar una amenaza para criaturas como ellos.
Encontraron refugio en una cabaña, estaba abandonada, cubierta por la nieve casi en su totalidad, el lugar perfecto para alguien que no quería ser encontrado, e inmediatamente fueron allí para encender una hoguera que, más que dar calor, les servía de iluminación.
Hazel se abrazaba a sí misma, Arthur notó eso, y sabía perfectamente ninguno podía padecer por el frío, pero sentía la necesidad de darle su calor por lo que se acercó para acurrucarse juntos.
Ella reaccionó con una tenue sonrisa para luego recostar la cabeza en su hombro, apreciando su compañía, logrando que se ruborizara al contacto por el instante que parecía prolongarse por mucho tiempo… Entonces él se deslizó para besar su mejilla fugazmente, brindándole una tierna sonrisa.
-Me agrada andar contigo.
-confesó la chica, reposando su cabeza contra el pecho de su amigo-.
¿Yo te agrado?
-Bueno, eso creo… Por eso estamos juntos.
-respondió a secas-
- ¿Por qué sigues sonando triste si hemos estado juntos por días? -Hazel se levantó para mirar a su único ojo-.
Arthur, yo te quiero mucho, pero ese dolor que sigues cargando te impide volver querer a alguien más, ni siquiera te quieres a ti mismo.
El comentario no le afectó, su rostro se mantenía inexpresivo, para él no había nada que pudiera decir que no hubiera pensado por sí mismo, pero su miedo a ser lastimado no le dejaba siquiera considerar la idea de volver a amar, porque para él todos los amores conducían al dolor y el arrepentimiento.
El muchacho pensó que lo mejor que podía hacer era quedarse callado, como si nada valiera la pena, porque pensaba que lo mejor era dejar de existir, dejar de considerar la posibilidad de ser feliz, quizás el resto de su vida mortal la pasaría vagando por la tierra sintiendo el peso de lo que otros habían hecho, sin poder pensar en sí mismo sin que el odio dominara su corazón.
- ¿Como sabrías lo que se siente cargar con algo? Solo llevas unos cuantos días de nacida, no sabes lo que es tener que esconder lo que sientes, no sabes lo que es temer a que la persona que quieres te odie solo por haber venido al mundo, aun cuando no quieres existir.
-corrigió el chico, notando que Hazel desvió la mirada como si estuviera avergonzada de sí misma-.
Todo lo que alguna vez quise fue ser amado, y en su lugar, de un modo u otro, todos terminan temiéndome por lo que soy capaz de hacer.
Tenía razón, no sabía cómo era vivir esas mismas experiencias, no podía comprender en su totalidad lo que era sufrir como él lo había hecho, pero eso no le importaba, porque aun así quería intentar ayudarlo, aunque fuera escuchando.
-Hasta los más fuertes y temidos se sienten solitarios, y yo no quiero que te sientas así, porque yo no te tengo miedo… Te amo de la misma forma en que una persona puede amar a otra porque no imagina su vida sin ella.
-agregó la chica, mirándolo directamente a su ojo, descubriendo que Arthur había quedado sin palabras tras escucharla, había tenido un efecto que ni la propia Hazel comprendía del todo-
“¿No podemos darnos una oportunidad más? ¿Por qué no podemos darle al amor esa única oportunidad más?”
de pronto se vio dentro del recuerdo de la primera canción que su amada le había enseñado y en sus letras que resonaban con su alma.
Él se quedó en silencio, nunca imaginó volver a escuchar sus propias palabras, eso había sido lo mismo que le dijo a Cassandra en su momento, y saber que Hazel sentía lo mismo, con toda la inocencia que aún poseía, le traía muchos sentimientos confusos, y entre esos sentimientos pudo comprender que con el paso de los días en que él había cuidado de ella como una niña Hazel se había enamorado de Arthur al punto de querer salvarlo de su autodesprecio.
No pudo evitar derramar lágrimas, y tal como siempre lo habían sido, la sangre recorrió su mejilla hasta caer por su mentón, pero se mantenía inexpresivo a pesar de todo, seguía sin ser capaz de demostrar en el exterior lo que tantas personas, y lo que el mismo collar eléctrico, le habían adoctrinado a callar en su interior.
Los sentimientos de las personas más sensibles eran enterrados, abandonados en lo más profundo, adoctrinados por su entorno para no expresar lo que sentían, y conforme crecían era más complicado expresarse.
Era imposible mostrar interés genuino si cuando lo hizo fue castigado con severidad… Arthur, con mucho pesar, pertenecía a ese grupo de personas que no podían hablar de sus sentimientos con nadie; las burlas, las ofensas, la indiferencia y el resentimiento eran los primeros que venían a su mente ante la posibilidad de hablar de la forma en que se sentía, y al final de todo, esa realidad terminaba por enterrar cualquier posibilidad de conectar con los seres vivos.
-No quería hacerte llorar, perdóname… -confesó Hazel cabizbaja como un cachorro-
-No, no te preocupes, no hiciste nada malo.
-le interrumpió el chico, sabiendo que era muy fácil que ella sintiera culpa por cualquier suceso, tal y como le sucedía a él en el pasado, siempre culpándose por todo, por si los demás se enojaban, pero entonces reconoció que él seguía siendo así.
Aún se culpaba por cosas que pasaron tiempo atrás, seguía preocupado porque Sullivan lo odiaba desde donde fuera que estuviera, o por la idea de que el espectro de Cassandra lo aborrecía-. Es solo que, la vida se ha hecho más complicada desde que crecí, tal vez te parezca irónico, pero hay momentos del laboratorio que extraño, luego entiendo que no son las cosas ni los lugares lo que extraño, sino la forma en que me hicieron sentir.
Esta vez fue Hazel la que se quedó sin palabras, Arthur siempre estaba calmado, no jugaba demasiado, eran contadas las ocasiones en las que mostraba esa pequeña sonrisa doliente, e incluso al llorar lo hacía sin muchas expresiones, pero entonces la chica entendió por primera vez que su aura no era de calma, sino de tristeza pura.
-Ruby siempre se refirió a nosotros como algo celestial, algo que provino más allá de las estrellas, e incluso nos llamó ángeles de dios… Pero, tal vez, solo fuimos su equivocación.
-confesó el chico, llevando una mano al fuego de la hoguera-.
Sé que no puedo morir con nada, ya lo he intentado, he intentado morir con algo de dignidad antes que seguir vagando así, sin rumbo, pero me gusta el dolor, me recuerda que aún puedo ser castigado… Y quizás eso es más de lo que merezco.
Hazel entendió que lo que Arthur sentía era muy profundo, ninguna palabra podía llenar el vacío que había quedado en su corazón, intentó otra vez tener una conexión con él para entender sus sentimientos… Pero era imposible, su mente era como la niebla cuando había tristeza, tan solo un camino cubierto por una bruma descolorida, los ecos del pasado resultaban tan distantes que apenas podía creer que existieran, y los nombres de las cosas más importantes permanecían sin ser pronunciados, para Arthur, todo lo que alguna vez fue estaba cubierto por esa niebla de muerte; él deseaba morir más que nada, seguía sin ver ningún propósito, no podía siquiera considerarla a ella como un faro porque no quería volver a amar.
Cuando pensaba en algo que decir él simplemente se dio la vuelta y se recostó, cuando apartó la mano del fuego las quemaduras sanaron rápidamente, no podía ser herido ni morir, el dolor había sido real, pero ni siquiera eso le importaba, todo se había convertido en algo pasajero mientras él perduraba en medio de todo, un niño condenado a vivir, sin saber cuánto tiempo había pasado ni hacia dónde se dirigía.
Hazel lo entendió, era mejor dejarlo así, al menos por el momento, pero no abandonaría su Fe en que Arthur podría encontrar un nuevo motivo para vivir, después de todo, ella creía con fervor que su vida tenía mucho valor.
-Sé que no puedo devolverte lo que perdiste, y que te duele volver a intentarlo siquiera, pero te prometo que no te voy a abandonar… Porque te quiero, Arthur, y nada me hará odiarte.
-confesó, a pesar de que no quiso insistir más, y simplemente se limitó a darle un beso en la mejilla antes de disponerse a dormir-